Cuando en 1862 el famoso escritor francés Víctor Hugo sacó a la luz su novela Los miserables, la ONU no había nacido ni tampoco los «miserables» que son enviados a votar por el odio, capaces de venderse al amo mayor por algunas migajas de dinero.
Sin embargo, la novela en cuestión, cuya celebridad ha llegado hasta nuestros días, ya presentaba el dilema del mal y del bien, de la justicia y de la injusticia.
En el texto escrito por Víctor Hugo, el obispo de Digne, Bienvenue Myriel, vivía modestamente con su hermana Baptistine. Solo tenían lo que necesitaban y el resto lo repartían entre los pobres. No existían entonces ni los gigantes rascacielos de apellido Trump, ni quienes olvidan a sus pueblos y se ponen de rodillas ante el amo.
Ahora dejo a un lado la extraordinaria obra del escritor francés y pongo ojos y oídos en la transmisión televisiva de las sesiones de la Asamblea General de la ONU, donde, a pesar de los muy pocos miserables alineados con Trump, la Isla de la libertad y la resistencia ha obtenido otra contundente victoria en su reclamo de que se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto ilegal e injustamente por Estados Unidos.
El Informe presentado por Cuba, en voz de su canciller Bruno Rodríguez, fue, una vez más, contundente. Cifras irrebatibles de daños causados a la población de la Isla, leyes arbitrarias que afectan también a terceros países, revivir el cadáver de la Helms-Burton, sanciones a las familias cubanas, de aquí y de allá, para que no viajen al encuentro con los suyos, limitación a los estadounidenses para que sean cada vez menos libres, pues no se les permite nada que tenga que ver con la Isla vecina.
Los aplausos a Bruno en el estrado de la onu estoy seguro que retumbaron en los oídos de la delegación estadounidense y también en el enviado de Brasil, perdón de Jair Bolsonaro, que, para seguir luciendo el nombrete del «Trump del trópico» votó contra Cuba.
En el caso de Israel, aunque no deje de ser vergonzoso, es tradicional que a cambio de los más de 3 000 millones de dólares anuales que recibe de Estados Unidos solamente en armas, opte por alinearse con la potencia que lo sustenta.
Lo que sí estuvo muy claro, una vez más, es que el mundo está con Cuba y que pocos o casi ninguno de los países de la comunidad internacional apoyan la política genocida de Washington contra los cubanos.
Esta vez, las abstenciones fueron dos: Colombia y Ucrania. En todo caso, aunque también vale recordar la novela de Víctor Hugo, le corresponderá a los pueblos colombiano y ucraniano evaluar la posición de sus mandatarios.
Hubo un hecho en la mañana de este jueves que es digno de resaltar negativamente: el discurso de la señora Kelly Craft, embajadora estadounidense ante la ONU.
Confieso que no me imaginaba que tantas mentiras matizadas con arrogancia y desprecio hacia los pueblos, se pudieran concentrar en unos minutos de discurso de esa dama.
Otras veces las mismas falacias han sido expresadas por quienes ocuparon la silla del país anfitrión, de manera más desfachatada e inculta, pero esta vez, aunque fueron las mismas o mayores, Kelly Craft dio muestra de alumna aventajada de una política en la cual los «miserables» patrones y vasallos se olvidan de que no estamos en la época de la Francia de 1862, aunque quizá para ellos les resulte igual.
La victoria de Cuba en la onu fue contundente, mientras que la derrota de Donald Trump y sus «miserables» fue aplastante una vez más.



















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Alex dijo:
1
8 de noviembre de 2019
03:40:21
Antonio dijo:
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8 de noviembre de 2019
14:47:30
Pedro Gerónimo dijo:
3
8 de noviembre de 2019
17:25:24
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13 de noviembre de 2019
13:31:05
Juan del valle dijo:
5
16 de noviembre de 2019
07:18:02
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