ESMERALDA, Camagüey.–Es sábado en la mañana y apenas se ven personas transitar por las calles del antiguo batey Jaronú (hoy Brasil), todo un espectáculo a la vista del visitante por la belleza de sus casas y el orden peculiar del conjunto urbano.
«Es que las familias aprovechan el fin de semana para hacer las tareas propias del hogar», aclara uno de los pocos transeúntes que en ese momento se dispone a viajar, mochila a la espalda, hacia la cabecera provincial a unos 80 kilómetros de distancia.
Quien ahora se asombra de los encantos y la tranquilidad del lugar, no puede imaginar que hace tan solo unos meses el paisaje que dejó a su paso el huracán Irma era realmente desolador, por sus secuelas de destrucción y el fuerte impacto en los habitantes.
Viviendas derrumbadas, tejados hechos añicos, árboles caídos, postes eléctricos en el suelo, propiedades a la intemperie, servicios colapsados… una imagen desconcertante que aún perdura en la mente de los vecinos cual odiosa pesadilla.
¡Salvar a Jaronú!, fue entonces la palabra de orden que puso en pie a toda una provincia, con sus autoridades al frente, para en medio de tantas vicisitudes y apremios definir como prioridad la preservación de esa joya de la arquitectura y el urbanismo cubanos.
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Por su experiencia en tales afanes, correspondió a los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC) asumir la encomienda de coordinar y asesorar los trabajos de restauración del Monumento Nacional.
Puntualiza José Rodríguez Barreras, su director, que para entender lo sucedido hay que tener en cuenta que el huracán vino a acentuar problemas presentes en el patrimonio de la casi centenaria comunidad y a agravar las condiciones de vida de la gente.
«El batey original, asegura, se hizo para 4 000 personas y hoy es el consejo popular Brasil con más del doble de habitantes, amén de lo costoso que resulta para una familia mantener una vivienda a fuerza de madera y de tejas únicas traídas desde Estados Unidos».
A ello se sumaba otro problema: el deficiente estado de la infraestructura de servicios básicos, que no respondían ya, ni en cantidad ni en calidad, a la demanda de la población local y la procedente de otros asentamientos cercanos.
«Por tanto, refiere Rodríguez Barreras, el proceso de recuperación de las afectaciones del huracán se transformó en un programa ambicioso de intervención integral del batey, que diera respuesta a las necesidades actuales y de crecimiento hacia el futuro».

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Ya sobre el terreno, la «tropa» de la OHCC no se dedicó solo a sanar las heridas del conjunto arquitectónico: para dar pasos acertados hicieron levantamientos sociológicos, censos, consultas y profundizaron mucho más en la historia del batey y de su gente.
María Isabel Carmenates Bringas, directora del Plan Maestro, comenta que esa información resultó valiosa para, además de preservar los valores patrimoniales, organizar la comunidad, facilitar el cambio de uso de algunas áreas y mejorar los espacios públicos.
Ello conllevó un titánico esfuerzo de más de un centenar de trabajadores de la Empresa Provincial de Restauración y Conservación y de brigadas no estatales, quienes se encargaron de darle mantenimiento a la totalidad de las cubiertas afectadas.
«Es decir, subraya Carmenates Bringas, se laboró para diez o 15 años más en la mejoría de muchos inmuebles, a partir de la recuperación y el reciclaje de los materiales (tejas y madera), lo que benefició a unas 230 familias y a 18 instituciones estatales».
De manera simultánea, brigadas constructoras, apoyadas por trabajadores llegados desde todos los confines de la provincia, hicieron la proeza de transformar dos gigantescas cuarterías, con altos niveles de hacinamiento, en cien confortables apartamentos.
Otras 200 viviendas típicas campesinas destinadas a damnificados del huracán Irma, muchos de ellos obreros del central, se edificaron en esos meses de duro batallar en los alrededores del batey por el contingente azucarero Eliseo Acosta Pérez.
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Entre obras en ejecución y otras en fase de proyectos, Ailén Marín, proyectista principal de la OHCC, explica que se pretende dotar al consejo popular Brasil de una sólida red de servicios que permita asimilar los retos del desarrollo futuro de la zona.
