Velasco, Holguín.–Para mejorar los suelos y cultivos se utiliza un compuesto líquido que contiene cal, azufre, material rocoso azul (triturado hasta casi hacerlo polvo) y harina de pescado. Su aplicación en parcelas con guayaba, maíz, frijol, soya y papa, confirma que ejerce funciones de fungicida, acaricida y biofertilizante.
Para constatarlo basta visitar la finca Santa Ana, en la zona de San Mateo, donde los Pupo Bermúdez viven en simbiosis casi perfecta con la naturaleza. Allí, cualquier empedernido curioso terminará frustrado si intenta demostrar el predominio de productos químicos en las prácticas agrícolas.
Diez años atrás optaron por las técnicas agroecológicas. Desde entonces emplean los microorganismos eficientes, definidos por Daniel (el mayor de los hermanos), como la base de todas las acciones productivas en marcha en las áreas de siembra.
Para Joel, quien involucró a la familia en la provechosa experiencia, el acierto está en lograr en las cosechas rendimientos similares a los de los labriegos del territorio que dependen de fertilizantes, herbicidas y fungicidas importados.
«Menú» nutritivo y curioso
Bacterias fototrópicas, ácido láctico, levadura y algunos hongos son los principales microorganismos en uso en las tres hectáreas destinadas en la Santa Ana a los cultivos varios. Todo parte de la disponibilidad de la «madre», un aliñado de hojarasca descompuesta de marabú, bambú y otros árboles, recolectada en el monte virgen, en un área que no haya padecido incendios y no esté atravesada por cañadas, describe Joel; quien aclara que no es superstición, sino ciencia, porque esas condiciones aseguran el estado óptimo de los microorganismos contenidos en la masa vegetal.
A lo recolectado, explica, le añaden melaza de caña, suero de leche o yogur natural, mazorcas de maíz previamente molidas y agua, procedimiento que sigue con la mezcla homogénea de todos esos elementos. Así, en un tanque plástico, preparan 300 kilogramos de masa, suficientes para un año de trabajo.
Con la «madre» hacen el líquido que contribuye al mejoramiento de las propiedades físicas y químicas del suelo y, a la vez, actúa como fungicida, además de repeler insectos como las moscas. Asimismo, es un probiótico para animales. En los cerdos controla las diarreas y en los pollos sirve para contrarrestar el moquillo, especifica Joel.
Al que al buen árbol se arrima…
Durante años emplearon el mencionado líquido para acelerar los procesos de obtención de compost y humus de lombriz, productos hoy sustituidos por el «abono de ocho días», una fórmula asimilada por Joel durante un seminario sobre técnicas agroecológicas realizado en Costa Rica.
Su presencia en aquella nación fue resultado de las gestiones de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, de Matanzas, y la Unidad de Extensión, Investigación y Capacitación Agrícola (Ueica), en Holguín, entidades que junto al Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA) y la Universidad de Holguín, aportan constante asesoramiento científico al trabajo creativo que distingue a la Santa Ana.
El referido abono, según la descripción realizada por los hermanos en presencia del pilar de la familia, el viejo Juan, quien apoya a los hijos en todo el intenso quehacer que acompaña a las técnicas agroecológicas, contiene estiércol vacuno o porcino, piedra azul triturada, ceniza (que puede ser sustituida por carbón molido), melaza de caña y microorganismos en forma sólida y líquida.
Todo se mezcla meticulosamente y, colocado en sacos, es protegido en sitios frescos durante los ocho días recomendados antes de su uso. Aporta a los suelos fósforo, potasio, nitrógeno, minerales y proteínas. Ya aplicaron las tres primeras toneladas y, tras el impacto favorable constatado por ellos y especialistas de la Ueica, van camino de elaborar otra cantidad similar.
Las hojas de Nim, anamú y cebollino, acumuladas por seis días en un tanque que contiene agua, microorganismos y líquido residual del biodigestor que proporciona gas para los fogones de las casas, conforman un fermentado que se aplica a los cultivos a través de técnicas de fertirriego.
También han incorporado los sulfo-calcios. Al elaborarlos, mezclan azufre, calcio y agua, elementos que hierven. Seguidamente añaden los microorganismos cultivados y, cuando el preparado obtiene color ladrillo, lo emplean para fumigar. En las hortalizas recomiendan entre 150 y 200 centímetros cúbicos por cada 16 litros de agua sin cloro.
Aquellos que relacionen los logros de los Pupo Bermúdez con la labor experimental en áreas no extensas y el bien ganado asesoramiento de instituciones científicas del país, deben razonar sobre el posible uso de algunas de las fórmulas aplicadas en la Santa Ana para vigorizar las tierras y sacarles los alimentos que reclama la población.
Los productos aderezados allí, con microorganismos naturales e inteligencia, pueden ser replicados por muchos campesinos con el fin de suplantar, hoy, y en etapas posteriores, fertilizantes y otros químicos de uso en la agricultura, adquiridos a costos elevados en el extranjero. Es una eficiente solución criolla para lograr burlar el impacto del bloqueo de Estados Unidos, y ayudar a amortiguar las consecuencias económicas de la COVID-19.













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Milian Rodriguez-Lima dijo:
1
28 de mayo de 2020
06:31:10
Miriam B. Rojas Hechavarría Respondió:
28 de mayo de 2020
16:13:24
I.Rivera dijo:
2
28 de mayo de 2020
08:39:03
Mercedes dijo:
3
28 de mayo de 2020
10:07:36
Diego Sotelo dijo:
4
3 de noviembre de 2021
19:24:48
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