ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Primer radar con tecnología Doppler diseñado y montado en Cuba. Foto: Rodolfo Blanco Cué (ACN)

La noticia circuló recientemente: una moderna estación meteorológica fue inaugurada en la Zona Especial de Desarrollo (ZED) Mariel. El acontecimiento trascendió no solo por los beneficios que aporta la nueva institución, sino por el hecho de que justo allí podría ser instalado, cuando el país disponga de los recursos para su fabricación, un radar de bajo costo y exploración rápida para la detección de tornados y otras tormentas severas, cuyo diseño es 100 % cubano.

«Su denominación es Vesta|RDP-100X, pero le llamamos El Cazatornados», señala Orlando Rodríguez González, director del Centro Nacional de Radares Meteorológicos, entidad camagüeyana que estará encargada de llevar a vías de hecho este equipo que, por su poco peso, puede ser instalado en el techo de cualquier edificación y complementaría al equipamiento de la nueva estación en la zed Mariel.

Entre los beneficios de este radar Doppler y Polarimétrico de banda x, con un alcance de hasta 60 km, se encuentra el hecho de permitir una exploración inteligente y muy rápida de la atmósfera baja, lo que posibilitaría la detección y pronóstico inmediato de fenómenos meteorológicos peligrosos como tornados, inundaciones costeras, aeroavalanchas, granizos y lluvias muy intensas; de ahí el sobrenombre con el que lo han bautizado los técnicos del Centro Nacional de Radares Meteorológicos, radicado en Camagüey.

Sustentado en un software libre y con una distribución instantánea de las imágenes vía web, destaca además el bajo consumo energético previsto –menos de 500 W – y el mando completamente automático, con control remoto, y el chequeo automático de la calidad de los parámetros y la autocalibración. Este radar será un aporte del Instituto de Meteorología al Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático o Tarea Vida.

El desarrollo parte de la experiencia obtenida en el radar de Camagüey, explica Orlando Rodríguez a Granma, y también de lo vivenciado con el tornado del pasado 27 de enero, pues los equipos de gran alcance emplean un modo de exploración que no es idóneo para detectar este tipo de fenómenos de formación muy rápida.

Recientemente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, visitó la institución y se mostró visiblemente impresionado por las cualidades técnicas del equipo, fruto del talento y la entrega de especialistas «hechos en Cuba».

Allí, el mandatario conoció que se trabaja para extender este año la tecnología Doppler a los radares de Holguín y Casablanca, en La Habana, y en 2020 a los cinco restantes del país.

En su recorrido por las áreas del Centro Meteorológico, el Presidente cubano valoró sus potencialidades y definió prioridades: avanzar en la informatización de los procesos, ganar en prontitud en la divulgación de los pronósticos, crecer en la exportación de servicios y proteger las innovaciones y soluciones técnicas.

REGALO Y COMPROMISO

Dositeo García Bargados, director del Centro Meteorológico de Camagüey, considera que la visita del mandatario constituyó uno de los mejores regalos que podía recibir la institución tras más de cinco décadas de quehacer investigativo en el estudio de la atmósfera y de los fenómenos que en ella se generan.

Es el mérito de cientos de ingenieros, técnicos y operarios que desde julio de 1966 (algunos desde mucho antes) han puesto sapiencia, corazón y altas cuotas de sacrificio para enriquecer el aval del centro científico camagüeyano, ubicado en áreas aledañas al Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte Loynaz.

A la hora del recuento todos coinciden en mencionar a los imprescindibles: Róger Rivero Vega, quien «estuvo en el origen de todo»; Braulio Lapinel Pedroso, «impecable a la hora de poner en orden una estación meteorológica»; Roberto Aroche Ramírez, «erudito en todos los campos de la meteorología»…

A ellos se unen, por méritos propios, Juan Carlos Antuña Marrero, «experto en óptica atmosférica»; Carlos Alberto Pérez Sánchez, «líder de los trabajos sobre lluvia provocada»; Roberto Acea Reyes, «el rey del instrumental meteorológico»; y Orlando Rodríguez González, «avezado especialista en radares».

