Año 1988, Angola, Cuito Cuanavale. Sudáfrica se ha partido varias veces los dientes contra la defensa cubano-angolana (13 y 14 de enero, 14 y 25 de febrero…), pero insiste en ocupar ese lugar.
De nada sirven los 700 proyectiles de g-5 que, entre otros mortales explosivos, lanzan después de haber marcado con proyectiles fumígenos la dirección principal del ataque.
Ignoran que sobre ellos caerán unos 500 proyectiles de cañones de 130 mm, más de 600 de obús de 122 mm, y casi 700 cohetes lanzados por las aterradoras bm-21, encabezadas por Cachita, Victoria, Libertad y Patria o Muerte, como las han bautizado nuestros combatientes.
Tanquistas abren fuego, también armas antitanques, ametralladoras, fusiles… para cerrar con los estremecedores mig, en contra de lo que el mando racista supone, por las adversas condiciones climáticas.
Huir es lo que cada agresor intenta. No importa que en la estampida las esteras muelan cuerpos humanos de sus propios aliados.
Qué distinto en nuestras tropas, en las que el soldado Rafael Durañona le transfunde su sangre a un combatiente herido, lo carga y lo salva; el teniente coronel Ciro Gómez arriesga su vida para proteger a esos tanquistas que lo adoran, como también sucede con los artilleros de David Hernández y con infinidad de combatientes bajo el mando de hombres como Álvaro López Miera, Miguel Lorente, Gustavo Fleitas, Ermio Hernández, Venancio Ávila y muchos más.
Cuito Cuanavale fue «el Waterloo de Sudáfrica», como diría el líder africano Oliver Tambo, el hecho que marcó «el viraje en la lucha para librar al continente del azote del apartheid», según Nelson Mandela.
Nadie se deje confundir acerca de aquella victoria. El ulterior avance de nuestras tropas por el flanco sudoccidental, la autonomía de vuelo que permitió la construcción del aeropuerto en Cahama, y golpes como el de la aviación en Calueque obligaron a Pretoria a salir de suelo angolano, mordiendo el polvo de su derrota, con Estados Unidos rechinando dientes sin remedio alguno.
Angola pudo contar, por fin, con bases para su ansiada paz, se implementó la Resolución 435 de la onu (para la independencia de Namibia) y feneció el apartheid.
Finalmente, un «pequeño» detalle: a 14 000 kilómetros de Cuito Cuanavale, minuto a minuto, un hombre de verde olivo uniforme, con grados de Comandante en Jefe, seguía cada detalle, orientaba, decidía, se preocupaba por la vida de cada combatiente. No creo que la historia recoja otro caso, ni siquiera parecido.


















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Alberto Aliagt dijo:
1
23 de marzo de 2024
10:59:56
Jesús Porfirio Gonzalez Carmona Respondió:
24 de marzo de 2024
09:30:54
Raúl Mora isaguirre dijo:
2
23 de marzo de 2024
18:23:02
Pastor Batista dijo:
3
23 de marzo de 2024
19:08:11
Silvio dijo:
4
23 de marzo de 2024
20:32:50
Roberto legra sotolongo dijo:
5
23 de marzo de 2024
21:02:19
Arturo Respondió:
24 de marzo de 2024
15:08:08
Arturo dijo:
6
23 de marzo de 2024
21:23:42
Juan Ramón Medina Ortega dijo:
7
23 de marzo de 2024
21:55:13
Rafael Medina Ortega dijo:
8
24 de marzo de 2024
05:30:20
Caridad torres dias dijo:
9
24 de marzo de 2024
07:59:54
Fidel Caridad Hernández Berbes dijo:
10
26 de marzo de 2024
08:08:06
Diosmel Guerra Hernández dijo:
11
9 de junio de 2024
11:15:19
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