Guáimaro, Camagüey.–Siglo y medio después, este poblado es otro y el mismo a la vez: otra su fisonomía, matizada con sutiles toques contemporáneos; similar, la hidalguía y el honor de su gente, habituada a no dejarse vencer por el pesimismo y la incertidumbre ni en los momentos más difíciles y complejos.
Aquella casi desconocida comarca de la geografía cubana en la segunda mitad del siglo XIX saltó a la inmortalidad, y se hizo célebre, al convertirse en referencia obligada cuando de principios y maneras de conducir los destinos de la Patria se trata, por encima de visiones contrapuestas y desavenencias personales.
En el espacioso salón donde hace 150 años tuvo lugar la Asamblea de Guáimaro, hoy recién restaurado museo, parecen escucharse con similar vehemencia los argumentos y las propuestas de los delegados provenientes de las tres regiones incorporadas entonces a la guerra contra la metrópoli española.

Orientales, camagüeyanos y villareños, aún sin la experiencia política necesaria para afrontar asuntos de tamaña envergadura, supieron, en medio de enconados debates y no pocos desacuerdos, encontrar el justo medio que limara asperezas y abriera el camino hacia el objetivo supremo: la independencia de la Cuba amada.
Bien lo supo valorar José Martí, quien 23 años después del histórico suceso escribiría en el periódico Patria: «Más bella es la naturaleza cuando la luz del mundo crece con la de la libertad (…). Guáimaro libre nunca estuvo más hermosa que en los días en que iba a entrar en la gloria y en el sacrificio».
***
En aquel pequeño poblado de gente hospitalaria y laboriosa, al decir del Héroe Nacional, «entraba la revolución en la república», una república que sancionó una constitución fundacional y nombró un gobierno de los cubanos y para los cubanos en acto inaugural de una auténtica tradición democrática entre las fuerzas patrióticas.
Fue también en sus predios, en medio de un ambiente colmado de proyectos emancipadores, quizá como colofón de tantas emociones acumuladas, donde Ana Betancourt sorprendió a muchos con un vibrante discurso en el que defendió los derechos de la mujer y exigió se le permitiera luchar por la libertad de Cuba.
Transcurrido un mes apenas del revuelo provocado por las huestes libertarias en su afán unitario y ante la posibilidad de caer Guáimaro en manos de las fuerzas españolas, sus pobladores decidieron incendiarlo para «salvar del enemigo, por el fuego, al pueblo sagrado, y darle ruinas donde esperaba fortalezas».

Al evocar un acto tan sublime y aleccionador, el Apóstol de la independencia cubana anotaba emocionado:
«Ni las madres lloraron, ni los hombres vacilaron, ni el flojo corazón se puso a ver cómo caían aquellos cedros y caobas. Con sus manos prendieron la corona de hogueras a la santa ciudad, y cuando cerró la noche, se reflejaba en el cielo el sacrificio. Ardía, rugía, silbaba el fuego grande y puro; en la casa de la Constitución ardía más alto y bello».
De las cenizas y la destrucción total resurgió Guáimaro no una vez: como mismo en 1869, las llamas volvieron a consumirlo durante la guerra necesaria, cual símbolo de dignidad de un pueblo siempre presto a las mayores y más sensibles privaciones antes que a ser sojuzgado por enemigo alguno.
***
Fieles a su rica tradición patriótica, los guaimarenses alistan los mejores atuendos para conmemorar, este 10 de abril, el aniversario 150 de la primera Constitución de la República en Armas, histórico acontecimiento que convirtió a esa localidad, por derecho propio, en cuna del constitucionalismo cubano.
Como para no dejar lugar a dudas, el 24 de febrero pasado asistieron de manera masiva al Referendo Constitucional (93,7 %) y, de esa cifra, el 94,4 % dio su voto favorable a la nueva Carta Magna que será proclamada oficialmente, también el 10 de abril próximo, por la Asamblea Nacional del Poder Popular.
A la convocatoria lanzada a instancia de las autoridades locales, la participación ciudadana y el aporte empresarial se han hecho presentes, además, en decenas de obras construidas o restauradas en los seis consejos populares, que dan respuesta efectiva a reclamos de la población y mejoran su calidad de vida.

Tras meses de arduo batallar, la relación de instalaciones concluidas se enriquece por día: viviendas, consultorios médicos, escuelas, parques, restaurantes, tiendas, pastoreos de ceba, vaquerías, centros recreativos, monumentos, tejares… hasta la cincuentenaria emisora Radio Guáimaro con una imagen renovada.
Sin embargo, está claro para los habitantes de esta zona ganadera por excelencia, que lo logrado hasta ahora es apenas una pequeña muestra de lo mucho que queda por hacer y por mejorar, convencidos del enorme potencial productivo del territorio y del sustancial aporte que pueden hacer a Camagüey y al país.
Ese será también, lo saben, el mejor tributo que pueden rendir a aquellos que, «en horas de heroica virtud», lo dieron todo, incluso la vida, por una Patria libre de ataduras ajenas y abierta siempre al amor y a la concordia entre los cubanos buenos bajo el espíritu de la más estrecha e inquebrantable unidad de acción.

Fuente: El 10 de Abril. José Martí. Obras completas, tomo 4, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975.


















COMENTAR
julio dijo:
1
8 de abril de 2019
10:03:27
Roberto Gil Ontivero dijo:
2
8 de abril de 2019
11:28:14
Ramon dijo:
3
10 de abril de 2019
09:04:03
Responder comentario