ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Aquí lo que uno siembre se da, asegura Arsenio Chávez. Foto: del autor

Punta de Maisí, Guantánamo.–Será porque este sitio –portal de Cuba– asienta las terrazas marinas más bellas de la Isla, reconocidas también entre las mejor conservadas del mundo, o porque el lugar, según los expertos, está plagado de singularidades geológicas.

Quizá tales atributos provocaron la envidia de Seth (Dios egipcio de la sequía y del desierto), y la ira del mitológico personaje cayó sobre esta meseta calcárea y porosa, de suelo fersialítico rojo.

Lo cierto es que Punta de Maisí se torna cada vez más árida y calurosa. Quién pudiera atestiguarlo mejor que Arsenio Chávez Navarro, que tanto ha lidiado con las veleidades del clima en este lugar, donde «el sol quiere rajar las piedras. Llueve poco y el calor aumenta por año», se queja el septuagenario.

Arsenio habla de un fenómeno al que el meteorólogo Rolando Baza Pacho le pone cifras: «Punta de Maisí registra una media anual de temperatura de 27 grados Celsius, las lluvias superan los 700 milímetros, pero la evaporación ronda los 2 300, es decir, el suelo pierde más humedad que la que recibe».

Esas condiciones climatológicas explican el estrés hídrico del suelo y los sinsabores que ha vivido la gente de aquí. Hasta hace unos meses, cuando la sequía arreciaba, las autoridades maisienses tenían que hacer malabares para abastecer de agua a los cerca de 1 800 habitantes del lugar.

No fue poca la angustia por la escasez de agua. «El camión-pipa venía cada tres días, yo llenaba tres latas de agua, de 25 litros de capacidad cada una», recuerda la profesora Yamiris Pérez, madre de dos menores. «Después tenía que esperar a que volviera la pipa o cargar agua desde un pozo que está lejos. Fue duro», agrega.

Algo similar le ocurría a Giorvis Ortiz Matos, joven de 27 de años que vive con su esposa y cuatro hijos muy pequeños. «No podíamos esperar por el carro-pipa –dice–, yo traía el agua en el hombro desde la casa de un vecino que tiene cisterna y vive a más de 300 metros de aquí. Muchas veces esa agua era de lluvia».

EN PRESENTE

De tales dificultades ya se habla en pasado en la planicie del extremo oriental de Cuba. Una inversión de 2 000 000 de pesos cubanos y más de 300 000 de euros, estos últimos donados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), a través de la Federación Rusa, hicieron posible construir la planta desalinizadora que le devolvió la solvencia de agua potable a Punta de Maisí.

La planta succiona el agua de mar a través de pozos de 40 metros de profundidad, perforados a orilla del litoral y, tras un complejo proceso, la deja apta para el consumo humano. Opera mediante el procedimiento de ósmosis inversa, tecnología de alta confiabilidad y bajo consumo energético.

Veinte años de vida útil le auguran a esa instalación, capaz de procesar 17 metros cúbicos de agua por hora. El Gobierno cubano pretende instalar 80 plantas con similares características en todo el país.

El Estado enfrenta al cambio climático con iniciativas como esta, fruto de un programa al que se conoce como Tarea Vida. «Verdad que nos ha arreglado la vida», responde Giorvis Ortiz, quien añadió: «¡se acabó la dependencia de un camión-pipa y la cargadera de agua en los hombros».

Una razón adicional anima a la doctora Daimé Matos Durand, especialista en Medicina General Integral, que atiende a la comunidad de Punta de Maisí: «Los síntomas de diarreas y parásitos han disminuido notablemente desde que la gente empezó a ingerir agua desalinizada».

«Consumir agua hervida no es costumbre de una buena parte de la población aquí», explica Daimé Matos, «antes no hervían la que llegaba en pipa. Pero esta desalinizada es inocua, y por su calidad no requiere de ningún otro tratamiento».

UN RUNRUN

«Dicen que ahora van a sembrar unas cuantas cosas aquí, como se hacía antes», comenta Erasmo Matos Legrá, otro lugareño. «Fíjese aquí», invita, con la vista fija en un campo que parece listo para la siembra. «Mire para allá», insiste Erasmo; ahora su dedo índice apunta hacia un andamio metálico: «eso era de los cultivos tapados. Aquí se recogían lechuga, pepinos, tomates. Allá la yuca se daba muy bien».

En efecto. Fidencio Oliveros Martínez, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, le confirmó a Granma que, desde el río Maya, distante a 20 kilómetros, un acueducto por gravedad sustentará la reanimación del programa de autoabastecimiento alimentario en Punta de Maisí.

Por su parte, William Romero Frómeta, especialista de Desarrollo en la Empresa Agroforestal de la localidad, reveló la intención de rescatar el cultivo tapado, la siembra de hortalizas, yucas, frijoles, y un área compacta de marañón, además de un micro-ordeño y el fomento del ganado menor.

La ira del Dios de la sequía y el desierto probablemente no dejará de caer sobre las terrazas marinas más hermosas de Cuba. Pero tampoco evitará que la impresionante meseta calcárea enriquezca el paisaje. Otro reto para Maisí, cuando el agua regresa a La Punta.

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