
«A caballo por el camino, con el maizal a un lado y las cañas a otro, apeándose en un recodo para componer con sus manos la cerca, entrándose por un casucho a dar de su pobreza a un infeliz, montando de un salto; arrancando velos, como quien lleva clavado al alma un par de espuelas, como quien no ve en el mundo vacío más que el combate y la redención, como quien no le conoce a la vida pasajera gusto mayor que el de echar los hombres del envilecimiento a la dignidad, va por la tierra de Santo Domingo, del lado de Montecristi, un jinete pensativo, caído en su bruto como en su silla natural, obedientes los músculos bajo la ropa holgada, el pañuelo al cuello, de corbata campesina, y de sombra del rostro trigueño el fieltro veterano. A la puerta de su casa, que por más limpieza doméstica está donde ya toca al monte la ciudad, salen a recibirlo, a tomarle la carga del arzón, a abrazársele enamorados al estribo, a empinarle la última niña hasta el bigote blanco, los hijos que le nacieron cuando peleaba por hacer a un pueblo libre: la mujer que se los dio, y los crió al paso de los combates en la cuna de sus brazos, lo aguarda un poco atrás, en un silencio que es delicia, y bañado el rostro de aquella hermosura que da a las almas la grandeza verdadera: la hija en quien su patria centellea, reclinada en el hombro de la madre lo mira como a novio: ése es Máximo Gómez».
(Fragmento del artículo El General Gómez)

















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Guido J Llenas dijo:
1
16 de junio de 2018
10:13:56
eduardo guerra dijo:
2
16 de junio de 2018
11:23:57
Miguel Angel dijo:
3
16 de junio de 2018
13:39:54
Maria Elen Bayón Mayor dijo:
4
16 de junio de 2018
19:11:43
Francisco Javier dijo:
5
17 de junio de 2018
04:42:11
Paulo Novaes Coutinho dijo:
6
17 de junio de 2018
07:22:33
Felix A. dijo:
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17 de junio de 2018
13:15:37
Alfredo dijo:
8
19 de junio de 2018
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