El Capitolio, inaugurado el 20 de mayo de 1929, se convirtió en uno de los edificios más emblemáticos de La Habana y de Cuba. A esta construcción no se le puede otorgar una sola autoría debido a que participaron varios especialistas (entre ingenieros y arquitectos) fundamentalmente cubanos, aunque también extranjeros.
Algunos opinan que fue inspirado en el Capitolio de los Estados Unidos, sin embargo, no es del todo correcto. Al igual que el Capitolio de Argentina, estos tres edificios se basaron en el Monte Capitolino o Roca Tarpeya de la Roma antigua, donde se hallaba la ciudadela y el templo consagrado a Júpiter, lugar de coronación de los héroes.
Cuando se decidió buscarle un nombre a la obra que se construiría, se consultó al pueblo para que diera su opinión. Algunos eran del criterio de ponerle Palacio del Congreso y otros simplemente Capitolio, nombre que al final fue seleccionado.

Una publicación de la época, Excelsior, explicó el por qué Capitolio.
«(…) el rey Turquino Prisco, deseando levantarle un templo a Júpiter, ordenó a los mejores artistas etruscos que emplazaran los cimientos del que sería centro de la grandeza romana. (…) A los dos días de trabajo, y a bastante profundidad encontraron la cabeza de un hombre en perfecto estado de conservación, con la palabra Tulus grabada en la frente. Sometido el caso a los adivinos del Oráculo, dijeron que tal acontecimiento prometía a Roma el dominio del mundo y el primer puesto entre las ciudades de la Tierra».
Debido a esto se le colocó el nombre de Caput Toli, que luego se cambió por Capitolium.
Para su edificación se usaron cinco millones de ladrillos, 40 000 metros cúbicos de arena, 40 000 de piedra, 150 000 toneladas de acero. Fue construido por 8 000 obreros, organizados en turnos de ocho horas que hicieron posible la terminación del edificio en tres años y 50 días.
SU CONSTRUCCIÓN
Fue diseñado para que el antiguo Senado y la Cámara de Representantes sesionaran. Su construcción comenzó en abril de 1926 y su fecha final se pensó para 1928, debido a que la Conferencia Panamericana se realizaría en ese año. Sin embargo, cuando se inició la obra, los especialistas se dieron cuenta de que no lo podrían terminar para esa fecha, sino que se debía concluir un año después.
Al inaugurarse comenzó a funcionar el Congreso cubano de aquella época. Sin embargo, estuvo plagado de hechos lamentables, como el ametrallamiento a las personas que participaron en la huelga de 1933; pero a la vez, fue el espacio donde se proclamó la Constitución de 1940, uno de los textos más avanzados entre los promulgados hasta entonces en América.

Entre su construcción y mobiliario costó 16 640 743,30 pesos. Cuando se comenzó la construcción del edificio no existían las condiciones o las herramientas para cumplir con el trabajo, debido a esto, las máquinas y fuerzas productivas fueron importadas.
«Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia, y espíritu». Reza parte del contenido de la tarja que recuerda y rinde homenaje a los obreros muertos durante la construcción del Capitolio.
RESTAURACIÓN ACTUAL
En noviembre del 2012, la Oficina del Historiador de la Ciudad recibió del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, una petición para empezar un largo y complejo proceso de restauración. A cargo de su renovación están Kenia Días, directora de arquitectura y urbanismo del Centro Histórico de La Habana, y Johana Aldo, directora de inversiones de la Oficina del Historiador de la Ciudad.
Este edificio tiene 49 000 metros cuadrados en su totalidad, 25 000 metros cuadrados en jardines, 11 ascensores, 28 patios, seis lucernarios, innumerables oficinas y salones, entre otras características.
Desde el comienzo del proyecto se concentraron en la cubierta debido a que las filtraciones ocasionaron graves daños en la estructura; así como en el acondicionamiento necesario para comenzar los trabajos en el interior del lugar.
El plan incluye cada sala individualmente y para ello se separaron virtualmente por bloques. Se inició por el ala norte y principalmente en la reparación capital del granito, ya que solo en el área exterior tiene 15 000 metros cuadrados de este material. Igualmente se debía reparar la carpintería, las barandas de bronce y la fachada de esa zona.
Algunos de los planos originales del Capitolio todavía existían y se restauraron para su conservación, luego se digitalizaron para una mejor utilización.
Uno de los elementos que se implementó, ya que antiguamente no existían, fue el sistema contra incendios, el de seguridad y la climatización de algunas zonas. Con respecto a esto la ingeniera Mariela Mulet, jefa del departamento inversionista Prado, comenta: «Estos sistemas tecnológicos fue muy complicado de instalarlos ya que anteriormente no existían en el edificio. Por ejemplo, con el clima centralizado tuvimos que, para poder emplazarlos en muchas de las grandes oficinas y salones sin que se notara, realizamos canales o conductos en los mismos pisos, impermeabilizarlos por donde viajaran las tuberías, y luego enmascarar esos equipos de clima con mobiliarios muy similares a los existentes en cada local».
Sin embargo, algunos espacios no pudieron ser climatizados debido a que se dañaría la edificación, y se tomó la decisión de dejarlos como estaban.

