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Celia Sánchez Manduley: es imposible escribir la historia de la Revolución Cubana sin tener en cuenta su personalidad y trabajo. Foto: Archivo

Celia siempre quiso pasar inadvertida, sobre todo cuando más méritos sumaba a su vida, pero precisamente los hechos le jugaron «una mala pasada» y es imposible escribir la historia de la Revolución Cubana sin tener en cuenta su personalidad y trabajo.

Es una ahijada campesina entre muchos niños serranos que trajo de la Sierra Maestra, a estudiar o curarse, la que ha roto su voluntad de no hacerse notar, ni mostrar, hasta la antesala de su muerte, su lógico sufrimiento dada la enfermedad que padecía: de esa vida extraordinaria trata el libro de testimonios Celia, mi mejor regalo, de Eugenia Palomares Ferrales, una de sus ahijadas de El Naranjo, Sierra Maestra, 1957, hoy Licenciada en Historia y Ciencias Sociales… gracias a «Mamia»: Celia Sánchez Manduley.

La autora inicia y concluye la historia de Celia, con testimonios de los miembros de su familia, con excepción de la madre que murió de 38 años, cuando Celia Sánchez Manduley tenía seis años de edad y era la tercera de los ocho hijos de Acacia Manduley Alsina y el doctor Manuel Sánchez Silveste, médico y dentista de Media Luna, antigua provincia de Oriente, cerca de la región costera del golfo de Guacanayabo.

Uno de sus hermanos –Manuel Enrique– piensa que la muerte de la madre a quien más afectó entre todos sus hermanos fue a Celia. No corría, no brincaba… fue una etapa mala para ella.

Pasado un tiempo, empezaría a experimentar sucesivas transformaciones, cambiando los juegos personales por juegos colectivos y de hecho, también, Celia se convirtió en el mando del hogar junto a su padre, que entonces tenía 39 años y no se volvió a casar.

Flabia, otra de las hermanas, habla entre muchas particularidades excepcionales de Celia de su aplicación en el estudio, en una escuela privada y otra pública, así como en el aprendizaje del piano, pero sobre todo en el dibujo y la lectura, pues el padre tenía una biblioteca en su casa, junto al dispensario médico-dental. Siguen testimoniando los hermanos, y en estos pasajes que recoge Eugenia Palomares hay un punto de absoluta rebeldía. Abandona la determinación de hacerse bachiller porque un profesor le critica duramente su letra. Sus palabras determinantes son: «O él no puede ser profesor porque no sabe leer, o yo no puedo graduarme porque no sé escribir». Y puso punto final. De hecho adoptó el camino autodidacta. Y si algo le molestaba –decía Celia– es que, al triunfo de la Revolución, se escribiera o la mencionaran como la «doctora» Celia Sánchez Manduley.

Todos destacan ese «don» de la organización, del buen gusto y de la alegría de vivir. Nadaba, manejaba como el mejor de los choferes, hacía bromas, bailaba y en la década de los 30 un enamorado le escribió un soneto, del cual leamos un fragmento: Con tu mirar que me emociona/ Me hiciste estremecer./Celia, portadora de belleza/ De esta tierra de grandes Flor amada por doquier.

La Celia de Media Luna sería después la de Pilón, luego de que su padre se mudara a ese pueblo cercano. Pronto revolucionó a Pilón, las tradicionales fiestas  de fin de zafra azucarera que se hacían en el pueblo, ella las convirtió, como por arte de magia, en el movimiento cívico Pro-Pilón para mejorar el pueblo y a sus habitantes. Para recaudar fondos incluso viajó a Estados Unidos. El fenómeno cívico Pro-Pilón llegó a conocerse hasta en Nueva York.

Por otra parte, siguen dando información los testimonios recogidos por Eugenia que, de hecho, la casa de Pilón  ella la convirtió en un hotel, pues no había ninguno en el pueblo y Celia recibió allí a Eduardo Chibás, durante un recorrido del líder ortodoxo.

El año 1953 fue el de más trascendencia histórica. Celia era martiana, estudiosa de la Historia de Cuba, de manera que ascendió la cima del Pico Turquino en el centenario del Apóstol, junto a su padre, con 62 años de edad. La expedición integrada por la Asociación de Alumnos del Seminario Martiano, y el Instituto Cubano de Arqueología,  colocó allí el busto de Martí esculpido por Gilda Madera. Nada sabía entonces Celia de la organización liderada por el joven abogado Fidel Castro para no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario. El asalto al Moncada, unos meses después, desencadenó todas las fuerzas de Celia.