Se refiere la especialista a la proximidad del asentamiento a varios de los cayos del norte de la provincia, enlazados con tierra firme por un extenso pedraplén, donde tiene lugar un importante proceso inversionista en el sector turístico.
Sin embargo, Jaronú tiene ya bastante que mostrar: un complejo de salud con policlínico, clínica estomatológica, sala de rehabilitación, casa del adulto mayor, hogar de ancianos, farmacia, consultorio médico y una residencia para los galenos no residentes.
Prácticamente nuevos quedaron el círculo infantil Granitos de Azúcar, la escuela primaria Camilo Cienfuegos, y el instituto politécnico Dagoberto Rojas Montalván, centro formador, entre otras especialidades, de los futuros trabajadores del turismo.
El programa de reordenamiento, concentración y apertura de nuevos servicios se extendió también a las entidades culturales, deportivas, recreativas, gastronómicas y comerciales, que sirven de complemento a los excepcionales valores patrimoniales del batey.
Casi a la par se repararon las líneas eléctricas y telefónicas, los viales, el alumbrado público, los parques, la panadería-dulcería y varias oficinas de trámites para una población que a la vuelta de unos años se espera supere los 24 000 habitantes.
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Carlos, Haily y David tienen ahora donde correr y jugar a plenitud en un ambiente agradable, el mismo que encuentra cada día el octogenario Pablo Bustamante para estirar las piernas mientras espera la hora del almuerzo en el hogar de ancianos.
«¡Oiga, esto ha quedado bárbaro! El cambio ha sido total. Tenemos cafetería, restaurante, pizzería, tiendas, pescadería, placita, barbería, peluquería y hasta comedor para asistenciados», afirma satisfecho el trabajador agrícola Ramiro García Bell.
De visita en el lugar, Alejandro Hartmann Matos, historiador de la ciudad de Baracoa, dice no sorprenderle tanta obra hecha: «Esto es Cuba, por eso nadie podrá con nosotros. Frente a vientos y mareas, somos capaces de hacer, de la tristeza, felicidad y alegría».
Similar es el parecer de Nilson Acosta Reyes, vicepresidente del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, quien pondera la calidad, en términos profesionales, de los trabajos realizados, siempre respetuosos del valor patrimonial del conjunto.
«Creo que es un referente, declara, que puso de manifiesto cuánto se puede hacer en poco tiempo y con recursos limitados pues, como Jaronú, hay muchos ingenios en Cuba necesitados de este tipo de intervención y de atención social».
Solo resta que las personas que habitan el batey monumento aprecien tanto esfuerzo y cuiden la obra colosal, que lo ha hecho resplandecer nuevamente como joya del patrimonio cultural de la nación cubana, para orgullo de las presentes y futuras generaciones.
PRECISIONES
- Los ingenios azucareros y sus bateyes forman parte del patrimonio histórico de Cuba, por haber sido durante siglos la actividad económica principal del país.
- Su valoración constituye un factor básico para la comprensión de la identidad cultural cubana en el ámbito territorial, pues conforman el hábitat de miles de personas que dependieron y dependen de esa industria para su existencia.
- Al triunfar la Revolución existían en Cuba 150 centrales azucareros con sus respectivos bateyes.
- En la década de los 80 del siglo pasado se construyeron nuevos centrales, como el 30 de Noviembre, en la actual provincia de Artemisa; 5 de Septiembre, en Cienfuegos; Batalla de Las Guásimas y Jesús Suárez Gayol, en Camagüey.
- En el 2002, como parte de la Tarea Álvaro Reinoso para el reordenamiento de la actividad cañero-azucarera en el país, se paralizaron y desactivaron gran cantidad de centrales azucareros. Actualmente en cada zafra funcionan como promedio 54 centrales.
- Desde hace varios años está en marcha un programa de reanimación económica y social de los bateyes, en especial de aquellos ubicados en antiguos centrales desactivados.
- Por sus valores patrimoniales, solo dos bateyes en Cuba han sido declarados Monumentos Nacionales: el del antiguo central Jaronú (Brasil) en el municipio de Esmeralda, Camagüey; y el del central Cunagua (Bolivia), en Ciego de Ávila.













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marlen dijo:
1
24 de abril de 2018
12:38:02
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