Los hombres que se siembran en el corazón de la gente no están destinados a morir. Abrazan la eternidad y renacen entre los hijos de su ejemplo, que orgullosos les siguen los pasos como el mejor de los homenajes a una fecunda existencia.
Por eso no hubo un revolucionario que no te reviviera este 28 de octubre, Comandante Camilo Cienfuegos, ya fuera en el silencio de un recuerdo, en la sencillez de una flor, o desde las páginas de un libro que conserva la limpieza de tu alma como la mejor de tus hazañas. Fueron muchas las maneras que encontró este, tu pueblo, para abrazarte otra vez.
Semillas de tu estirpe viven hoy por toda Cuba. Galia Saray La Rosa de las Heras, estudiante de la escuela militar de Capdevila, se siente parte de ellas porque: «Ser Camilito magnifica el sentimiento hacia Camilo Cienfuegos y hacia el acto de traerle flores y lanzárselas al mar. Se hace más grande el sentimiento y la admiración hacia él».
Esta vez la ceremonia fue sencilla en la capital cubana, dirigentes del Partido y el Gobierno, jefes y oficiales de los ministerios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Interior, miembros del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, y combatientes de las FAR y el Minint, asistieron en nombre de todos aquellos que te admiran.
Aunque los grandes retos que nos impone el presente impidieron que como es tradición, miles de cubanos llevaran ramos hasta el mar entre sus manos para demostrarte con ese gesto, el agradecimiento y el cariño sincero que ganaron tu carisma, tu fidelidad y tu genio militar, no empañó esa distancia sólo física, la presencia que irradias todavía, 61 años después de tu abrupta despedida.
Porque, Camilo, hombre de mil anécdotas, patriota hasta los huesos, paradigma de humildad y valores humanos, en el pueblo, para seguridad del futuro de esta tierra, hace mucho que te has multiplicado.



















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