
René Ramos Latour nació en Antilla, antigua provincia de Oriente, el 12 de mayo de 1932. A finales del año 1941, el padre, ya estabilizado en Nicaro, decide el traslado de la familia a Santiago de Cuba. La enseñanza primaria la continúa René en la escuelita privada de la maestra Rosalía Chauvín.
En enero de 1946, René matriculó en la Academia Municipal de Bellas Artes José María Heredia, en Santiago de Cuba. Recibió clases de solfeo, canto, piano, cultivó la magnífica voz de tenor que poseía y mostró su vocación artística.
Por esa etapa participó en un concurso de aficionados en Santiago de Cuba, e interpretó una pieza de Ernesto Lecuona, con el acompañamiento al piano de Luis Carbonell. Su actuación resultó muy aplaudida por el público.
René, en sus momentos libres, practicaba el beisbol, la natación, la pesca, y los fines de semana gustaba de salir con sus compañeros, alquilar botes de remos en el Zanjón de la Trocha o en el Puente de las Minas. Llegaban a las márgenes del río Parada, al otro lado de la bahía santiaguera, a jugar pelota en los terrenos salinosos y, al concluir, se bañaban en el río.
Se graduó de contador, pero no concluyó los estudios universitarios debido a su entrega a la Revolución.
Trabajó en Nicaro y se unió a la lucha revolucionaria bajo la dirección de Rafael Orejón Forment, en el norte de Oriente, hasta la muerte de este en diciembre de 1956.
Formó parte del primer refuerzo enviado por Frank País hacia la Sierra Maestra, en marzo de 1957. Con posterioridad recibió la misión de bajar al llano. Al producirse el asesinato de Frank, el 30 de julio de 1957, Daniel lo sustituyó en la responsabilidad de Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, en la que desplegó un intenso trabajo a lo largo del país, en la organización de las milicias, el envío de armas, dinero y abastecimientos hacia la Sierra Maestra, la quema de cañaverales para obstaculizar la zafra y otras tareas.
Sus cualidades quedaron plasmadas en carta que dirigiera Frank a Fidel, en la cual lo calificó como hombre de fuerte carácter, leal y martiano.
Como parte de las acciones de apoyo a la Huelga de Abril, organizó y dirigió el ataque al cuartel de Boniato, al frente de la Columna 9 Pepito Tey, que operó en el macizo montañoso que circunvala la ciudad de Santiago de Cuba, y sirvió de enlace entre el Segundo y Tercer frentes. Con posterioridad, ese destacamento se incorporó al Segundo Frente Oriental Frank País.
Después de la reunión de Altos de Mompié, el 3 de mayo de 1958, en la que fueron analizadas las causas del fracaso de la Huelga General Revolucionaria del 9 de abril, se adoptaron decisiones de trascendencia que repercutirían en el curso posterior de la guerra. Daniel formó parte del nuevo Ejecutivo del Movimiento 26 de Julio.
Llegó definitivamente a La Plata en la segunda mitad de junio de 1958, procedente de Santiago de Cuba, acompañado de un grupo de combatientes probados en la clandestinidad, y resueltos a luchar en las nuevas condiciones, y cumplió distintas misiones bajo el mando directo del Comandante en Jefe.
En la madrugada del día 25 de julio, Daniel recibió un mensaje del Líder de la Revolución, en cuyo contenido le indicaba sumarse a Paz:
«Trasládate bien temprano con toda tu fuerza a reforzar la posición de Paz. Parece que los guardias van a subir mañana y esta puede ser la gran oportunidad, ya que tenemos fuerzas dispuestas para atacar desde distintas direcciones. Otro golpe grande en estos momentos, sería mortal para Batista...».
Al frente de su grupo se destacó en los combates de Casa de Piedras y Providencia. Con 43 hombres, reforzó las tropas de Paz en ambas acciones.
A la caída de Paz, por orden de Fidel, asumió el mando de los rebeldes a él subordinados.
En El Jobal, bajo el fuego de la artillería y de los fusiles, Daniel resultó gravemente herido, y lo retiraron del escenario de combate. Aún consciente, daba órdenes y, en ese estado, se preocupaba más por los guerrilleros que habían quedado dispersos que por el destino de su vida. La muerte asomaba en su rostro y, varios minutos después, en su auxilio llegaron, como médicos, Ernesto Che Guevara y Sergio del Valle.
Todo esfuerzo por devolverlo a la vida fue inútil. Murió el 30 de julio de 1958, justamente un año después del asesinato de quien fuera su jefe: Frank País.
Daniel cayó cuando avanzaba al frente de sus hombres. Resultó una sensible pérdida para el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde.
Los compañeros lo vistieron con el uniforme verde olivo, le rindieron guardia de honor y juraron ante su cadáver continuar la lucha con firmeza y bajo su ejemplo. Al momento de su muerte, dejó una pequeña hija.
En El Hormiguero, muy cerca de El Jobal, fue enterrado en una colina con gran vegetación. Una cruz marcó el lugar donde, después, se situó una tarja que guarda su memoria.
Al triunfo de la Revolución sus restos fueron exhumados y trasladados a Santiago de Cuba. En el cementerio de Santa Ifigenia reposa el destacado combatiente.
La firmeza de ideales trascendió en sus palabras: «Tengo fe en el triunfo de la Revolución y en la claridad y empuje de su pueblo, que ha de llevarla adelante».












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