En estos momentos se concentran los esfuerzos en la cúpula y en el ala sur del Capitolio. En el caso de la cúpula se tuvo que cambiar todo el drenaje pluvial que estaba completamente dañado.
«Tanto para esa área, como para el resto de la instalación hicimos un diagnóstico con unos equipos que tuvimos que comprar, para poder ver el estado en el que se encontraba. Restauramos puntualmente todas las tuberías con resinas epóxicas para luego reutilizar esos sistemas», continuó.
Además, debido a la inmensidad del proyecto, algunas empresas de La Habana apoyaron la restauración, del Ministerio de la Construcción, de la Escuela Taller de La Habana, cooperativas como Sancof (servicios de andamios y cofres) y Serconst (servicios de la construcción), artistas del Ministerio de Cultura, entre otros; aunque la Oficina del Historiador de la Ciudad es el principal inversionista.
Sin embargo, a lo largo del proyecto existieron complicaciones, «Para poder restaurar los techos tuvimos primero que diagnosticar el estado en el que está la losa de hormigón en el entresuelo. Qué sucede. En el cuarto piso hay mucho patios, y el daño que tenían hacía que filtrase el agua provocando que en el tercer y segundo nivel fuera necesario demoler algunas losas de entresuelo o restaurar losas de hormigón que estaban en muy mal estado, antes de restaurar el casetonado», así lo explica Mulet.
El Capitolio cuenta con 60 tipos de mármoles, entre cubanos e italianos, y afortunadamente se pudo acceder a la misma cantera y a los mismos fabricantes italianos que se usaron en la construcción original.
Las luminarias también fue trabajoso recuperarlas debido que con el paso de los años, algunas simplemente desaparecieron, y otras estaban distribuidas en piezas en algunas zonas del Capitolio. La Oficina del Historiador contactó con un equipo de mexicanos que trabajaban el ónix para que reprodujeran con exactitud las partes que faltaban de las lámparas.
Otro elemento a destacar en la restauración fue la culminación de la Cripta al Mambí desconocido, debido a que fue un despacho que nunca se terminó cuando se construyó el edificio.
«En relación a las esculturas, que exceptuando el Ángel Caído son obras de Angelo Zanelli, fueron contratados artistas italianos para que las restauraran. Por suerte no estaban tan dañadas y lo que se hizo fue todo un proceso de limpieza. Con respecto a la escultura La República, la tercera más alta del mundo bajo techo, se intenta devolverle el enchapado en oro que tenía originalmente, y para eso se trabaja en un proyecto con Rusia para devolverle el dorado a la estatua y a la cúpula», aseguró.

Los bocetos originales usados por el artista, están expuestos en una de las salas de Capitolio abierta al público en la planta principal. Además el pueblo también puede admirar parte del salón de los Pasos Perdidos y el ala izquierda que ya está terminada y que en ella ya residen, desde hace dos años, las oficinas de la Asamblea Nacional.
La renovación de las fachadas las está ejecutando Puerto Carenas perteneciente a la Oficina del Historiador y empresa constructora principal, sin embargo, los materiales, tecnologías y la asesoría técnica utilizados pertenecen a una compañía alemana.
Aún falta mucho por hacer, pero no cabe duda de que las obras ejecutadas son de suma importancia debido al alto valor patrimonial del edificio. El Capitolio es y seguirá siendo un símbolo de Cuba.




















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Andrews dijo:
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5 de julio de 2018
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OSVALDO dijo:
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5 de julio de 2018
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3
5 de julio de 2018
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armando maury rodriguez dijo:
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5 de julio de 2018
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ESTADOUNIDENSE-CUBANO dijo:
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6 de julio de 2018
08:44:14
Isadora dijo:
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6 de julio de 2018
22:54:09
Gilberto dijo:
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8 de julio de 2018
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