
Un trío de santiagueros es referente «en la producción de alimentos, con machetes, azadones y mucha voluntad, sin otro anhelo que aportar a la Patria», como dijo Rogelio Batista García, uno de los tres Héroes del Trabajo de la República de Cuba que engrandecen el sector cooperativo-campesino de la oriental provincia.
«SOY UN BATISTA REVOLUCIONARIO»
Rogelio Batista García, aunque octogenario, recuerda con lujo de detalles aquel memorable 17 de mayo de 1961, cuando sesionó el Primer Congreso de la Asociación de Agricultores Pequeños (anap), «que unía al campesinado cubano, ese que se hizo dueño de la tierra que trabajaba tras la promulgación de la Primera Ley de Reforma Agraria, en 1959».
Como tesoros muy valiosos conserva las más de 40 medallas recibidas, y esa estrella de oro que, en su pecho, dice que es Héroe «del trabajo en la tierra, primero en los cañaverales y todavía en los cultivos varios y la parte pecuaria, en la que soy de referencia nacional, con producciones de leche y la crianza de ganado vacuno y ovino-caprino», comentó el descendiente de isleños canarios, «pero cubano de pura cepa».
La satisfacción por lo realizado y el compromiso con el presente son palpables en este hombre que ama al movimiento cooperativo: «Fundé la cooperativa de producción agropecuaria (CPA) Sabino Pupo, y ahora estoy afiliado a la de créditos y servicios (CCS) Rafael Hernández».
Rogelio, cuyo primer nombre es Luis, también está orgulloso de la CCS que, en 427 hectáreas y con más de cien socios, aplica la ciencia y la técnica y tiene varios puntos de venta en el poblado de Dos Caminos y en la ciudad de Santiago de Cuba. Asimismo, mencionó, no se desecha nada y se aprovecha todo en una minindustria que procesa vinagres, encurtidos, pastas y pulpas.
«Yo soy un Batista revolucionario, es lo más sagrado e importante hasta el día en que me muera. Yo solo amo una vida, y es la de campesino», aseguró el hombre que convida a producir, a entregar alimentos a centros educativos y de la Salud Pública, apelando siempre a la máxima martiana: «posea tierra el que la trabaja y la mejore».
«NECESITAMOS CAMPESINOS COMO EL CAPITÁN SAN LUIS»
Jubilado, pero no retirado, todavía anda y desanda por las montañas de la Sierra Cristal, «donde Eliseo Reyes Rodríguez se unió a los rebeldes; él era un campesino como nosotros, creo que hemos seguido sus pasos», manifestó Orlando Serpa Díaz, otro héroe.
La Revolución triunfó cuando él tenía 14 años, «y ya cortaba caña junto a mi padre, pasando bastante trabajo. No me olvido de ese pasado que hoy algunos quieren endulzar; la vida en aquella Cuba era amarga para la mayoría», rememoró el campesino.
Durante varias décadas presidió la CPA Eliseo Reyes, de elevados rendimientos en la producción cañera y que hoy está en un proceso de recuperación, diversificando «todo lo que podamos; ya no presido la CPA pero estoy con el pie en el estribo, al igual que el General de Ejército, porque necesitamos campesinos como el Capitán San Luis, quien siendo casi un niño siguió al Che».
Serpa Díaz tiene una amplia trayectoria en la anap. Participó en varios de sus congresos, y fue merecedor, en 2008, del título honorífico «que está dedicado a mi país, a mi pueblo, ese que suma a todos los héroes, porque nacen de él y procrean otros con su ejemplo».
Para Orlando, la clave para salir de la compleja situación que afronta el país está en «producir y controlar; no podemos esperar a que las cosas nos caigan del cielo; los pies hay que tenerlos en la tierra, y hay que atender a los que tienen manos y pies en la tierra».
LA BÁRBARA DE LAS CAÑAS
«Estoy loca por que llegue noviembre para trabajar en mi zafra número 30. En la presente no he podido porque estoy cumpliendo la tarea de producir cultivos varios en la CPA Sabino Pupo».
Esa determinación –demostrada con palabras, gestos y hasta el hecho de apretar su machete– caracteriza a Bárbara Durades Miclín, Heroína del Trabajo e Hija Ilustre de San Luis, pueblo que la adoptó como tal, ya que es oriunda de los campos del vecino municipio de Songo-La Maya.
Una mujer rural y acreedora del título honorífico en 2020, se estrenó como trabajadora «en el control del corte, alza y tiro; me di cuenta que a los macheteros les pagaban mejor y decidí coger guantes, una mocha y a cortar caña de la mano de Rogelio Batista, ese Héroe que tanto admiramos los campesinos santiagueros».
Muy bien acogida por sus compañeros, pronto aprendió las mañas para «entrarle al plantón y evitar incidentes con el machete; para la mejor postura que menguara el agotamiento y, sobre todo, para dar el golpe preciso y no lastimar la cepa, así como a no dejar caña en el cogollo».
Transcurrido un año, ya Bárbara integraba un pelotón millonario, y ella misma era una machetera millonaria: «los reconocimientos y medallas vinieron uno tras otros; en la Federación de Mujeres Cubanas integré su Comité Nacional y recibí la Orden Mariana Grajales; sin embargo, mis cinco hijos, mis nietos, mi esposo y la utilidad de mi trabajo para con la sociedad son los mayores premios que tengo y que, por cierto, entrego a mi Patria».
Tanto en sus vecinos como en los cooperativistas permanece la imagen de esta mujer que, a tan solo dos meses de haber dado a luz a su hija, se fue a cortar caña, «esto es parte de mi vida; en aquellos momentos hacía un alto en el corte y amamantaba a mi niña».
Decisiva ha sido la contribución de estos tres héroes para que el municipio de San Luis se ratifique como Vanguardia Nacional de la ANAP por tercera ocasión de manera consecutiva; de igual modo los resultados de la CPA Sabino Pupo, también Vanguardia a este nivel, que entrega a algo más de 850 personas de los consejos populares de Dos Caminos y Paquito Rosales, así como a trabajadores y sus familias, a muy buen precio, los frutos de la tierra.
Son 850 hectáreas dedicadas a la caña; en otras 107 se obtienen viandas, hortalizas y frutas. «Nuestra CPA es rentable desde su fundación –alegó Marlene Reyes Aldana, su presidenta–. Los 198 campesinos, de los cuales 150 son cooperativistas, están muy contentos, porque en un mes el salario puede ascender hasta los 17 000 pesos».
Cuentan con una masa bufalina compuesta por 150 ejemplares, cuya leche «entregamos a la industria láctea y también a bodegas y centros educativos y de la Salud Pública. Aquí tenemos soberanía alimentaria. Nuestro comedor y puntos de venta se abastecen de las áreas cultivadas de la cooperativa».
Al recorrer las tierras y ver la intensa labor de los obreros, se pueden constatar las atenciones culturales a la caña, el aprovechamiento de los sistemas de riego –que cubren cuatro hectáreas– y todo el hacer de esta cooperativa modelo que, con orgullo, ha entregado a Cuba dos Héroes del Trabajo: Rogelio y Bárbara; quienes junto a Orlando, dignifican el sector en la indómita Santiago de Cuba.



















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