ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El Palacio de Aldama, sede del Instituto de Historia de Cuba, se encuentra actualmente en proceso de restauración. Foto: Jose M. Correa

Imagine, por un instante, un país sin historia. Suponga que no existe registro de su pasado, respuesta alguna a la pregunta «de dónde vengo». Dominaría la desmemoria, la ignorancia. El poeta escocés Robert Burns lo dijo así: «…es cuestión de supervivencia. Si no tuviéramos pasado, estaríamos desprovistos de la impresión que define a nuestro ser».

Con esa certeza, el desarrollo de la investigación histórica ha estado siempre entre las prioridades de la Revolución, fruto del cual surgiera una de las instituciones más importantes para el cultivo de la memoria de los habitantes de esta tierra: el Instituto de Historia de Cuba (IHC).

Fue el 28 de mayo de 1987 cuando, a partir de la fusión del Instituto de Historia del Movimiento Comunista de la Revolución Socialista de Cuba —dirigido por Fabio Grobart—, el Instituto de Ciencias Históricas de la Academia de Ciencias de Cuba y el Centro de Estudios de Historia Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se concretó la creación del IHC.

«Era necesario unificar fuerzas para acometer todo lo relacionado con las investigaciones históricas», cuenta la doctora Dolores Guerra López, fundadora e investigadora titular, y para quien la integración «significó un regalo que enriqueció el acervo cultural de las instituciones. Tuvimos la suerte de tener a Jorge Enrique Mendoza, como el encargado de agrupar a los investigadores y realizar esta gran obra».

«Fue una idea muy útil, que abrió la perspectiva de análisis de la historia», afirma categórico el también fundador Servando Valdés, doctor e investigador titular del IHC.

«Por aquí pasaron los más prestigiosos historiadores de Cuba: Oscar Adolfo Zanetti, María del Carmen Barcia, Jorge Ibarra Cuesta… Nosotros nos nutrimos de todas esas experiencias, aprendimos a escuchar y a participar en los debates científicos».

SALVAGUARDAR LA MEMORIA

Cuentan que el Campo de Marte —hoy Plaza de la Fraternidad— era una zona de ejército en la Cuba colonial, y que no estaba permitido realizar construcciones militares. Cuentan, también, que Domingo de Aldama era un hombre acaudalado gracias a la trata de esclavos, y que logró mediar en la corte española y obtener una real cédula que le autorizó a construir el Palacio de Aldama.

Yoel Cordoví, vicepresidente del IHC, conversa sobre el edificio de estilo neoclásico —considerado la obra arquitectónica más valiosa que se erigió en La Habana durante el siglo XIX— donde tiene su sede esta institución desde su surgimiento hace 30 años, y en la cual estuvo con anterioridad el Movimiento Comunista.

Allí, en una oficina rodeada de libros, comenta que el principal objetivo del IHC continúa siendo el estudio de la Historia de Cuba. Con ese propósito, el centro posee tres grupos de investigación destinados a las etapas colonial, republicana y de la Revolución en el poder, así como igual número de equipos temáticos sobre el desarrollo de la educación, las políticas culturales y el pensamiento político, en particular de Fidel.

Varias áreas y líneas de investigación pautan el desarrollo investigativo del centro, entre ellas, los diversos sistemas económicos en Cuba, las características y singularidades de los procesos políticos, estructura social y modos de vida, historia regional y local, pensamiento y obra del líder de la Revolución, las relaciones internacionales y la diplomacia, y temas sobre estudios historiográficos.

Otros tópicos se cubren con los proyectos de investigación en los que trabajan los investigadores, añade Cordoví, al tiempo que apunta a algunos de suma actualidad, relacionados con la conservación, digitalización y difusión del patrimonio documental.

Por solo mencionar algunos ejemplos, «tenemos el proyecto la Diáspora Negra, que tiene que ver con el rescate de toda la información sobre la esclavitud que existe en archivos provinciales y municipales, así como el de la fotografía y la prensa clandestina, y el de las obras completas de Máximo Gómez y Antonio Maceo. Además, estamos digitalizando las placas de acetato que nos permiten salvar la voz de Enrique Loynaz del Castillo, la única de un general mambí que se conserva…».

A propósito, el también investigador titular pondera la labor de la dirección de información científica, a cargo de los archivos que cuentan con un patrimonio de más de 70 000 documentos, la biblioteca y el laboratorio de restauración y conservación de documentos, eslabones fundamentales para el trabajo de los historiadores.

En aras de divulgar sus resultados, el centro desarrolla, también, tres eventos fundamentales, el de Historia regional y local —materia medular en la que se centra, además, una maestría—, el Primero de mayo —relacionado con el mundo laboral—, y el Simposio de Revolución. Asimismo, añade Cordoví, «contamos con un grupo editorial que tiene a su cargo la publicación de los Cuadernos de Historia, y de las memorias provinciales y municipales».

