Preocupación en torno al arroz hay, a granel, en todas partes: que si el precio en la calle sigue disparado en franca trepada, que si el normado o de la canasta familiar no da «ni para comenzar», que si el barco no llega y no me queda ni un grano…
Habría que ver si, en correspondencia con la necesidad real (y con la gravedad del asunto), aflora igual la ocupación para resolver o al menos aliviar ese asunto.
Francamente, no parece ser tan así. En más de un escenario he estado donde se sigue insistiendo para que propietarios de tierras –estatales y privados– se inclinen más por ese cultivo.
A pesar de contar con una de las empresas más productoras del cereal –la agroindustrial de granos Sur del Jíbaro–, Sancti Spíritus ha vuelto a fijar la mirada y las botas en una alternativa denominada arroz no especializado, que, si bien no será la varita mágica para que el grano desborde la mesa, sí resulta muy oportuna en la coyuntura actual, si se tiene en cuenta que no se sustenta en el cultivo intensivo: mucho más exigente en cuanto a recursos, maquinaria, insumos, fuerza de trabajo…
No se lanzan los espirituanos a probar suerte por vez primera. Años atrás, el también llamado «arroz popular» dio «trigo» y eso lo saben productores, comercializadores y consumidores.
Hace poco, el periódico Escambray publicó cifras interesantes. Una de ellas nos traslada al año 2016, cuando las estadísticas dieron cuenta de unas 15 000 hectáreas sembradas mediante esa alternativa.
Tomando como base aquel momento, se decidió dar un primer «corrientazo» para hacer meditar y motivar a quienes conocen ese cultivo. De inicio, mostraron disposición alrededor de mil productores, asentados en todos los municipios, según precisó Eduardo Jiménez Calzada, jefe del Departamento Agrícola en la Delegación Provincial de la Agricultura.
Es incuestionable el beneficio que ese proceso trae en el ámbito familiar, para el barrio o asentamiento donde tiene lugar la cosecha, o para quienes puedan comprar el cereal en ferias y mercados, tal como se prevé, al menos para la primera etapa.
Lo que nada aporta es la inercia, la indecisión, la tendencia a cruzar brazos sobre el pecho o detrás de la nuca, en espera del camioncito de Comercio Interior, con el saco que Cuba se ve obligada a adquirir en el exterior, haciendo verdaderos malabares.
Afortunadamente, informaciones de prensa han dado cuenta de nuevos aires también en la Empresa Agroindustrial de Granos Fernando Echenique, de Granma. Luego de un lustro, hoy está enfrascada en reaprovechar sus potencialidades y las ventajas que ofrece el vínculo con los nuevos actores económicos.
Según datos ofrecidos por Edisnel González Valdés, director de la mencionada empresa, unas 3 000 hectáreas han sido plantadas bajo la modalidad de arroz popular: expresión de que sí es posible motivar e incorporar a la gente.
Allí mismo la realidad se ha estado encargando de mostrar ventajas no siempre ni por todos tenidas en cuenta, como el uso del humus de lombriz y otros biofertilizantes que controlan plagas y repercuten en los rendimientos, o el beneficio que puede traer arrendarles maquinaria agrícola inactiva, en muchos casos «olvidada o desahuciada», a personas naturales y jurídicas que pueden rescatarlas y darles útil valor de uso.
Se puede y urge –en fin– hacer mucho. De lo contrario, el arroz, como otros cultivos, seguirá siendo lamentablemente poco, o como suelen decir algunos: nada.



















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eddy dijo:
1
29 de abril de 2024
09:11:44
Pastor Batista dijo:
2
29 de abril de 2024
16:29:56
nelson gonzalez dijo:
3
1 de mayo de 2024
11:10:22
Oriental dijo:
4
1 de mayo de 2024
13:24:33
Rey Respondió:
10 de noviembre de 2024
00:37:27
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