San Luis, Santiago de Cuba.–Vistos desde la Autopista Nacional, en el tramo comprendido entre este municipio santiaguero y Palma Soriano, los platanales de la unidad básica de producción cooperativa El Alambre apenas son un pálido reflejo de aquellos que en los años 90 se convirtieron, por su lozanía, en referencia para el país.
«Realmente –refiere el fundador de esta estructura productiva, el ingeniero Gisel Díaz Veranes–, dotadas con sistema de riego microjet o por goteo, y aplicándole los fertilizantes importados y de producción nacional, en tan excelentes tierras llegamos a tener un emporio, sobre todo en plátano burro, que promediaba más de 30 toneladas por hectáreas.
«En medio del llamado periodo especial –añade– se paralizó el riego por falta de combustible y fueron sacadas las mangueras que jamás volvieron, dejamos de recibir los nutrientes exigidos por el sistema de cultivo, disminuyó por bajos ingresos la fuerza que garantizaba la atención cultural, e inevitablemente esas cepas envejecidas carecen hoy del vigor de antaño.
«Como es de imaginar, en los últimos años bajaron a unas cinco toneladas por hectárea los niveles productivos, se impuso la distribución del 40 % de las tierras en usufructo, perdimos cultivos, caímos en impagos a los trabajadores, en deudas vencidas con el Banco, y en otras situaciones incompatibles con el prestigio de El Alambre».
No obstante, como potencial reserva, allí quedaron la misma tierra y un grupo de los mismos hombres encabezados por Díaz Veranes, mientras que desde la provincia no dejaron de animarlos, la dirección del Partido y del Gobierno, en la misión de suministrar el mayor volumen posible de alimentos a la ciudad de Santiago de Cuba.
EL ALAMBRE POR DENTRO
Camino adentro, dejada atrás la última hilera de plátanos, ahora sorprende una imagen bien distinta a la que se ve desde la Autopista, que con impresionantes áreas de yuca y maíz escalonados, de calabaza, frutabomba, frijol, boniato, guayaba y hortalizas y, en especial, de hombres cuyos rostros reflejan, satisfacción por el trabajo, lo dice todo.
Surgido a la luz de las transformaciones experimentadas en la Agricultura, mediante las 63 medidas aprobadas por el Gobierno para incentivar la producción de alimentos, el nuevo polo productivo que da vida a El Alambre comprende 486 hectáreas, de las cuales 276 están bajo la responsabilidad de Díaz Veranes.
«Aquí –precisa el experimentado ingeniero–, estamos demostrando que esas medidas sí dan fruto, pues con pleno conocimiento de las potencialidades de estas áreas, al recibir los nuevos créditos por la Banca de Fomento Agrícola, apelamos a la diversificación de cultivos donde sabíamos que el amor por la tierra podía suplir la limitación de recursos.
«Sin desechar el plátano, al cual le dedicamos 60 hectáreas y lo recuperaremos poco a poco, le dimos 30, tanto al maíz como a la yuca, y otras no menos significativas a la calabaza, al boniato, la frutabomba, al ají, pimiento, col y pepino, porque las producciones de ciclo corto benefician pronto a la población y a la economía de la unidad y los trabajadores».
Así, junto a los rendimientos, ha ido creciendo el salario –ajustado a los resultados finales– hasta 10 000 pesos o más, y no faltan casos como el de la joven de 35 años, Yudismary Castro Maranje, cuya hectárea y media de calabaza, vinculada a la unidad básica, le ha reportado –con el apoyo familiar– casi 40 000 pesos de ganancia absoluta.
La fuerza ha ascendido a 50 trabajadores, 35 usufructuarios y un pequeño grupo de reclusos. Entre los primeros, Roberto Montoya Vaillant, incorporado en 1995 como obrero agrícola y hoy jefe de finca, asegura que después de estar en tiempos buenos y malos, puede decir que El Alambre marcha por el surco correcto, con su propio esfuerzo.
Al argumentarlo, Díaz Veranes explica que la falta de baterías y neumáticos del tractor es suplida por 40 yuntas de bueyes en la preparación y siembra de la tierra, la cual ya se beneficia con el riego de 21 hectáreas para hortalizas y frijol. Están aplicando materia orgánica, humo de lombriz, el bioestimulante cubano Fitomás, el control de plagas con tabaquina, y el cercado con nil y la cardona.
De esencial cataloga el contrato establecido con todos los usufructuarios y su cumplimiento, la vinculación del hombre con los resultados finales de la producción, la eliminación de los intermediarios en la comercialización, la celosa protección de los campos con los propios trabajadores, y la atención de las autoridades del Partido en la provincia y en el municipio.


















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Un campesino dijo:
1
3 de junio de 2022
10:56:12
eddy dijo:
2
3 de junio de 2022
12:26:17
Ramon Fonseca dijo:
3
4 de junio de 2022
16:53:38
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