
La Habana, 27 de enero, 10:30 p.m., un auto del periódico Granma se dirige al municipio de Diez de Octubre para llevar a un trabajador a su casa.
Debimos partir a las 8:30, pero el viento y la lluvia demoraron la salida, un compañero previsor aconsejó esperar a que amainara el viento, a esa hora en ráfagas poderosas.
Los faros del auto alumbran la calle, árboles caídos, postes y cables del tendido eléctrico, láminas de techo y planchas de fibrocemento nos cierran el paso, la ciudad se encuentra totalmente a oscuras, mientras más nos acercamos a la calle General Lacret peor se muestra el escenario.
Siento la coz de los caballos, siento las ruedas de los carros; acude Martí, El universo habla mejor que el hombre. Cual bandera que invita a batallar.
Emergen de las sombras las imágenes del destrozo, autos volcados, destruidos y en medio de las tinieblas la gente nos alumbra con sus linternas, nos guía, nos advierte, el pueblo está en la calle.
Miro a los hombres como montes; miro, como paisajes de otro mundo, el bravo codear, el mugir, el teatro ardiente de la vida en mi torno.
El que perdió su casa tiene techo en casa del vecino, el herido es socorrido de inmediato, la gente movilizada lo da todo, se ofrece entera. La desgracia desenmascara como nadie a la mentira, cualquier cosa negativa que se diga de los habaneros, queda borrada, la falacia no tiene espacio cuando el valor y la solidaridad se muestran en toda su magnitud, con la sencillez del humilde, del que comparte lo que tiene, lo que pudo salvar de la tormenta.
El chofer de nuestro auto, sorteando cables y árboles derribados, avanza en la oscuridad, no vemos nada, casi tropezamos con tanques de basura atravesados en la vía, un pedazo de techo nos enfrenta en una de las calles, tratamos de encontrar la mejor forma de llegar, actúa de manera natural, es algo que lleva dentro de sí, actúa con desprendimiento, con valor humano, su acto lo desviste de oropel. Le pregunto con intención: ¿lo vas a dejar en la puerta de la casa?; pues claro, responde.
Recuerdo las jornadas de Guantánamo, cuando el huracán Matthew, Baracoa crecida, levantándose del golpe a golpe de solidaridad, de heroísmo, estuve allí, fui testigo de la grandeza de nuestro pueblo, nunca me he sentido tan orgulloso de ser cubano, anoche igual, sentí orgullo de ser cubano, de vivir en la capital, de ser uno de ellos, de esos que sienten como suyas las desgracias de los demás.
De regreso vemos más personas laborando, limpiando la vía, colaborando, ayer cumplió años el Apóstol, Cuba nos une… Auras de Cuba nuestro amor desea: Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo.
NOTA: Los versos son de José Martí













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zailys dijo:
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29 de enero de 2019
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abelboca dijo:
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Juan Jorge Arvizu Acosta dijo:
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