
La Revolución es eso: emancipación. Por eso las cubanas, mujeres emancipadas, representan en sí mismas una revolución dentro de otra. Así las abrazó, este 8 de marzo, el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez: «Felicitaciones para nuestras queridas mujeres, compañeras en la vida y en las batallas emancipadoras».
Y es que, cuando nacía la Patria, no solo estuvieron en el parto, fueron el parto, fueron la sangre y el brazo generoso en los campamentos mambises, el ímpetu en el pecho que temblaba ante el horror de la guerra. Soldado mambí o combatiente del silencio en la retaguardia, siempre al lado o adelante, nunca detrás.
Nuestro homenaje sentido a las mujeres cubanas. #SomosCuba #CubaViva pic.twitter.com/PSWXnAmlGm
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) March 8, 2021
Matria debiera decirse, pues vientre más claro y generoso, en la tierra, no existe, cuando demandaste a tu retoño: «¡Y tú, empínate, ya es tiempo de que pelees por tu Patria!».
Matria en cada año del largo nacimiento, en el momento de la derrota o de la victoria, en la república a medias, en los senderos de la sierra agreste o en las calles peligrosas, donde acechaba la muerte.
Matria en la defensa y la conquista de derechos conculcados. ¿Qué sería de nosotros sin tu sacrificio, amor y esfuerzo?
Eres la joven que, con apenas 18 años, subiste a las lomas, exigiendo a tus camaradas varones un puesto en el combate para defender la Revolución de bandidos y traidores, exigiendo, no solicitando, no como cocinera, sino como combatiente, como uno más, sin dispensas de ninguna clase.
Las ráfagas de tu arma fueron argumentos imposibles de ignorar y el orgullo con que, en la crianza de tus hijos, nos decías: «Hubo hombres que se rajaron, pero nunca abandonó su puesto una mujer».
Empínate y álzate nos dijiste un día, y llevamos tus hechos en el corazón, tus hazañas de miliciana en el pecho. Nunca tuvimos mejor escudo.
No solo orgullo, nos mueve un amor infinito por nuestra mujer cubana.













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