Expresado en buen cubano, las agujas del «cuentaemociones» trinitario han remontado en las últimas horas los 510 kilómetros por júbilo, en el contexto de la celebración institucional y popular por el arribo de Trinidad a esa misma cantidad de años, desde que fue fundada en enero de 1514.
Tal repercusión se veía venir desde hace meses, semanas, días… y no solo han podido vivirla en directo habitantes de la colonial villa, visitantes extranjeros o las principales autoridades políticas y gubernamentales del municipio y de la provincia, sino también un grupo de personalidades encabezadas por el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz.
Lo afirmado antes podría parecer formal referencia a una gala cultural, de verdadero lujo, que desgranó autenticidad de talento el sábado en la noche, o a la sesión solemne que a cielo abierto ofreció, para todos, este domingo, la Asamblea Municipal del Poder Popular.
La esencia, sin embargo, de lo intercambiado, escuchado y visto por el propio Marrero Cruz, en compañía de Deivy Pérez Martín, primera secretaria del Partido en Sancti Spíritus, y de Alexis Lorente Jiménez, gobernador, va mucho más allá de un recorrido en programa o de la cinta que se corta para inaugurar o reabrir determinada obra.
Progresivas acciones en el año, en más de 300 instalaciones o entidades de uso y beneficio sociales, hacia el vientre del perímetro urbano, pero también campo adentro o montaña arriba, confirmaban poco a poco el modo en que una efeméride así puede dejar provechoso saldo para todos y cómo, con casi nada o con muy poco (hablo de recursos), es posible seguir haciendo mucho, si se destinan y emplean bien cada centavo de dinero, segundo de tiempo y «gramo» de inteligencia.
Por ello, son los mismos y a la vez «otros», emblemáticos sitios como la Casa Frías, sede de la Oficina del Conservador de la Ciudad; el Centro Recreativo Infantil La Casita de mis Sueños, y la Casa de la Cerveza (visitados todos por el Primer Ministro), mientras renovados aires refrescan la mejilla de la bodega El Roble, el consultorio médico número 9, la farmacia que a ritmo de 24 horas ofrece servicios para el hospital Tomás Carrera Galiano, el Patio de Bécquer, el Centro de Snoker, el Mini acuario de Peces Ornamentales, la Plaza de los Dos Cañones y el Museo del Azúcar, en el sitio San Isidro de los Destiladeros, Valle de los Ingenios, por solo citar algunos.
No hay que ser un pesimista, inconforme o hipercrítico para saber o afirmar que, por su historia, valores, transcendencia patrimonial y arraigadísimo sentido de pertenencia, Trinidad merece mucho más en términos de reanimación, mantenimiento, conservación…
Aun así, hasta los más escépticos admitirán que este aniversario 510 no ha pasado inadvertido para una villa que, desde hace mucho tiempo, acaso desde que en ella fue colocada la primera piedra de río o la primera teja colonial, dejó de ser exclusiva de sus habitantes, para convertirse en patrimonio del municipio, de la provincia, de Cuba y del mundo, tal como fue declarada por la Unesco.
Constancia de todo ello, y más, podrán tener huéspedes y trabajadores del nuevo hotel Meliá Trinidad Península, categoría cinco estrellas, 401 habitaciones, inaugurado por el Primer Ministro cubano en la tarde de este domingo, también en el contexto de los festejos por los cinco siglos y diez años de Trinidad.
No por casualidad, durante la mañana, luego de agradecer que la villa le concediera una hermosa Réplica de la Torre Iznaga, Manuel Marrero Cruz les pidió a las autoridades y al pueblo que sigan conservando el legado cultural e histórico de Trinidad, y resaltó valores asentados y atesorados desde la riqueza natural con que cuenta la sureña península hasta montañas que, de conjunto con el patrimonio urbano, ofrecen uno de los entornos más aclamados por quienes arriban a Cuba.


















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