SANTIAGO DE CUBA.–Expresión del desarrollo económico, científico, político y social alcanzado por Cuba, el cierre del pasado 2017 con la tasa de mortalidad infantil (4,0 por cada mil nacidos vivos) más baja en la historia de nuestro país, se convirtió en la noticia más feliz con que los cubanos recibieron el nuevo año.
No obstante constituir un indicador de lujo para cualquier nación del Primer Mundo, el miembro del Grupo Nacional de Ginecología y Obstetricia durante 18 años, jefe de su colectivo en la provincia y asesor del grupo de trabajo del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en el oriente de la Isla, aseguró a Granma que ese resultado puede mejorarse aún más.
«Hay que estar claros –refirió–, de que se trata de un registro de puntería, superior al de Estados Unidos, y de sano orgullo para Cuba como nación bloqueada, de ahí que la principal divisa para seguir mejorándolo esté en la capacidad de nuestros especialistas y en la atención que dedican el Estado cubano y el Ministerio de Salud Pública (Minsap), a este sensible indicador».
Por ello, acorde con su responsabilidad y el compromiso con el Comandante en Jefe Fidel Castro, máximo impulsor de un programa centrado en la felicidad de la familia, el propósito del Minsap para el actual año 2018 es llevar ese indicador a menos de 4,0 por cada mil nacidos vivos.
«La estrategia está trazada –dijo el también miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Ginecología y Obstetricia–, y un imperativo elemental lo constituye el perfeccionamiento del control del riesgo reproductivo preconcepcional, como premisa de la salud reproductiva. Para ello el grupo básico de trabajo, así como las diferentes instituciones del país, deberán realizar el control adecuado de la mujer en edad fértil y especialmente de aquellas que presentan enfermedades preexistentes como diabetes, hipertensión arterial, cardiopatías, enfermedades hematológicas y obesidad, entre otras, que son fuentes de aparición de complicaciones y defunciones; por tanto, será importante el control del riesgo para que la mujer alcance la estabilidad adecuada y después un embarazo en mejores condiciones, como parte de los derechos reproductivos».
Autor de cuatro de los ocho libros en su haber, numerosas publicaciones más, de cursos, talleres y entrenamientos relacionados con la especialidad, que en el 2016 lo hicieron merecedor del otorgamiento por el Departamento Materno Infantil del Minsap de la distinción Maestro de Generaciones, el experto concede prioridad al niño de bajo peso al nacer.
«No puede ser de otra forma –expuso–, dada su relación de manera directa con la mortalidad perinatal y la morbilidad (expresada tanto a corto como a largo plazo en las alteraciones de la nutrición y desarrollo de estos niños que incluyen los estados de discapacidad), de ahí que en este importante indicador, reflejo a su vez del desarrollo de un país, se requerirá para el actual año una tasa por debajo de un 5 %.
«Semejante atención –precisó–, demanda de cuidados especiales en el indicador de mortalidad materna. En el año 2017 hubo cinco defunciones maternas menos que en el 2016, y si bien representa una reducción, todavía se aspira a mejorar este indicador, por tanto, se implementan estrategias para lograr tasas acordes con las condiciones de desarrollo alcanzadas por el sector de la salud en Cuba. El propósito para el 2018 es lograr una tasa en este indicador de 30, o menos, por cada cien mil nacidos vivos».
¿DE SOLUCIÓN A PROBLEMA?
«Acorde con lo anterior –argumentó el doctor Nápoles Méndez–, entre los años 2010 y 2016 Cuba alcanzó un indicador promedio de cesárea primitiva de 30,5 %, mientras que en el 2017 registró 18,3 %, resultado histórico que representa una reducción del 12,2 %, lograda mediante un grupo de acciones dirigidas desde el nivel central al adecuado control de dicha cirugía.
«Es significativo –destacó–, el indicador de cesárea alcanzado por la provincia de Santiago de Cuba, de 15,7 %, y en ella el 13,7 % del hospital general Doctor Juan Bruno Zayas Alfonso, que además de ser el más bajo del país se considera de excelencia para una institución de tercer nivel de atención, según lo planteado en la reunión de Fortaleza (Brasil) en 1985.
«La sostenibilidad del empeño –recalcó–, debe cumplirse con la premisa de que esta cirugía se realice solo bajo el principio ético y científico de una indicación médica, pues es llamativo ver cómo en el año que culminó la reducción del índice de cesárea primitiva se correspondió con el menor indicador histórico de mortalidad infantil y con una mejora en el indicador de mortalidad materna.
«Esto pone de manifiesto una vez más, que el exceso de cesárea hace que ese proceder se transforme de solución en problema, y que la exigencia de una indicación médica adecuada para llevarla a efecto será la forma factible para asociarla a beneficios maternos y perinatales.
«Cuba ha seguido trabajando con el precepto de Edward Cragie, “cesárea una vez, cesárea siempre”, lo cual exige crear condiciones que permitan el parto transpelviano en mujeres con cesárea previa bajo la premisa de una selección rigurosa de las mismas, y el seguimiento mediante un protocolo estricto.
«De esa forma podría garantizarse el éxito de esta nueva meta en materia de salud, si tenemos en cuenta que las complicaciones que se presentan en las mujeres con cesáreas previas se relacionan con un terreno quirúrgico comprometido por la cirugía anterior, mayor tiempo quirúrgico y anestésico, así como aumento en la frecuencia de placenta previa y acretismo placentario, todos estos causantes de morbilidad y mortalidad materna».
AL LADO DEL PACIENTE
Para asegurar la estrategia referida, el también integrante de la comisión nacional de atención a la paciente obstétrica grave, plantea que seguirá siendo una prioridad que los obstetras desarrollen sus conocimientos en el fisiologismo del parto y sus desviaciones para el control adecuado de las mismas, apoyándose en la realización de los cuidados personalizados.
«Además –explicó–, el desarrollo de las perinatologías en Cuba deberá elevar cada vez más la calidad científica de los especialistas que prestan atención en estos servicios, y mejorarse la tecnología, a lo que ya prestan atención las autoridades de salud. Esto redundará en el manejo adecuado del bajo peso, el mejor control de las alteraciones del bienestar fetal y en elevar la calidad en el manejo de la morbilidad materna grave.
«El parto siempre es una incógnita –enfatizó el doctor Nápoles Méndez–, debido a que el que aparenta ser más fisiológico o con menos riesgos, es el que muchas veces se complica y exige pericia, destreza y profundos conocimientos.
«Vencer esa barrera privativa de países desarrollados que presentan tasas por debajo de 4,0 nos compromete a todos, siguiendo el objetivo de entregar a la madre, la familia y la sociedad, un niño sano».













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