
El 23 de diciembre de 1823, en la Real Sala del Crimen en La Habana, las autoridades españolas condenaron al destierro en la metrópoli a los dirigentes de la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, mientras muchos de los 602 encausados en La Habana y Matanzas eran sancionados a diversas penas de prisión. Además, seis hombres negros fueron ahorcados en San Antonio de los Baños, donde más de cien personas resultaron procesadas.
Las condiciones favorables para el desarrollo de este complot surgieron durante el trienio liberal (1820-1823) en España, cuando criollos de diferentes estratos sociales, blancos, mulatos y negros libres pudieron vertebrar las primeras organizaciones secretas y logias masónicas dirigidas a difundir nuevas ideas y subvertir el orden colonial.
Los participantes de los Soles y Rayos preparaban, para mediados de agosto de 1823, una sublevación de las milicias criollas en distintas localidades cubanas, para declarar la independencia, sin depender de una expedición militar del exterior.
La influencia bolivariana provenía de la admiración por el singular papel del Libertador en los irreversibles avances del proceso emancipador continental, por lo que pusieron su apellido a una de las logias que diera nombre al extendido movimiento revolucionario.
El líder era un rico comerciante cubano, José Francisco Lemus, quien había sobresalido en los acontecimientos que estremecieron La Habana en diciembre de 1822, cuando al frente de las milicias criollas, concentradas en la Plaza del Vapor y extramuros, se enfrentó a los voluntarios españoles y a las tropas regulares peninsulares, insubordinados al capitán general Sebastián Kindelán, evitando su deposición.
Según su propio relato, esas fuerzas españolas portaban «cucharas de palo al pecho como en símbolo o señal de beber con ellas la sangre de los criollos». En ese crispado ambiente se escucharon por primera vez los gritos de ¡Mueran los godos! y ¡Viva la Independencia!
Estos hechos, unidos al inminente retorno del absolutismo en España y al avance del movimiento de liberación continental, contribuyeron a acelerar el proceso de formación de la conciencia nacional en una buena parte de la población cubana, delimitando, como nunca antes, los campos entre los naturales del país y los peninsulares.
También la demostración de fuerza de los criollos en la crisis de diciembre de 1822 mostró que el camino de la lucha armada era el único posible para la independencia de Cuba, a la que se entregaron los integrantes del movimiento de los Soles y Rayos de Bolívar.
El programa de la revolución, recogido en tres proclamas redactadas por Lemus, como «jefe de las primeras tropas republicanas de su patria», e impresas en La Habana, contienen una formal declaración de independencia, la creación de una república democrática, con el nombre indígena de Cubanacán, que elimine «los ridículos rangos y jerarquías», apoyada en la población criolla de diferentes estratos sociales, muchos de ellos mulatos, negros libres e incluso esclavos.
Hay que subrayar que en uno de esos manifiestos se valoraba la abolición de la esclavitud, lo que explica que el fiscal anotara que «mucha gente de color ha sido iniciada», incluyendo «todos los caleseros» de La Habana.
Detectada la conspiración, en la operación represiva fueron ocupados más de un centenar de armas, pólvora, portaestandartes, escarapelas y cintas de colores, junto a tres banderas de la República de Cubanacán.
Muchos de los «soles» que lograron escapar de la Isla buscaron refugio en Estados Unidos, donde pronto comprendieron que el Gobierno norteamericano se oponía a la independencia de Cuba, pues en 1823 se acababa de adoptar la política denominada de la «fruta madura», esto es, la defensa del estatus quo colonial de la Mayor de las Antillas, hasta que las condiciones permitieran su incorporación a esa nación.
Desilusionados, los patriotas buscaron el apoyo de Colombia y México, lo que ocurrió después, y no antes de fracasar la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar.
A 200 años de este movimiento independentista precursor, que tuvo como figuras emblemáticas al habanero José Francisco Lemus, al camagüeyano Francisco de Agüero y al poeta santiaguero José María Heredia, su legado revolucionario y patriótico debe ser rescatado y ubicado en el sitio que le corresponde en nuestra historia, como la conspiración más arraigada del primer cuarto de siglo cubano.












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Roberto Martinez dijo:
1
5 de diciembre de 2023
02:03:09
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