Como otros asentamientos humanos importantes de la nación, Holguín nació a la vera de ríos y solo obtuvo su denominación de pueblo después que construyó una catedral y ésta ofició su primera misa. Hubo entonces alabanzas al Dios de los cristianos y prolongados tañidos de campanas. España continuaba el anclaje de sus costumbres en esta isla caribeña con apariencia de caimán.
El suceso fundacional, anunciado por el campanario que sigue vivo, ocurrió el 4 de abril de 1720. Desde ese instante el holguinero se hizo a sí mismo en medio de vicisitudes que crearon un entorno de peculiaridades.
Por eso mismo, tan pronto llega a la capital provincial un viajero de cualquier otro sitio del país o nación, se le invita a visitar La Loma de La Cruz (cerro Vallado) bajo el reto de remontar los 458 escalones de la ruta hasta la cima.
En esa elevación ha perdurado la mística de la primera cruz de madera que colocó allí un fraile franciscano en 1790 para implorar el milagro de la lluvia y desencadenar la vigente costumbre de solicitar todo tipo de beneficio.
También en ese sitio, rodeando el fortín español que fue importante pieza del sistema defensivo del asentamiento, apareció un espacio recreativo que devino componente de un sistema, único en Cuba, de plazas y plazuelas que se extienden a lo largo de dos kilómetros enmarcados en entre dos calles de recto trazado.
Son encantos de antaño y de hoy, a los que se suman la Casa del Teniente Gobernador ( vivienda de la época fundacional), el céntrico parque Calixto García, La Periquera (antigua casa de gobierno y actual museo provincial) y el teatro Eddy Suñol, exponentes todos del patrimonio arquitectónico y de la historia y la cultura local, rodeados del ambiente movilizador promovido por un programa constructivo que embellece la ciudad, al tiempo que mejora las condiciones de vida de sus habitantes y les proporciona servicios más funcionales.
Ricardo Suárez Martínez, presidente del Gobierno municipal, revela entusiasmo cuando habla de esos planes que ya concretaron cerca de un centenar de obras desde que el 4 de abril del pasado año se librara la convocatoria a celebrar el tricentenario.
De igual forma, trasmite alegría al confirmar el buen paso de varios proyectos. Así, entre muchas cosas, el cine Martí renacerá con escenario para espectáculos variados y exhibición de películas, cafetería de lujo y galería de arte, mientras que el Baría, también con tecnología actual, ofrecerá su sala a las sesiones de la Asamblea Municipal del Poder Popular sin perder la capacidad para ofrecer espectáculos.

De lo que se pretende hacer, destaca las labores de continuidad de la ampliación del tramo de la Carretera Central que atraviesa la ciudad y la construcción del Centro Multi-Servicios, que ocupará la plazoleta del actual establecimiento de recreación Armando Mestre y tendrá espacios para venta de confituras, una cremería con equipamiento novedoso y áreas aptas para que niñas y niños jueguen.
Centros educacionales, consultorios del médico de la familia, salas de hospitales, instalaciones recreativas, gastronómicas, hoteleras y deportivas, bodegas y parques están incluidos en el programa que se complementa con la construcción de un importante grupo de viviendas durante este año.
Y ante ese palpitar de transformaciones en curso, o proyectadas, la ciudad se mantiene indagadora y exigente. Holguín desea que la modernidad la bese y la mime. Y sobre todo, que respete las huellas materiales y espirituales de una cultura que aglutina a sus moradores y seduce a las personas de paso.
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