
PRIMERO DE ENERO, CIEGO DE ÁVILA.—Llegas sin avisar y un directivo te dice que si traspasas el umbral del ingenio tendrás que resignarte a oír el criterio de trabajadores descontentos con la prensa. Y en apenas unos segundos te topas con el primero, Alfredo Alemán Alonso, jefe de mantenimiento del área de fabricación de azúcar, que te suelta a quemarropa que de su central no se habla, que si fue el mejor del país el pasado año, que si cumplirán la zafra chica, que si las reparaciones fueron buenas, que si el ahorro de agua, y no sé cuántos «que si» más. Entonces, tienes dos opciones: o das media vuelta y te marchas, o decides enfrentar el reto.
Esto último es lo que haces, y apartas los «que si» quejumbrosos y opiniones diversas cuando empinas la mirada y ves el humo «color tabaco», signo de buena molida según dicen los conocedores; observas los carros que «desembarcan» la caña en el basculador, las hojas filosas que la hacen añicos y las mazas que le extraen los primeros jugos… y las caras de los hombres y mujeres en sus puestos de trabajo.
Todo ello hace que te lances a la búsqueda de los secretos de un ingenio que vuelve por los caminos de la eficiencia, en apenas cinco zafras, después de una paralización de varios años.
Y lo sabes porque en la agenda, esa especie de bitácora salvadora, traes los datos de contiendas anteriores y el directivo de marras te comenta que apenas llevan 17 días de una campaña que estirarán hasta los 147, tiempo suficiente —dan por sentado allí— para sobrepasar las 56 000 toneladas de crudo planificadas.
En su oficina, el Máster en Ciencias Jorge Montero Cerezo, por estos días jefe de zafra en el Primero de Enero, acerca a uno a la realidad de la actual contienda, que comenzó a gestarse hace muchos meses, con la siembra de la gramínea, y siguió con las atenciones culturales, hasta que las plantaciones estuvieron listas para entrar al central.
A ello se une que, además de estar listas para el procesamiento, en la fábrica marchó bien la reparación y eso lo revela ahora la industria. «Tenemos, explica Montero, un 9,61 de rendimiento industrial y el aprovechamiento del Rendimiento Potencial Cañero (rpc) por encima del 90 %, muy bajo tiempo perdido y buena calidad del azúcar. Todos los indicadores están mejores que los planificados para la etapa. Eso es un buen augurio —recalca Montero—, porque cuando el ingenio comienza con buen paso, debe terminar bien».
Destaca que ya molieron aproximadamente el 50 % de la materia prima vinculada de los centrales Ecuador, Ciro Redondo, y el Brasil, este último perteneciente a Camagüey, estrategia bien diseñada que también permitirá acercar el corte al central en la medida que avance la zafra.
El joven Yoandry Cabrera Díaz, jefe de la sala de control, argumenta que otra ventaja es haber iniciado la molida con un mes de antelación en relación con la temporada 2015-2016.
Como en el Primero de Enero muy pocos creen en milagros, Norberto Noda Pérez, jefe de mantenimiento, atribuye los buenos resultados a la correcta reparación realizada, al sentido de pertenencia de los trabajadores de la fábrica y a la respuesta que viene dando el programa de recuperación cañera, aunque en el caso de la industria, enumera algunos tropiezos con el raspador del tercer molino, «pero esos son gajes de la zafra», comenta sin preocupación alguna.
Para quienes siempre han laborado allí, la magia del ingenio también se aquilata por las buenas prácticas en el taller, según refiere Ángel García Onrubia, jefe de maquinado, donde «se hacen todas las piezas del central». Con la confianza que le da la experiencia de 47 zafras en la misma área de trabajo, comenta: «Tenemos equipos viejos, como el taladro y ese torno que usted ve ahí. Ambos son de cuando comenzó el central hace casi un siglo, pero los cuidamos como oro molido. Si no lo hiciéramos, no pudiéramos fabricar los bujes, las cajas de los molinos, los raspadores, los ejes grandes del ingenio, piezas y agregados necesarios para enfrentar una contienda larga, con grandes exigencias».
Si no vas con optimismo sobrante, es difícil entender las ideas de Ernesto Blanco, quien lleva las riendas de la fábrica.
Uno imagina que habla sin pensar, sin moldear las palabras y que es de los utópicos soñadores, más cuando con toda naturalidad te dice un… «¿No me crees que venderemos agua?» Y uno, que tiene delante a un hombre con casi 50 zafras en la bitácora de su vida, no le queda más remedio que escucharlo, aunque por la historia conozca que el Primero de Enero fue uno de los mayores derrochadores de agua del país.
Las circunstancias obligaron a buscar soluciones, pues la fábrica sacarífera está encaramada en el lomo del sector número nueve, en estado de alarma, con apenas un 2 % de llenado y con tendencia a continuar la disminución de los niveles del líquido, según especialistas del Instituto de Recursos Hidráulicos en la provincia.
Y Blanco habla de algunas de las 23 medidas que allí deben cumplir con precisión milimétrica. «En primer término —explica— en anteriores zafras de los siete pozos trabajábamos con cinco o seis; hoy, empleamos uno o dos y, a veces, ninguno. ¡Si la caña trae un 70 % de agua!, la lógica indica que en el proceso fabril debamos exprimirla al máximo.
«Utilizamos condensadores de alta eficiencia en los equipos de evaporación, circuitos cerrados de enfriamiento en los molinos, los cristalizadores, las bombas al vacío, en las torres de transferencia, en la evaporación del guarapo…» y sigue explicando.
«¿No me cree que venderemos agua»?, repite. Y yo, que la profesión me ha enseñado a saber escuchar, intento creerle a Blanco, el hombre que siempre tiene abiertas las puertas de su oficina y las del central, aunque allí aseguren tener mala suerte con la prensa.



















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Zilda dijo:
1
23 de diciembre de 2016
12:50:59
Yfdez dijo:
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23 de diciembre de 2016
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Franz dijo:
3
23 de diciembre de 2016
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Ana dijo:
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23 de diciembre de 2016
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ingeniero dijo:
5
23 de diciembre de 2016
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BDPZ dijo:
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26 de diciembre de 2016
10:27:28
Cris dijo:
7
27 de diciembre de 2016
11:54:43
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