ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Lesbia Vent Dumois junto a su Virgen de la Caridad. Foto: Alberdi Benítez, Virginia

Si de algo está segura Lesbia Vent Dumois es de que el arte es parte de su vida, algo de lo que no puede desprenderse ni darle un calificativo único. El arte, cree, influye en todo, desde la preparación de la comida y la manera de vestirse, hasta la forma de escribir. El arte convive con ella, con nosotros, siempre.

Con Lesbia, premio nacional de Artes Plásticas 2019, no es difícil charlar. Transmite sinceridad, humildad y valentía. Pasea por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba como si de su casa se tratase, una casa que –como dice– por tantos años la ha acogido.

En sus estudios se destaca la pintura, el dibujo y la escultura, como también la litografía y la pedagogía. Para ella la edad no representa un mero sustantivo traducible como impedimento, porque Lesbia, sobre todas las cosas, ama crear.

«Me gusta dedicarle tiempo a la creación. Yo diría, como algunas personas, que me he convertido por muchos años en una pintora de sábado y domingo, sobre todo los domingos, que no se los regalo a nadie, pues ese día sí tengo que ir al taller».

Con Granma conversó la artista, a propósito del reciente reconocimiento que la distinguió como Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

–¿Cómo fueron sus inicios en el mundo del arte? ¿Hubo alguna influencia familiar?

–Siempre digo que llegué a las artes plásticas por mis padres, primero los veía haciendo una actividad de creación.

«Mi padre era un excelente ebanista, y siempre me interesó ver como tenía que dibujar. Pienso que en cierta medida eso me inspiró. Mi madre era una excelente modista; además de coser, diseñaba, tenía que hacer el molde, los bordados y dibujar.

«Sobre todo, a mis padres les interesaba mucho que yo estudiara artes plásticas, porque en esa época se acababa de crear una escuela en Santa Clara. Entonces, luego de ir a la secundaria básica por el día, en las noches asistía a esa academia.

«Ahí empezó mi interés por las artes plásticas. Y como después de que una empieza ya no para, seguí en el curso posterior, y me adentré en ese mundo de exposiciones, del arte que se promueve, del que se hacía en Cuba y del que no, hasta llegar a esta fecha».

–Su obra está profundamente conectada con la realidad social y política de Cuba. ¿cómo ha influido la Revolución en su visión artística y en los temas que aborda?

–La Revolución llega a mí fácilmente, porque trabajo con lo cotidiano, y no hay nada más cotidiano que la Revolución.

«No es que me proponga hacer una obra política, eso me viene naturalmente, como lo fue pertenecer a los Comités de Defensa de la Revolución, a la Federación de Mujeres Cubanas y al Partido Comunista de Cuba. Por lo tanto, se refleja en mi obra también.

«Otro tema en el que soy recurrente es en la figura femenina, porque la mujer está vinculada a todo en este país. Nosotras hemos sido trabajadoras dentro y fuera del hogar, traspasamos nuestra “habitualidad”. Lo mismo podemos ser bailarina de ballet que transportadora de una máquina en la agricultura. Por eso y mucho más, me sirve como tema para tratar en el arte».

Si de alguna anécdota se le pregunta, Lesbia rememora cómo fueron sus primeros años dirigiendo la sección de Artes Plásticas de la Uneac. Dice que el querer estar presente y colaborar contribuyó a que ocupara el cargo.

«Antes estaba presidida solamente por hombres, y yo venía todos los días, levantaba el acta en las reuniones, y poco a poco fui incorporándome en la intelectualidad cubana».

Sobre su reciente galardón, Heroína del Trabajo de la República de Cuba, confiesa que no se lo esperaba, «primero, por la edad que tengo; segundo, porque creo que en mí se reconoce a muchos de los compañeros que me acompañan.

«Una no trabaja sola, dependemos de instituciones, personas, propuestas, por eso pienso que es, de alguna manera, un premio colectivo.

«Me pareció lindo que fuera el Presidente de la República quien entregara el reconocimiento. Y he sido privilegiada porque, dos días antes, se me otorgó la medalla

Haydee Santamaría, que tiene gran valor, por los años que estuve cerca de ella trabajando».

–Este premio enaltece el trabajo de muchas personas a lo largo de la vida. ¿cómo fue el sentimiento al encontrarse con otras heroínas y héroes del trabajo?

–Me sorprendió verme rodeada de personas que considero que se lo merecían más que yo. Sobre todo, cuando llegué y me vi al lado de la directora del Coro Nacional de Cuba, Digna Guerra, fue una gran satisfacción, porque hemos sido compañeras de trabajo por muchos años.

«También cuando me di cuenta de que a Isabel Monal, una de las fundadoras del Teatro Nacional de Cuba y de todo el proceso revolucionario, la iba a tener de compañera, me sentí más que reconocida.

«Además, verme rodeada de obreros que han entregado su vida en diferentes profesiones, sin duda representa un orgullo para mí».

–¿Qué está haciendo Lesbia actualmente?

–Robándole un poquito de tiempo a todo. Desde hace dos meses no dirijo la sección de Artes Plásticas, pero no puedo desprenderme de ella.

«Aunque no trabaje muy seguido, continúo vinculada, pienso en las obras que he realizado y en los temas en que podré incursionar».

Rodearse de la juventud es una de las motivaciones para esta gran artista, «porque aportan cosas para enfrentar nuevamente».

–¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones de artistas cubanos?

–Que trabajen. Que trabajen mucho, porque al país le hace falta. La juventud no es el futuro, sino el presente, y en ese sentido tiene que tener la convicción de que lo que haga ayudará a Cuba, ahora y siempre.

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