
A los 11 meses de nacido, la familia de Adrián Gómez Oliva vivió momentos muy duros. Problemas renales graves auguraban un pronóstico complicado para el pequeño, que apenas comenzaba a vivir.
Sin embargo, este muchacho, oriundo del sureño municipio de Jobabo, en la provincia de Las Tunas, tuvo un gran privilegio: nacer en Cuba.
«He sido atendido en varias instituciones de salud del municipio, la provincia y la nación, por mi afectación nefrológica. He recibido los servicios de la tecnología más moderna y sofisticada, se me realizaron más de 56 gammagrafías renales, además de un sinnúmero de estudios y pruebas de alto valor, porque la salud es gratis, pero, a veces, olvidamos lo mucho que cuesta.
«Mi historia no quedó ahí. Con muchos esfuerzos médicos, en plena covid-19, fue necesario trasladarme con urgencia al Hospital William Soler, mi hospital de cuna, junto al Instituto de Nefrología. Una vez allí, el 2 de febrero de 2022, hubo que aplicar la nefrectomía del riñón izquierdo».
Probablemente, la esperanza de vida de este joven habría sido muy limitada en cualquier otro país del mundo, mucho más por su procedencia humilde. Sin embargo, la salud cubana no solo lo salvó, sino que le ha permitido llevar una vida bastante normal, trazarse metas, cumplir sueños.
«Seis meses después de la cirugía, ingresé a la Universidad, en la modalidad de curso por encuentros. Ya vencí el segundo año de la carrera de Marxismo-Leninismo e Historia y, a la par, me desempeño como museólogo de programa en el Museo Municipal Rosendo Arteaga Guerra. Desde allí aprovecho al máximo cada oportunidad para divulgar y enseñar la historia, especialmente la local, porque creo que, si no conocemos nuestra historia, somos incapaces de defender el presente y el futuro de la Patria».
Con una tradición familiar de entrega a la Revolución, gracias en gran medida a la trayectoria intachable de sus abuelos, personas muy respetadas y queridas, Adrián entendió la importancia de militar en la vanguardia comunista, y así lo hace desde su doble militancia. No obstante, se identifica notablemente con el papel protagónico de la UJC.
«Mi propio amor por la historia me ha llevado a comprender lo mucho que puede vincularse nuestra organización juvenil al trabajo con instituciones como los museos. ¡Cuánto podemos potenciar todavía nuestros sitios históricos, las personalidades locales, la tradición patriótica de nuestro pedacito a la formación integral de las nuevas generaciones!».
Aunque se mantiene bajo seguimiento médico constante, su salud muestra indicadores positivos que le permiten continuar creando su felicidad. Ahora, como invitado al xii Congreso de la UJC, ha cumplido el sueño de volver en tren a la capital, pero no a turnos médicos, sino por razones diferentes y esperanzadoras.
Sin embargo, Adrián Gómez Oliva es de esos eternos agradecidos que tienen bien claras las razones por las cuales vale la pena defender esta obra, esta Revolución.
«¿En qué país del mundo un hijo de dos torcedores de tabaco puede tener acceso a las atenciones, los cuidados y a la educación que yo he recibido? Ya voy en camino al nivel superior, por eso es poco mi agradecimiento.
«Con esas convicciones, y con el acompañamiento de todas las personas que han seguido mi camino, llego hasta este congreso».













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