Tuinucú, Sancti Spíritus.–Tras haber realizado satisfactoriamente el ejercicio de zafra y la prueba correspondiente, la Empresa Agroindustrial Azucarera Melanio Hernández acaba de sumarse a la relación de centrales cubanos inmersos ya en la llamada zafra chica.
De alto valor para el país y también para el territorio, pues vuelve a ser la única industria espirituana que molerá en la presente contienda, la arrancada ha estado precedida por una verdadera carrera contra el reloj durante labores de reparación caracterizadas no solo por un alto volumen de trabajo, sino también por dificultades materiales propias de la coyuntura actual.
Aun así, Antonio Viamontes Perdomo, director de la empresa, afirmó que, sobre la base de un cuidadoso empleo de los recursos e insumos disponibles, así como de la planificación en torno al factor tiempo, fue posible hacer cosas superiores a años precedentes, cuando había mejores condiciones.
En ello, añade Viamontes, tuvo mucho que ver el favorable estado anímico que prevalece en el colectivo del central, pero también la contribución del coloso Uruguay, de Jatibonico, cuyos talleres y personal se pusieron completamente a disposición de los preparativos con vistas a la zafra en el Melanio Hernández.
El reto está en lograr que la fábrica muela con la estabilidad y eficiencia del pasado año (rendimiento por encima de 10), cuando se ubicó entre los siete centrales cubanos que cumplieron su plan de producción de azúcar. Lo mismo había ocurrido un calendario atrás, cuando solo tres ingenios coronaron esa meta.
Será necesario sacarle el máximo provecho a una caña que tampoco esta vez cumplirá las expectativas o necesidades en términos de volumen, problema que ha venido presentándose en los últimos tiempos.
El panorama no ha sido el más propicio si se tiene en cuenta que por dificultades, básicamente de combustible, la siembra solo cubrió el 40 % del área prevista, hay afectación por enyerbamiento (no se ha dispuesto del herbicida necesario) y los lubricantes no permiten hoy el completamiento de equipos que demandan el despegue y consolidación del corte, el tiro y la molida.
Pueden faltar recursos, pero en el Melanio hay suficiente voluntad, hay una tradición azucarera, un hábito de hacer bien las cosas y una gratitud tremenda por la atención a hombres y mujeres en zafra, así como por la justa distribución de utilidades, con repercusión directa en el bolsillo de los trabajadores y en la olla familiar.



















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