Lo más difícil fueron las marcas que quedaron ceñidas a su recuerdo, de ese momento cuando, sin importar lo que hiciera, el fuego se expandía, y se expandía… Meses de trabajo y sacrificio se perdieron, pero lo más difícil era el peligro de afectar una vida. Lo más difícil era el miedo.
Fue el 30 de enero del 2017. Para los trabajadores del local arrendado por el Estado al grupo creativo Arte y Espacio, encargado de realizar producciones artísticas para su comercialización por el Fondo Cubano de Bienes Culturales, era un día común de trabajo.
De pronto, comenzó el sonido chirriante de la soldadura, que permitía adherir una malla al exterior del centro. Del otro lado, almacenada sin el soldador saberlo, espuma de goma, altamente volátil al fuego. Una chispa fue suficiente.
«El soldador se encontraba por la parte de afuera de la nave, y hay diferencia de altura entre la ventana y la calle, por lo que no se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y siguió soldando», cuenta Alexander Chávez, representante del grupo Arte y Espacio. «En el área de tapicería había solo una persona que, aturdida, en lugar de avisar fue a buscar cubos de agua para apagar el fuego».
Pero ni el agua ni los extintores que se usaron después pudieron impedir las repercusiones del fuego en una de las vetustas paredes del local, que encubría una tubería de gas en mal estado. «La tubería explotó y ya no pudimos continuar tratando de apagarlo. Rápidamente llegaron los bomberos».
La historia puede parecer ajena. Quizá usted no la vio, no conoce a nadie con una experiencia similar o no supo de ella hasta este momento. Pero lo más significativo es que, al igual que este, otros 13 756 incendios ocurrieron en instalaciones dedicadas a ofrecer servicios en el año 2017.
Y cada incendio es una historia de dolor, pérdidas –humanas y materiales–, desgarramiento. En cada llama que se extingue o se propaga hay una deuda con la conciencia, de lo que se pudo hacer, de lo que ya no tiene remedio. Cuando se repara en los daños, no hay cálculo acertado si se perdió un hijo, una madre, un hermano… Lo único que queda es el arrepentimiento.

En el caso del grupo Arte y Espacio, gracias a la acción mancomunada de trabajadores, vecinos y el Cuerpo de Bomberos, no hubo que lamentar pérdidas de ese tipo, sino de proyectos y materias primas, que echaron por tierra el compromiso contraído con los clientes. Pero incluso eso, cuando se siente satisfacción por lo que se hace, implica irremediables perjuicios.
«Fuimos culpables», dice Chávez sobre la falta de percepción de riesgo, por no tomar medidas para proteger el área de soldar ante el peligro de la llama abierta.
«Yo estaba en la calle cuando me llamaron. Enseguida llegamos, en pleno incendio. Nos dio mucho dolor, lo sentimos como si fuera la casa nuestra», cuenta Félix Moreira, trabajador del área de diseño, al tiempo que hace referencia a todas las medidas preventivas adoptadas luego.
«Se hizo un plan de limpieza, que prevé la recogida y protección de la materia prima en cada jornada de trabajo. Se montaron tanques de agua, de mil litros cada uno, que se mantienen permanentemente llenos. Se instalaron, con todo el equipamiento necesario,
las pizarras contra incendios, y se multa a todo trabajador que fume aquí dentro.
«Hoy contamos con extintores de distintos tipos, conocemos la utilidad de cada uno. Tenemos sistemas de cámaras a las que tienen acceso los custodios.
Les hemos brindado preparación a los trabajadores y creamos una brigada especializada, para saber cómo actuar ante cada hecho de este tipo. En la Semana contra Incendios, además, vamos a hacer un ejercicio de simulación para comprobar los conocimientos de todos, y en especial de este equipo», añade Chávez.
Al local, recuperado en alrededor de mes y medio de trabajo, parecen no quedarle huellas de lo sucedido. Pero a su representante sí: «Hago un llamado a la conciencia de cada directivo y persona a reconocer la importancia que tiene proteger las vidas humanas y los recursos. Nosotros lo sentimos en carne propia».
Más allá de eso, urge revisar periódicamente los planes de medidas contra incendios, controlar su puesta en práctica y tomar medidas severas con los infractores. Urge la creación de conciencia, la preparación constante de los trabajadores para enfrentar todas las causas, pero sobre todo, aquellas más comunes, las de origen eléctrico y por el uso de llama abierta.
Ofrecer mantenimiento y protección a los equipos, evitar la sobrecarga de las líneas, no arrojar fósforos ni cigarros encendidos, evitar la quema de basura, son solo algunas de las medidas que pueden adoptarse para evitar un incendio. Precaver, como asegura el acervo popular, es mucho mejor que lamentar. Precaver es salvar, es evitar las marcas imborrables que se ciñen al recuerdo.




















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Rendón dijo:
1
18 de mayo de 2018
08:19:42
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