ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Internet

Todos percibimos un cambio en los fenómenos atmosféricos, con alteraciones en los ciclos naturales de lluvias y sequía, que afectan al ser humano en su hábitat por el despojo de sus medios de vida, pero también a la agricultura, gestora de la fuente de alimentación para continuar la cadena de desarrollo de las especies.

Un reciente estudio publicado en Nature Communications pronostica que, para el año 2100, al menos el 38% de la superficie terrestre se verá afectada por un cambio en la distribución de las precipitaciones. Incidirán en ello el calentamiento global, con impacto en los gases de efecto invernadero, y en los grandes ciclos naturales periódicos de fenómenos como El Niño y La Niña.

Como esto no ocurre de golpe y por raso, en estos tiempos nos alarma la ocurrencia de lluvias torrenciales en algunos países que provocan el desbordamiento de ríos y arroyos, con daños materiales significativos para las viviendas, las infraestructuras citadinas  y en los vehículos.

Esa acumulación de agua repentina puede actuar como criaderos de vectores y canales de transmisión de virus y bacterias, lo cual reactiva enfermedades como el dengue, resfriados, influenza, neumonías, diarreas, leptospirosis, hepatitis, tuberculosis e incluso cólera. Además, el hacinamiento frecuente en los lugares para damnificados puede contribuir a la propagación de epidemias.

Las lluvias torrenciales pueden provocar la caída de árboles, destrozar muros, inutilizar electrodomésticos y dejar áreas totalmente intransitables, también deslizamientos de tierra, especialmente en zonas montañosas o con terrenos inestables

Datos publicados por la Organización Meteorológica Mundial describen un escenario desolador con altas temperaturas para los próximos cinco años.  Los científicos pronostican que existe un 66% de probabilidades de que, entre el año 2023 y el 2027, la temperatura media mundial anual cerca de la superficie supere en más de 1,5 °C con respecto al promedio mantenido desde hace un siglo.

Según los datos proporcionados por la ONU, la media en las precipitaciones previstas para el período de mayo a septiembre entre 2023 y 2027 sufrirá un incremento considerable en comparación con la transcurrida entre 1991 al 2020.

«La primavera y el otoño pasarán a ser meramente simbólicos», citó el sitio Meteored Tiempo, y Cuba tampoco está exenta de este panorama, por tanto seamos precavidos antes de tener que lamentarnos, un consejo para estar «Preparados y Alertas».

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