ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El 13 de agosto se conmemora el aniversario 65 del asesinato, por la dictadura de Fulgencio Batista, de los hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca. Foto: Archivo de la ACN

«No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros», dijeron a su madre Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, el 13 de agosto de 1957. El orgullo llegaría más temprano de lo esperado a ese hogar del vueltabajero terruño de San Juan y Martínez. 

Los hermanos, uno coordinador municipal del Movimiento 26 de Julio; el otro, su jefe de Acción y Sabotaje; herejes ante los ojos de la tiranía, solo adolescentes para su madre, titanes para sus compañeros de causa, jóvencitos corajudos, no avanzaron más que algunas cuadras al salir de la casa.

Su llama revolucionaria era tan ardiente que temió el tirano Batista que su luz se esparciera entre los demás jóvenes. Intentó, entonces, sajarlos de cuajo. Sin embargo, no pudo su brazo de hierro apagar a los hermanos Saíz, sino que los convirtió en lumbreras inextinguibles.  

Son, también, raíces que se yerguen para reverdecer en los senderos de la historia, porque pertenecieron a una generación que por escuela tuvo la lucha clandestina, la conspiración pura, el ojo alerta ante la amenaza represora, «a la que alguien la llamó, con razón, del Centenario Martiano, pues empezó a tener conciencia de su puesto al cumplirse cien años del nacimiento de José Martí, y cuando la noche más negra se había roto sobre Cuba», como dejase escrito el propio Luis.

Una generación que no tuvo más opción que apostar por «la muerte útil, el holocausto, donde el apetito se pierde y el ala gana a la garra». En ella creyeron, a ella se debieron y por ella dieron sus vidas.

De nada les sirvió a los esbirros balearlos. Murieron uno defendiendo al otro, y los dos, a la Cuba libre que soñaban. Donde mismo quedaron ensangrentados los cuerpos casi imberbes, a la Patria le nacieron cientos, miles, millones de hijos dispuestos, como ellos, a «empuñar el rifle» y con el «corazón en aras de la revolución necesaria».

A su ejemplo, martiano y ante todo fidelista, se debe hoy la vanguardia del arte joven en la Isla, que agrupada en la Asociación Hermanos Saíz, enrumba sus pasos para, desde la creación, construir una Isla más amoldada a los nuevos tiempos.

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