ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Ilustración: René Mederos Foto: René Mederos

Como una «llamarada invencible» definió el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz las acciones que emprendió el Ejército Rebelde hacia el triunfo del primero de enero de 1959, una vez derrotada la ofensiva con que las fuerzas de la sanguinaria tiranía de Batista, apoyada por el Gobierno de EE.UU., pretendían tomar y destruir la Comandancia General del I Frente guerrillero en la Sierra Maestra.

El testimonio La contraofensiva estratégica, que años después Fidel revelara, permite aquilatar al estadista que con audacia extraordinaria previó los movimientos del enemigo para asestarle el golpe demoledor, pues de ninguna otra manera 300 combatientes hubiesen podido vencer a los
10 000 efectivos del régimen agrupados en no menos de 14 batallones de infantería.

En 74 días de incesante accionar, iniciados a finales de mayo de 1958, se libraron más de 30 combates y seis batallas de envergadura, en las cuales las tropas rebeldes sufrieron 31 bajas mortales y el enemigo más de 300, junto a 443 heridos y la pérdida de 507 armas, entre tanques, cañones, bazucas, morteros, ametralladoras trípode, fusiles ametralladores y de otro tipo, y más de 100 000 balas.

No es difícil imaginar con semejante arsenal el optimismo de Fidel, quien para el asalto al cuartel Moncada no pudo contar ni con una sola de esas modernas armas y, luego del duro revés sufrido por los expedicionarios del yate Granma en Alegría del Pío, al reunir en el reencuentro en Cinco Palmas solo siete fusiles para la lucha, aun así, no se dejó vencer y manifestó a todos su confianza en que «¡ahora sí ganamos la guerra!».

En apenas tres meses reforzó los tres frentes existentes en Oriente y creó, armó y envió las 16 nuevas columnas, que operarían en otras provincias del país, y para las cuales dispuso prácticamente de la oficialidad de su jefatura y de las mejores armas a su alcance.

Luego de una minuciosa apreciación táctica del territorio nacional, su idea la confía al jefe del III Frente, comandante Juan Almeida Bosque, el 8 de octubre: «El plan de tomar primero Santiago de Cuba lo estoy sustituyendo por el plan de tomar la provincia. La toma de Santiago y otras ciudades resultaría así mucho más fácil y sobre todo podrán ser sostenidas.

«Primero nos apoderamos del campo; dentro de 12 días aproximadamente todos los Municipios estarán invadidos, después nos apoderaremos y si es posible destruiremos todas las vías de comunicación por tierra, carretera y ferrocarril. Si paralelamente progresan las operaciones en Las Villas y Camagüey, la tiranía puede sufrir en la provincia un desastre completo como el que sufrió en la Sierra Maestra».

La visión acertada de su estrategia se confirmaría con las victorias logradas por sus respectivos comandantes del ii Frente Oriental, al mando de Raúl Castro Ruz; el IIIFrente encabezado por Almeida, y las columnas Ciro Redondo, asignada a Ernesto Che Guevara para operar en Las Villas, y Antonio Maceo, que debía llevar Camilo Cienfuegos hasta Pinar del Río, pero que luego Fidel mantendrá en suelo villareño.

Como había avizorado Fidel, el empuje de esas y demás agrupaciones guerrilleras posibilitan la liberación de decenas de municipios y poblados, y la ocupación de guarniciones y puestos militares, así como el control de la mayoría de los accesos, todo lo cual presagiaba el inicio inminente de la ofensiva final por la total derrota de la tiranía batistiana.

INTENSIFICACIÓN DE LA LUCHA

El Comandante en Jefe, en medio de las circunstancias expuestas, considera que ha llegado el momento de emprender en Oriente las cruciales acciones hacia la victoria definitiva. Guisa, localidad ubicada a 20 kilómetros al sudeste de la ciudad de Bayamo, es el punto seleccionado, y personalmente dirige entre el 20 y el 30 de noviembre de 1958 la batalla por su liberación.

Por la inferioridad en número de efectivos y armamentos, Fidel concibió golpes y contragolpes, el empleo de potentes minas, emboscadas a refuerzos y puntos de resistencia, entre los cuales se destaca el defendido por el valeroso capitán Braulio Curuneaux con su ametralladora calibre 50, quien caería heroicamente al impedir que pasaran los tanques por la carretera.