Resultan de vital importancia para el IHC, de igual forma, las alianzas establecidas con otras instituciones dentro y fuera de Cuba, y el fuerte potencial científico que posee. «Más allá del título (de 37 académicos, nueve son doctores y 15 másteres, y más de la mitad son investigadores titulares y auxiliares), tenemos un grupo de especialistas de muchos años de experiencia, con publicaciones, libros, artículos, asesorías…», puntualiza.

La conservación de documentos constituye una de las prioridades del Instituto. Foto: Cortesía del Instituto de Historia

SELLO DE JUVENTUD

Cuando Malena Balboa conoció sobre el IHC era solo una estudiante universitaria, y por sus profesoras Dolores Guerra, Mildred de la Torre y Angelina Rojas supo «lo que era el Instituto».

«Van a ser diez años ya», admite cuando recuerda aquel 3 de septiembre —fecha en que comenzó a trabajar— y todo lo sucedido hasta hoy, que es máster e investigadora agregada del centro.

–¿Qué significa ser parte del IHC?

–Es un orgullo, una necesidad y un gran reto, porque te exige no quedarte quieto jamás, no estar conforme nunca, trabajar —que es el lema fundamental— y ser humilde. Formar parte del IHC representa empeñarse en lograr un producto con mucha carga de amor y rigor científico.

Y es que la formación de los jóvenes es una prioridad, que para Dolores Guerra, profesora de Malena, hace de este «un instituto renovado». «Hay una representación que asume con mucha fuerza el trabajo. Nosotros somos los encargados de transmitir esa experiencia».

CONSTRUIR UN PRESENTE Y FUTURO MEJOR

Sobre el aporte científico a la historiografía cubana, realizado por el IHC, pudieran escribirse muchas cuartillas, pero sus investigadores, eternos inconformes de una obra sustancialmente rica, prefieren hablar en términos de desafíos.

«Se trata de abordar aquellos temas que no hemos trabajado lo suficiente. La regionalística desempeña hoy un papel trascendental, y no todas las localidades están al mismo nivel. Eso hay que resolverlo», señala Dolores Guerra.

Agrega, además, que todavía hay que estudiar el impacto de la Revolución Cubana. En ese sentido, la primera misión asignada al IHC, en sus inicios, constituyó la elaboración de los tomos de síntesis de la Historia de Cuba, tarea en la que participaron especialistas de otras instituciones y centros de estudio.

Hasta hoy, se han logrado publicar dos volúmenes sobre la Colonia y el primero de la Neocolonia, pero todavía falta por concretar el segundo tomo de la República y el de la etapa revolucionaria, lo que para la doctora Aurea Verónica Rodríguez, fundadora e investigadora titular, constituye el mayor desafío que tiene la institución.

Desde el prisma de Servando Valdés,  «tenemos que cubrir los espacios de pensamiento de los que carecemos —por ejemplo, en el estudio de la historia económica— y ampliar más los proyectos de colaboración internacional».

Para Malena Balboa, en tanto, los historiadores tienen el deber de tributar a la formación de un sujeto capaz de reconocerse como poseedor de un pasado del que es deudor, y le sirve para construir un presente y futuro mejor. En ese sentido, «la imbricación de los resultados de investigación con la docencia resulta hoy primordial».

Voces como estas han servido a la noble causa de tejer la memoria de la nación en los últimos 30 años, que no es más que ayudar a sentirnos más orgullosos de ser cubanos, a madurar la impresión que define nuestro ser.

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eloina porven dijo:

1

25 de mayo de 2017

07:14:27


Inportante este articulo y que bueno que el IHC este restaurandose, la historia es lo mas importante para la generacion futura. hay historia en el Ministerio del Interior que creo deben estar en estos archivos.

Pedro Hernández Soto dijo:

2

25 de mayo de 2017

09:02:18


Tuve la oportunidad de ver la Mesa Redonda dedicada al aniversario 30m del Insitituo de Historia. Quedé asombrado y satisfecho por la magnitud de los trabajos que vienen desarrollando en cuanto a investigaciones, publicaciones, mejoras en los servicios y digitalización de fuentes, por tan solo enumerar algunas acciones. Todo se hace de manera muy organizada y responsable pero sobre todo con mucho amor. Felicidades mil a ese colectivo y a todos aquellos que han aportado para realizar este sueño.

jayku dijo:

3

25 de mayo de 2017

10:26:01


Muy hermosa labor y arduo trabajo siempre el del instiituto,muy buenos esos proyectos en los que esta y esperamos ansiosos a que salgan a la luz para el publico,de paso deseo que avancen en la restauracion del edificio,que lamentablemente en su acera han dejado enterrado los pedazoz de tubos de una cerca perimetral ,nada bonitos y si buenos para tropezar....

Remberto dijo:

4

25 de mayo de 2017

13:05:11


Felicidades a todos los trabajadores del Instituto de Historia de Cuba. Gracias por su hermosa e importante labor.