Sin mucho glamour, casi escondido en un lugar cercano a la ciudad de Morón, al norte de Ciego de Ávila, el Centro de Ingeniería Ambiental y Biodiversidad -anteriormente llamado Centro de Investigaciones de Bioalimentos (CIBA)-, se le muestra al visitante con una timidez y silencio característicos, como si estuviera hecho para científicos.
Traspasas el umbral y te encuentras con personas de hablar bajo, integrantes de un colectivo con disímiles logros, fruto de una larga cadena de esfuerzos y riesgos que se extiende por más de 30 años, cumplidos en julio del pasado año.
Ha pasado el tiempo de aquellas primeras investigaciones en la actividad agrícola y para muchos se ha borrado el halo de novedad; sin embargo, destaca por el asesoramiento técnico vinculado a la producción agropecuaria y tropical con enfoque de sostenibilidad, cierre de ciclos y especies resistentes al cambio climático.

Hace ocho años, como parte de un proceso de reordenamiento fue inscripto en el Registro Nacional como centro de investigación, cuyo objeto es realizar estudios y servicios científico-técnicos vinculados con la producción agropecuaria tropical y la preservación del medioambiente. Dicho de otra manera, se sumó a la estrategia del país de llevar las investigaciones por cauces seguros y dirigirlas hacia donde hagan más falta.
Por la amplitud y profundidad de sus investigaciones, el pasado 2022 el CIBA pasó de Centro de Investigaciones de Bioalimentos a Centro de Ingeniería Ambiental y Biodiversidad, con un espectro más amplio, que va más allá de los servicios y proyectos de investigación, aunque su función continúa con vínculos estrechos en cuanto al desarrollo económico y la sostenibilidad dentro de la provincia de Ciego de Ávila y más allá de sus fronteras.
Entre los logros más relevantes que atesora en poco más de tres décadas de trabajo se encuentran, en 2018, el Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba de manera individual y, con anterioridad, lo había compartido con otras instituciones.
La ingeniera química Yamilé Jiménez Peña, directora del centro, con una experiencia de 25 años de trabajo, enumera algunas de las líneas de trabajo más importantes, entre las que se encuentran las vinculadas con el tratamiento de los residuales; la protección de cuencas hidrográficas, superficiales y subterráneas; los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos; la preservación y mejoramiento del cerdo criollo y la repoblación de dunas de playa con especies autóctonas en los cayos que conforman Jardines del Rey.
La Contribución a la protección de los recursos hídricos subterráneos en la provincia de Ciego de Ávila, es uno de los estudios más acuciosos y profundos, que ampara más de 12 años de investigaciones enfocadas, principalmente, en el tema del agua y la protección medioambiental.
Durante ese tiempo también se estudiaron de cerca los beneficios del biogás, pero solo desde sus potencialidades como fuente renovable de energías y como tratamiento a los residuales porcinos, aunque ya se hacían necesarias las alternativas para evitar el derramamiento líquido en tales condiciones.
Otras líneas investigativas incluyen los servicios ambientales relacionados con la asistencia técnica a criadores porcinos particulares y estatales, en la construcción de digestores de biogás para la producción de energía renovable, control y manejo de especies exótica invasoras, raleo de canales en ecosistemas frágiles, y la elaboración de documentos para licencias ambientales.
Explica la científica que actualmente laboran en los proyectos Construyendo resiliencia costera en Cuba a través de soluciones naturales para la adaptación al cambio climático, y en el vinculado con la Reducción de riesgos de desastres y adaptación a efectos del cambio climático, ante los peligros de inundaciones y sequías en el centro-norte de Cuba, afectado por el huracán Irma.
Un segundo peldaño debió escalar el Centro hasta concretar la investigación final con el trabajo de la cuenca hidrográfica del sector CAI-5, abastecedora de los municipios Ciro Redondo y Morón. El objetivo del estudio era vincularla a la producción porcina, luego de detectarse esta actividad como uno de los principales contaminantes junto con los centrales azucareros, la Empresa de Productos Lácteos, el cárnico y otras industrias.
El proceso requirió identificar, cuantificar y mapificar herramientas que permitieran contrarrestar la contaminación, caracterizar los focos, evaluar los volúmenes de agua en la cuenca; acciones que posibilitaron identificar la vulnerabilidad del acuífero. De ahí que tales resultados generaron la posterior publicación de más de cinco artículos en revistas internacionales de impacto y otros 12 asociados al uso del biogás
El Gran Humedal del Norte de Ciego de Ávila, Sitio Ramsar desde 2002, ocupa las noches de desvelo de científicos y especialistas del CIBA, sobre todo con estudios dedicados a determinar los daños antropogénicos y naturales, y actualizaron información acerca del comportamiento del acuífero, el mapa geológico y la vegetación terrestre.
La rehabilitación de dunas costeras en Jardines del Rey avanzó este 2022 en el inventario de la flora del ecosistema dunar, la identificación de debilidades y fortalezas, y de las especies exóticas invasoras en playa Las Coloradas.
La orientación vocacional de los alumnos del preuniversitario Nguyen Van Troi, de Morón, y la asesoría a cuatro tesis de grado del Centro Universitario Municipal de Ciro Redondo, mejorar el indicador de publicaciones científicas en revistas de categoría uno y dos, también se encuentran entre los retos para 2023.

A ello se agrega, según Javier Agustín González García, subdirector del CIBA, la consolidación de las acciones relacionadas con los proyectos de colaboración internacional y el tránsito a categorías investigativas superiores, con el fin de mantener la condición de Entidad de Ciencia e Innovación y la contribución al desarrollo socioeconómico local mediante la integración con los actores económicos del municipio.
A sabiendas de que la ciencia y la innovación también tienen que ver con la supervivencia del país, los científicos y especialistas del CIBA conocen de la utilidad de 30 años de soluciones y diagnósticos; 30 años de vocación, estudio, sobreposiciones a las carencias cotidianas y tiempo robado a la vida personal para mantener a Cuba entre las naciones de vanguardia en la ciencia mundial.



















COMENTAR
Responder comentario