¿Será que están de ronda, haciendo guardia en el CDR? Pudiera suceder, pero… ¿Y si hay alguien enfermo y se han puesto de acuerdo para ir juntas a avisar?
Las interrogantes pueden ser múltiples, porque en verdad resulta curioso ver a cinco mujeres, incluso una de ellas con una niña en brazos, al filo de la media noche, en medio de una fría temperatura buena para cualquier cosa menos andar zancajeando calle abajo.
Hasta el funcionario que, con apariencia de centinela, se frota las manos en la sede provincial de la Unión de Jóvenes Comunistas observa con una mezcla de curiosidad y sospecha al verlas llegar.
Una sonrisita, prematuramente burlona, aparece sin embargo en su semblante al conocer el motivo de aquella «incursión». Y todo queda «concluso para sentencia».
Poco después, tras haber seguido idéntico itinerario, desde el edificio 3, en el Reparto de Los Olivos 1, la joven Marianelis Portel Martín escala, equipaje en mano, los peldaños de acceso al lugar, penetra por la puerta principal y…
«Pero, ¿qué es esto? ¡Qué va, ustedes no pueden estar bien de la cabeza, qué hacen aquí!
Por respuesta: solo abrazos, risas, felicitaciones. Dos de «las sospechosas» sostienen una bandera, acaso la misma que sacan durante días de celebración histórica o en desfiles del Primero de Mayo, mientras una tercera, con habilidad de operadora de audio, acciona el celular para que hasta la mismísima noche se acomode a escuchar Cuando florecen razones y Cuba es cierta: dos patrióticas melodías de la brigada artística con que cuenta en el Ministerio del Interior.
«Es que nuestra pequeña Marianelis parte, junto con cuatro espirituanos más, hacia la capital cubana y de ahí para la Federación Rusa, a representarnos a todos en el Festival Mundial de la Juventud que allí se va a realizar, y quisimos hacerle esta despedida aquí, un poco diferente, a modo de sorpresa o de emboscada y no en el edificio, como suele ocurrir».
Recuperada del impacto, la muchacha confiesa para los lectores de Granma que muestras similares de reconocimiento y de alegría recibió desde que fue electa como delegada directa, entre cuatro candidatos, con participación de todos los trabajadores, allá en la Empresa Agroindustrial Azucarera Melanio Hernández, donde labora desde hace dos años como especialista en gestión de calidad.
Conociendo como conozco a mi gente (la de mi pueblo, la de mi tiempo, la de este momento) tengo la certeza de que ninguno de los muchachos que a esa misma hora viajan a bordo de ómnibus o quizás por vía férrea los más lejanos, provincia por provincia rumbo a La Habana, pasó inadvertido antes de partir, en su centro de trabajo o de estudio, en su barrio, en su entorno familiar.
Acerca del «mensaje de necesaria e impostergable paz mundial» que ella y todos los integrantes de la delegación cubana transmitirán en Sochi cuando marzo abra párpados y brazos al planeta entero, Marianelis tiene total claridad personal.
Lo que ni a ella ni a mí nos queda muy claro es cómo se las va a ingeniar para llevar consigo, en la aeronave, a Dora, Bertha, Inés María, Lubia (madre suya), Meibis y hasta a la pequeña Iris (de apenas dos añitos) quienes insisten en que, con pasaporte y credencial o no, la van a acompañar todo el tiempo y a intervenir en cuanto podio sea posible allá en Rusia, aunque tengan que preguntar cómo se escribe o se pronuncia correctamente la palabra «tabarich».













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