Un apretado balance sobre las pérdidas del ejército de la tiranía, que fuera apoyado por más de 40 vuelos de combate, arroja alrededor de 300 bajas, entre muertos, heridos y prisioneros, la pérdida de una tanqueta, 94 armas largas –entre fusiles y ametralladoras–, tres morteros, una bazuca, 55 000 cartuchos de combate, 14 camiones de transporte, y numerosos pertrechos.

Mientras el golpe resulta demoledor para la moral combativa de las fuerzas del dictador Fulgencio Batista, las armas ocupadas pasan a defender la justa causa liberadora en manos de más de un centenar de rebeldes, que participan en sucesivas acciones victoriosas como la toma de Jiguaní, la liberación de Palma Soriano y la Batalla de Maffo, que culmina el 30 de diciembre.

Dirigida esta última por Fidel en las afueras de Contramaestre, resulta por sus 20 días el enfrentamiento de más larga duración, pues ante el empuje de los rebeldes, ya con armas de buena calidad, los efectivos del régimen se atrincheraron en las instalaciones del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba, donde abren túneles debajo del hormigón y rodean todo con sacos de arena.

Así, la Operación Santiago, trazada por Fidel en el avance hacia esta ciudad, permite unir en un mismo escenario de lucha a tropas de los tres frentes guerrilleros y posibilita el reencuentro de los jefes del ii y iii Frentes con el Líder de la Revolución, quien dirige estas importantes agrupaciones de tropas rebeldes fortalecidas en el fragor de la guerra.

DECISIVO DESENLACE

Después de sortear no pocos obstáculos y el asedio enemigo en el trayecto desde la Sierra Maestra, similares éxitos a los de sus compañeros en Oriente mantienen en el cumplimiento de las órdenes del Comandante en Jefe los experimentados combatientes guerrilleros Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, en la estratégica región de Las Villas.

A su paso han ido cohesionando distintas fuerzas, que operan en este territorio, influyen en el fortalecimiento de la disciplina y desde el punto de vista combativo van liberando poblados y mantienen replegadas a las fuerzas del régimen batistiano, lo cual influirá en las exitosas acciones que sus columnas sostendrán hasta las últimas horas de la guerra de liberación nacional.

Merecedor de ser llamado el Héroe de Yaguajay, se hizo Camilo por su valor y sagacidad durante los diez días de dura batalla, sostenida por el centenar de hombres a su mando contra los más de 350 efectivos acantonados en esa localidad del centro norte cubano, que logra rendir ya al final de la tarde del 31 de diciembre, como digna contribución a la derrota definitiva del régimen militar.

En esas horas aún combaten incesantemente los 300 hombres del comandante Che Guevara, frente a varios miles de soldados, quienes en Santa Clara ocupaban los principales edificios y otros puntos clave de la ciudad, y contaban con tanques, artillería y el apoyo de la aviación de combate en su espurio servilismo al tirano.

Los enfrentamientos habían comenzado 15 días antes, y tuvieron el 29 de diciembre una de las más sonadas acciones con el descarrilamiento, ataque y rendición del tren blindado, mientras que el 30, durante el asedio a la estación de la policía, las tropas rebeldes sufren la pérdida del legendario jefe del pelotón suicida del Che, el capitán Roberto Rodríguez, el Vaquerito.

Visto en la dimensión de Santa Clara y el volumen de las acciones, puede decirse que esa batalla fue el más intenso combate urbano. Su curso era seguido de cerca por la alta jerarquía del régimen, que presagiando la derrota que se consumaría con la llegada del primero de enero de 1959, y el liderazgo consolidado a las puertas de Santiago de Cuba por Fidel, emprende su cobarde huida hacia el extranjero.

La victoria rebelde confirmaba con elocuente acierto el pensamiento militar del Comandante en Jefe, quien supo maniobrar para evitar derramamientos de sangre en grandes ciudades como La Habana y Santiago de Cuba, mientras que su extraordinaria dimensión política desmontaría los intentos yanquis de derrocar a la Revolución desde su mismo triunfo. En lo adelante nada fue «una tarea fácil», pero tampoco más difícil gracias a la genialidad de nuestros líderes.

Fuentes: La contraofensiva estratégica, de Fidel Castro Ruz.

Sitio web Fidel, soldado de las ideas.

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