El ejemplo, el rigor y la perseverancia de esos y otros muchos veteranos han contagiado al resto del colectivo, sobre todo a las nuevas generaciones de trabajadores, en pos de alcanzar elevadas competencias profesionales que les permitan encarar con éxito los múltiples desafíos que enfrenta la institución en la actualidad.

FEBRIL ACTIVIDAD CIENTÍFICA

Resumir los aportes del Centro Meteorológico de Camagüey constituye una empresa harto difícil, si se tiene en cuenta que el rango de su desempeño es sumamente diverso: pronósticos de huracanes, agrometeorología, aerología, sequía y alerta temprana, radiación solar, aerosoles estratosféricos y radares meteorológicos, entre otros.

Si a tales asuntos se suman las investigaciones sobre el cambio climático y su impacto en la agricultura y la ganadería, las indagaciones sobre las tormentas locales severas y la participación en los estudios provinciales de peligros, vulnerabilidades y riesgos, es fácil descubrir allí una febril actividad científica.

Todo ello sin descuidar una de sus misiones fundamentales: el procesamiento y transmisión, con calidad y prontitud, de los datos a través del sistema de vigilancia meteorológica, para elaborar las predicciones del estado del tiempo y otro tipo de información especializada a diversos sectores de la producción y los servicios.

La base para el funcionamiento del Centro Meteorológico está en su amplia red de estaciones, ubicadas en la ciudad cabecera provincial y en los municipios de Santa Cruz del Sur, Guáimaro, Nuevitas, Esmeralda y Florida, desde donde fluye de manera permanente y fiable la información en tiempo real.

Gracias a la infraestructura creada, a su posición geográfica, al hecho de ser un territorio poco azotado históricamente por huracanes y al prestigio bien ganado a base de rigor y amor por la profesión, la institución camagüeyana funciona, además, como centro alterno del Instituto de Meteorología de Cuba.

CAPITAL DE LOS RADARES

A partir de la experiencia acumulada durante años por un entusiasta y muy profesional equipo de trabajo en la explotación, mantenimiento y reparación de las instalaciones de radares meteorológicos, se decidió ubicar también allí, en 2003, el centro nacional encargado de tan importante actividad.

Desde esa fecha funge como director Orlando Rodríguez González: «Aquí se logró automatizar, en 1997, el primero de los radares y, gracias a tal resultado, este pequeño colectivo recibió la encomienda de modernizar las ocho estaciones ubicadas en toda la geografía cubana, proceso que se prolongó hasta 2006».

Fruto igualmente del empeño creador de los especialistas camagüeyanos, se diseñó y montó en Cuba el primer radar con tecnología Doppler, dotado de dos longitudes de onda, lo cual significa que, además de la intensidad de las precipitaciones, puede determinar la velocidad de las partículas y los flujos del viento.

Explica el investigador que conocer tal información es muy importante y redunda en un mejor pronóstico, pues permite reconocer la presencia de tornados, frentes de racha y aeroavalanchas que de otro modo pasarían inadvertidos o dudosos para un radar convencional.

Orlando Rodríguez recuerda que fue en 2004, durante el paso del huracán Iván por la región occidental del país, cuando se propone, a instancia de Fidel, la posibilidad de construir un radar Doppler para mejorar los pronósticos de huracanes, anhelo que pudo concretarse ocho años después de perseverar en el empeño (demorado por el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba).

Demostradas ya sus ventajas, se asume ahora su aplicación en otras estaciones del país, mientras los especialistas trabajan en la asimilación de nuevas tecnologías y en la elevación de la calidad de los servicios técnicos, como inapreciable aporte, no solo a Cuba, sino a toda el área del Caribe.

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