Esta podría ser una historia inusual, sobre una persona escurridiza, amante de las máquinas y soldaduras; de esas sin precedentes, en las que se pondera a las mujeres por ocupar puestos laborales usualmente «de hombres». Pero hacerlo sería recaer en estereotipos, la mujer y el hombre pueden irrumpir en cualquier espacio público, y la protagonista de estas líneas lo demuestra.
Ella camina por todo el espacio revisando minuciosamente, conversa con sus compañeros de trabajo, verifica si la pieza está bien soldada, indica las tareas y continúa su andar. Tania Hernández Muñiz nunca se detiene.
Su historia es cercana, sencilla. A sus 37 años de experiencia, Tania rememora sus inicios como quien habla del primer amor. Pasó de traducir libros de mecánica rusa, a dar el parte técnico sobre el estado de fabricación de las herramientas, para luego ser jefa de taller en la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (emce).
«Jamás imaginé que sería jefa de un taller en la emce. Estudié Lengua y Literatura Rusa, y pensé que lo iba a ejercer toda mi vida».
En los años 90, cuando la empresa encargada de reconstruir y modernizar los equipos de las centrales eléctricas del país careció de asesoramiento ruso, a Tania la reubicaron en un área ajena a sus manuscritos. Dice haber aprendido sobre el funcionamiento del taller en la marcha.
«Para mí es un reto y un logro estar aquí. Cuando me propusieron la dirección del taller, en 2017, no vacilé en aceptar. Como es una empresa que tiene un gran rigor, siempre pregunto a los demás lo que hacen, porque me interesa saber lo que voy a fabricar. En mí recaen las decisiones de los trabajos, y el orden de ellos».
Apenas sobrepasa los 1,60 metros de estatura. Luce segura con su overol naranja, las botas y el casco. A simple vista, parece ser de esas personas volcadas en los hornos, cabezales y economizadores; ausente del exterior de su taller. Sin embargo, todo aquel que la conoce sabe que es como una abeja polinizando los lugares por los cuales transita. Lo mismo ayuda en el área de Economía, que en Recursos Humanos o Mantenimiento.
«Me gusta ponerle pasión a las cosas que hago. Soy consciente de la importante misión que tenemos, tan importante como la de un médico. Lo que estamos haciendo aquí puede revertir la situación energética del país, y me siento orgullosa de ser parte de ese granito de arena que contribuye a echar humo en una caldera».
Tania se describe a sí misma como una persona apasionada, optimista y soñadora. Afirma que lo más difícil ha sido ser jefa, «todo el mundo tiene características diferentes, y que las personas te entiendan y capten el mensaje es complicado. Incluso, hay quienes hacen resistencia a que una mujer los mande».
Ante la pregunta de si concibe como un desafío trabajar en un centro mayoritariamente masculino, Tania lo piensa y responde que «ser mujer no es un obstáculo para trabajar en un taller. Podemos hacer todo lo que nos propongamos.
«A las personas que me preguntan sobre el por qué yo estoy haciendo esto, solo les respondo que me siento a gusto. Todavía quedan rasgos machistas en la sociedad, y creo que no va a cambiar dentro de muchos años. Sin embargo, tengo fe en el mejoramiento humano».
Para ella, este es un trabajo activo; uno en el que disfruta del sonido de las máquinas y las chispas que funden el metal. Siente que ha sido un reto reinventarse en un oficio distinto a lo que estudió, mas normaliza su labor. Es un trabajo sin limitaciones por género, pero con barreras que traspasar.
«Desde que empecé aquí no he tenido interés en irme para otro lugar. Estoy en mi medio, donde aprendo cada día cosas nuevas».
–¿Cómo es la Tania fuera del entorno laboral?
–Soy una cubana como otra cualquiera. Me gusta pasear, sentarme en el Malecón, ir a donde pueda. También estar en mi casa con mi familia, y compartir con mis hijas.
–¿Cuáles son sus aspiraciones?
–He estado 37 años en este centro, y a pesar de todos los problemas que existen, si tuviera que volver a elegir trabajar aquí, lo haría.



















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ariel hernandez dijo:
1
28 de febrero de 2024
14:01:42
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