Llegaron los artistas haciendo algarabía. Estaban contentos porque, al parecer, «aquí sí» podían realizar su concierto, y no es cualquiera, sino uno interpretado por payasos: un clowncierto.
En este espectáculo de música y pantomima cada payaso tocó, como músicos profesionales, varios instrumentos y ritmos, desde una conga con guitarra eléctrica hasta hip hop con trompetas. Realizaron competencias de samba, entre otros bailes; rapearon mediante lenguaje extraverbal; celebraron una boda como pretexto para interpretar la marcha nupcial; y convirtieron jabas de naylon en maracas, mientras el público, después de la sorpresa por descubrir otro de sus usos, sacaron las suyas y se sumaron al chaca-chaca que se obtuvo de sonido.
Además, se produjo un enfrentamiento entre la música y el baile flamenco contra los populares de origen africano, y ganó la cultura cubana, los ocurrentes interpretes representaron el nacimiento simbólico del tres, resultado de la unión entre la guitarra y el tambor.
Como parte de la obra, se desarrollaron subconflictos dentro de cada escena relacionados, en su mayoría, con el respeto a la diversidad.
Todo eran risas por parte de los niños y adultos que conformaban el auditorio, nadie estaba preparado para lo que vendría después.
El líder de la orquesta respondió, finalmente, una llamada telefónica que en varios momentos interrumpió el concierto. Le contó al interlocutor lo felices que estaban ellos y el público, pero su rostro se volvió triste cuando, al parecer, la voz al otro lado del teléfono dijo que «aquí no» era el lugar para desarrollar su arte.
En un momento muy dramático, los payasos entonaron Leve resplandor, del trovador cubano Freddy Laffita: «Y a pesar de la ironía / De haber deseado y vivido / Al final estoy perdido / Cumpliendo la profecía», expresa parte de la letra. La canción fue acompañada por el bombo (instrumento musical de percusión) cuyo sonido representaba los latidos del corazón de los payasos, que fueron disminuyendo hasta quedar en silencio.
La escena recordó el cuento de Mario Benedetti, Esa boca, en el que un niño lloraba porque los payasos no le hacían reír: «y Carlos lo vio junto a él, tan cerca que pudo distinguir la boca cansada del hombre bajo la risa pintada y fija del payaso», refiere el texto.
¿Qué se debe hacer cuando los payasos estremecen el alma, pero no de la forma divertida en la que siempre lo hacen? El público de pie aplaudió la grandeza de estos histriones. Ellos decidieron sobreponerse al obstáculo y continuar el concierto.
La obra Clowncierto mereció el Gran Premio y también el lauro en la categoría a mejor Espectáculo Teatral en el Festival Aquelarre 2023. En octubre se presentó en la sede de la Comunidad Creativa Nave Oficio de Isla y regresará a la capital durante la 20 edición del Festival de Teatro de La Habana, que se desarrollará del 11 al 19 de noviembre.
En el mes de enero Teatro Tuyo cumplirá 25 años de trabajo sostenido creando repertorio de obras, investigando y difundiendo el arte del clown (payaso) en Cuba. Entre su amplio accionar, han publicado libros, realizan talleres para niños y también en la formación de actores, fomentan los encuentros académicos y participan en festivales nacionales y extranjeros para retroalimentarse de las técnicas más actuales en esta especialidad de las artes escénicas.
De conjunto con el Centro Nacional de Escuelas de Arte y la Escuela Nacional de Teatro, son los principales impulsores de la creación en el 2019 de la Primera Escuela Nacional de Clown, que radica en Las Tunas, con el propósito de contribuir a que más compañías en el país se dediquen también a este género y se produzca un auge del arte del payaso.
Teatro Tuyo reafirma a cada paso que debajo de las narices rojas, las cuales en ocasiones pueden animar una fiesta de cumpleaños y otros espacios, hay actores con una formación intelectual, corporal y técnica, quienes tiene como misión, al igual que todas las artes, conmover y hacer reflexionar sobre la realidad.

















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