Camagüey.—Fernando Crespo Baró, especialista en investigaciones históricas de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, no se perdió ni un solo detalle del homenaje del pueblo cubano al líder de la Revolución, pero prefiere recordarlo como el glorioso mambí de verde olivo que entró en La Habana el 8 de enero de 1959 llevando en el alma a Martí, Céspedes, Agramonte, Gómez y Maceo.
—Con el homenaje póstumo a Fidel, cada cubano ha reafirmado también sus convicciones patrióticas. ¿Cómo valora ese sentimiento hecho millones?
—Este es un pueblo que desde el siglo XVII, cuando los primeros criollos empezaron a identificarse con la tierra cubana, con la ínsula, comenzaron a sentir algo diferente a lo que habían experimentado hasta entonces sus ancestros españoles.
«Por ahí nace todo: ese apego a Cuba y a sus símbolos (los árboles, las montañas, el canto de las aves, el mar que la rodea) van moldeando poco a poco el pensamiento y la figura del cubano.
«Luego las generaciones posteriores, en una suerte de continuidad lógica, se encargaron de asumir los retos de acabar con la oprobiosa esclavitud y optar por llevar adelante una revolución emancipadora con el esfuerzo y el sacrificio de los propios cubanos.
«En esa lucha centenaria está todo lo que puede explicar de dónde viene ese apego que sentimos por la Revolución y por la Patria, y es que los cubanos hemos sido amantes de la libertad, siempre prestos a no dejarnos subyugar por enemigo alguno».
—Como parte de esa continuidad a la que se refiere entró a jugar también, en su momento, la figura de Fidel…
—Aquel mocetón fuerte, de pensamiento lúcido, que se enfrenta al gobierno, que discursa, que se destaca en la Universidad, comienza a despuntar como un líder nato. Será el mismo que desafía y enfrenta luego, no solo con el verbo sino con las armas, a la dictadura más sangrienta que ha tenido el país y se lanza con un puñado de valientes al asalto de aquella fortaleza militar. Desde entonces la revolución en Cuba tiene un nombre: Fidel.
«El Fidel que tras años de cruenta lucha, al mando del Ejército Rebelde, trae la definitiva independencia a su Patria y entrega todo el poder al pueblo, al obrero, al campesino, al maestro, al ama de casa.
«Es por eso que Raúl, en su sentido y emotivo discurso de despedida, ratificó que Fidel es Fidel, porque fue el primero que nos enseñó a vencer, a resistir; quien aun en los momentos más complejos y difíciles para la Patria siempre dijo que sí se podía, que sí se puede y sí se podrá.
«Ese es el llamamiento más importante hecho suyo por el pueblo: afincarnos en esos valores y en esa rica historia. Hoy más que nunca cada cubano tiene que ser un soldado y un hombre de vergüenza, porque el imperio no ha abandonado sus propósitos de destruir la Revolución y todo lo que huela a socialismo».
—Millones de cubanos, jóvenes sobre todo, hicieron suyo por estos días un serio compromiso: ¡Yo soy Fidel! ¿Qué significa en lo concreto?
—Cuando decimos ¡Yo soy Fidel!, es porque somos parte de esa justicia y de esos derechos que nos ganamos con el triunfo de enero de 1959, pero también tenemos deberes que cumplir con la Revolución y con la Patria. No es una consigna más.
«Tenemos que traducir eso a un lenguaje práctico, cada cual llevarlo a la realidad concreta: ser mejores en el trabajo, en el estudio, en la defensa de la Patria. Ser agradecidos por lo que hace la Revolución y corresponderle con una actitud consecuente en todo lo que hacemos».













COMENTAR
ortelio.calcines dijo:
1
27 de diciembre de 2016
13:03:47
Responder comentario