Tanto fue así que el 30 de Noviembre y el desembarco del Granma tuvieron en ella a una protagonista preparada, patriótica y físicamente apta para todo. Mucho se conoce de su incorporación a la Columna Uno «José Martí» con Fidel en La Plata. La primera mujer  que se incorporó al Ejército Rebelde.

Su labor sin parangón puede medirse, en este libro, con un solo hecho descrito dramáticamente: desde la Sierra se ocupó del  tratamiento de su padre gravemente enfermo, ingresado en un hospital de La Habana.  Ella sabía que iba a morir. Pero consideró que por él y su compromiso con la Revolución no debía planear ningún encuentro en sus últimos momentos. Cuenta este hecho dramático su hermana, destacando paso por paso cuanto hizo Celia al respecto.

Eugenia Palomares toma la voz fundamental del itinerario de Celia a partir del triunfo de la Revolución, cuando su madrina la hace traer a La Habana para curarla, porque tenía una compleja deformidad. Y lo consigue. De ahí que sea una hija más de muchos que Celia Sánchez o Fidel hicieron traer de las montañas. Pero Eugenia, en su momento, fue una más en la casa de Celia en la calle 11. Primera misión –le dijo–, ahora a estudiar, a leer, a aprender. Eso era determinante para Celia y ella lo cumpliría.

El gran drama en el libro se desata cuando Celia Sánchez determina que la lleven al hospital Calixto García, de hecho conspira para lograrlo. Sabe perfectamente que está enferma. Y no desconoce que también lo sabe Fidel. El proceso para la operación compleja lo rebasa y es capaz de viajar a Nueva York y participar en la Sesión correspondiente de Naciones Unidas, de hecho convaleciente. Pero no como espectadora, sino trabajando.

Y de vuelta continuó organizando asuntos de extraordinaria importancia para tener al día cada punto de su compleja y larga agenda como Secretaria del Consejo de Estado.

Dice Eugenia: «De vuelta a casa, la vi sentada sobre la mesa del comedor, moviendo sus piececitos con los zapatos beige de tacones y luciendo un aditamento que Eduardo, su peluquero, le había hecho para que ella misma se lo acomodara. ¡Nadie podía imaginar su gravedad! Solo Fidel y los médicos, seguramente.

–¿Como estás madrina? –le pregunté.

–Bien, fíjate que me comí el pan con queso que sirvieron en el avión y todo lo demás. Me siento de lo mejor –esa fue la respuesta de Celia.

La autora debió hacer un esfuerzo extraordinario para narrar los meses, pocos, que transcurrieron entre 1979 y el 11 de enero de 1980 cerca de Celia incansable, luchando contra lo imposible para realizar cada plan o necesidad del Estado y que pocos, muy pocos conocieran su estado terminal.

De eso trata este testimonio excepcional sobre una de las mujeres más grandes de la Revolución, cuya comunicación con el pueblo, sabiduría, capacidad de trabajo e incondicionalidad a Fidel, no podrá escamotear nunca su modestia.

En el aniversario 60 del triunfo de la Revolución, conocerla además de por sus obras, que fueron muchas, es  un deber, y a ello invita Celia, mi mejor regalo, obra publicada por la editorial Verde Olivo.

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Angel Cecilio Pino Cano dijo:

1

11 de enero de 2019

06:42:41


Celia ... nuestra inolvidable madrina ... la UNICA que como nosotros miembros del Ejército Rebelde ... es merecedora de esa distincion ... por ejemplo, sencilla, fiel y valiente ... NUNCA nos dejo de apoyar y ayudar en nuestros avatares y empeños ... GLORIA eterna a ella ...

nany dijo:

2

11 de enero de 2019

07:48:47


Celia Sánchez Manduley fue la Mariana Grajales de la Revolución Cubana. Aunque la naturaleza no le dio hijos fue capaz de ofrecer amor y ayuda a miles de niños y jóvenes .Nunca será mucho lo que se publique o diga sobre ella. Fue la Heroina del Moncada , de la Sierra Maestra y de la clandestinidad. La tia sensible que supo escuchar a los humildes, a los que siempre tendió su mano generosa. La mujer firme y segura de sus criterios y convicciones. Celia fue un baluarte, un pilar indispensable para la Revolución y para Fidel. Celia querida, nunca te olvidaremos . Estarás en el recuerdo de nuestro pueblo para siempre. ! Viva Celia Sánchez Manduley !

Loidel dijo:

3

11 de enero de 2019

08:22:33


Para mi celia fue una gran mujer aunque no la conoci pero con su historia tanto en clase como en el trabajo el los matutino era una gran mujer muchas mujeres tienen que seguir el ejemplo de ella viva celia