
La lengua española asiste hoy a un proceso convulso de cambios, estimulados también por la necesidad que han tenido las personas de atemperar las reglas ortográficas a las tecnologías de la infocomunicación. Hace menos de un año, la Real Academia Española (RAE) actualizó su estado e incluyó nuevas acepciones de origen inglés; tal es el caso de container, cracker, fair play, hacker y holter, las que conservaron su escritura.
Los neologismos crecen y otros términos parecen extinguirse. Tal es el caso de casete, que salvo en contadas referencias, ha perdido la influencia que antaño tenía. ¿Quién oye hoy hablar o lee algo relacionado con los disquetes? Muy pocos, ¿verdad? A medida que las tecnologías desaparecen, así también lo hace el uso que hacemos de esos términos.
Merece nuestra atención cómo un puñado de nuevas palabras se han hecho indispensables en nuestro vocabulario. Las nuevas generaciones las hemos hecho nuestras, como es lógico. Así, es más fácil pensar en postear o tuitear, que en escribir un mensaje. Whatsapp y Facebook, por solo citar dos casos, van imponiéndose en nuestro día a día; superan con creces en usuarios a cualquiera de los sitios en español.
¿Por qué las nuevas palabras del idioma español relacionadas con el uso de la tecnología provienen del inglés? Ante todo, es necesario observar en este punto que las grandes empresas de las tecnologías de la información y las comunicaciones pertenecen, en su mayoría, a países angloparlantes y, por supuesto, las palabras creadas por estas tienden a originarse en esas naciones.
Al idioma, como resultado de la amplia difusión de los medios de comunicación digitales, han entrado oficialmente numerosos neologismos ciberculturales tales como tuitear, guglear, link y chatear, entre otros. A esto se suma que a determinadas palabras se le han dado nuevos significados. Antes del 25 de noviembre de 1985 para cualquier persona windows solo significaba «ventana» en inglés; posterior a esa fecha, la palabra se popularizó más por el uso que hizo de ella Microsoft para nombrar su sistema operativo.
El fenómeno de la globalización ha traído la exportación de estructuras metamorfoseadas de la lengua. Lo que antes se escribía en inglés, por sus orígenes, hoy se ha hispanizado para darle coherencia con la fonética y ortografía de nuestra lengua materna. Otras palabras, relacionadas con la infocomunicación, se tradujeron literalmente: disco duro, computadora y memoria flash son algunos ejemplos.
Saber las limitaciones de nuestra lengua también es útil. El español, aunque rico, no es completo en significados. De nada sirve tratar de sustituir palabras que no tienen equivalente en español; tal es el caso de blog. Otras, como a la francesa toilette, le han querido adjudicar la traducción de baño, pero no es exactamente eso. El español tampoco puede sustituir la pizza de los italianos, los pymes de los alemanes y el cosmos de los rusos, entre otros ejemplos.
El director de la RAE, Darío Villanueva, en conferencia de prensa dada por la última actualización del diccionario en diciembre pasado, declaró que «la Academia no está cerrada a la incorporación de extranjerismos, sí nos preocupa la reiteración excesiva del uso de palabras en inglés sin que sea necesario».
Hoy el desafío no podría ser otro que el de ser menos propensos a usar palabras extranjeras todo el tiempo. El español es rico en léxico. No hay necesidad de usar likes cuando se puede escribir me gusta. De cualquier manera, corresponde a cada sujeto determinar cómo y por qué usan estas palabras. Las convenciones idiomáticas son necesarias, pero no absolutas. Y no van ligadas necesariamente con el habla popular.
* El autor de este trabajo es estudiante de Periodismo de la Universidad de la Habana













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Luis Capó dijo:
1
25 de julio de 2018
08:29:08
Rafael Nuñez dijo:
2
25 de julio de 2018
08:46:16
Lee dijo:
3
25 de julio de 2018
10:16:24
Rafael dijo:
4
25 de julio de 2018
11:23:55
Angela Lisbet Bello de Loyola Respondió:
28 de julio de 2018
13:19:14
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