
La capacidad de las subvariantes BA.4 y BA.5 de Ómicron para escapar a la inmunidad adquirida por las vacunas o la infección previa, y su acompañamiento de un incremento en la letalidad global, atrajo la atención del científico cubano Daniel García Rivera, parte del equipo creador de las vacunas Soberanas, quien en uno de sus análisis publicados en Facebook aborda la manera en que «el SARS-CoV-2 continúa con su adaptación evolutiva para vivir con nosotros, quizás para toda la vida».
García Rivera, quien es profesor de Química en la Universidad de La Habana y dirige el Laboratorio de Síntesis Química y Biomolecular de la institución en conjunto con BioCubaFarma, compara para sus lectores las olas de COVID-19 a nivel mundial con «el juego del yo-yo, ese juguete en que el disco baja y sube repetidamente por el cordón anudado a nuestro dedo. El impulso lo damos nosotros y el disco siempre sube nuevamente, como en las infecciones de COVID», dice.
El científico señala que un caso de estudio interesante es Portugal, país que describe como modelo en el enfrentamiento a la pandemia, con la misma población que Cuba y un nivel de vacunación similar al de la isla antillana, de los más altos del mundo, pero con un incremento muy relevante de casos y de muertes por la ola reciente de la subvariante BA.5.
Sin embargo, añade que, a pesar de las similitudes, en Cuba no se está viendo lo mismo que en Portugal.
«Aceptemos que en Cuba se hacen miles de test menos que en Portugal (datos públicos y disponibles), pero aun así, es evidente que el número de casos y muertes por COVID-19 es muchísimo menor. Esto es interesante y merece detenerse a estudiarlo», publica.
En su opinión científica basada en discusiones con muchos colegas, argumenta que hay tres explicaciones al fenómeno. Una de ellas es que «las vacunas cubanas basadas en RBD han resultado ser muy efectivas no sólo en prevenir casos severos y muertes, sino también en aguantar el reto evolutivo de las mutaciones del SARS-CoV-2 que tanto afecta a la inmunidad adquirida por otras vacunas.
La segunda es que existe una mejor cobertura de vacunación en niños que a nivel mundial. «Esta es la principal diferencia entre Cuba y el resto de los países, y hay evidencias de que esto es clave a nivel epidemiológico», puntualiza.
El tercer argumento es «la estrategia de dosis de refuerzo, que se ajustó a tiempo y con más rapidez que en otros países, y se deberá seguir actualizando ante el ataque de las subvariantes BA.4 y 5», concluye.
En su comentario empleó datos y publicaciones de Pandemics News (@midanalyst), y de los científicos Ryan Hisner, Fabrizio Chiodo, entre otros.



















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