ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La Unión de Historiadores de Cuba (Unhic) dedicó todo su quehacer durante el año 2016 al 90 cumpleaños del Co­man­dante en Jefe Fidel Castro Ruz. Especial significado tuvo la realización del XXII Congreso Nacional de Historia concluido precisamente en el sitio histórico de Birán, la tierra que lo vio nacer. Pero, el homenaje de los historiadores cubanos a su líder es perenne, por eso, al arribar este 7 de diciembre del 2016 al aniversario 35 de la Unión de Historiadores de Cuba y, a pocos días de su desaparición física, deseo compartir con los lectores acerca del gran historiador que fue y es. En el año 2008, la Unión le concedió su máximo galardón, el Premio Nacional de Historia, merecido reconocimiento a quien trazó pautas al trabajo de historia en el país.

En ese sentido, tuvo singular importancia su participación en el Taller Nacional La historia, los historiadores, la sociedad cubana y los retos del nuevo milenio, organizado en el año 2000 bajo la dirección del Dr. Raúl Izquierdo Canosa, entonces presidente de la Unhic, en el cual historiadores de todo el país tuvieron el privilegio de reunirse con Fidel en el Palacio de Convenciones de La Habana.

En esa ocasión, conoció sobre todos los asuntos que inquietaban a los historiadores de la Isla. Al reflexionar sobre ellos, destacó la importancia de los archivos para la defensa de la memoria de la nación; resaltó la necesidad de que los investigadores accedieran a las tecnologías de la informática y las comunicaciones, así como a especializadas y variadas fuentes bibliográficas; convocó a incrementar y estrechar las relaciones de la Unhic con las diferentes instancias del Ministerio de Cultura, y los ministerios de Educación y Educación Superior; llamó también a todos los historiadores del país a integrar la Unhic. Asimismo, consideró que la Unión debía contar con su propia publicación y que, en cada provincia del país, debía existir una sede social para sus asociados.

Fidel expresó ideas que, pasados más de 15 años, pareciera que fueron dichas para el trabajo que hoy se debe hacer. Acotó que quizá la materia más importante para el concepto de cultura general integral sea la Historia. Lo afirmó a partir de su propia experiencia, de esta historia salieron todas sus ideas revolucionarias. Con razón consideró al historiador un trabajador de la cultura.

En esa cita y en otras intervenciones y entrevistas, como la concedida al religioso brasileño Frei Betto, definió las raíces fundamentales de su pensamiento político, militar y revolucionario: el estudio profundo de la obra y acción de nuestro Apóstol José Martí; el estudio y análisis de las experiencias de la historia universal, de Hispanoamérica y en particular de nuestras guerras de independencia y de las luchas revolucionarias en general; la combinación de la formación patriótica y martiana con la asimilación de las ideas del marxismo-leninismo; y el contacto directo con la realidad en que vivía la sociedad cubana y el dominio que poseía de sus problemas.

Al considerar estos aspectos, no es difícil comprender por qué Fidel valoró a Martí como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada y por qué la concepción martiana acerca de la guerra necesaria y la relación que en esta tiene que haber entre el aspecto político-social y el técnico-militar, estuvo presente en la estrategia de la lucha trazada por él en la contienda bélica que condujo al triunfo del 1ro. de enero de 1959.

Fidel demostró que en la formación de cualquier revolucionario cubano, la historia es básica, el conocimiento del devenir de su patria es imprescindible, pues en esta se encuentran los fundamentos de nuestra cultura y socialismo.

Hoy vivimos en un contexto nacional, regional e internacional en el que la supervivencia de la Revolución Cubana mucho tiene que ver con la manera en que se enfrente la guerra cultural, no convencional o de cuarta generación que ahora se nos hace; en la que se concentran los esfuerzos principales en la subversión política e ideológica y, como parte de esta, en el desmontaje de nuestras tradiciones.

Para enfrentar tales retos, el ejemplo de Fidel es esencial, no solo por su liderazgo y protagonismo en la historia de Cuba, América y el mundo; también, por su legado como historiador.

Generalmente, los «grandes capitanes» ocupados en la di­rección de la lucha armada en tiempo de guerra y en tiempo de paz en la construcción y administración militar o civil, apenas encuentran tiempo para legar a las futuras generaciones el patrimonio de sus vivencias y experiencias.

El Comandante en Jefe integra la selecta vanguardia de héroes y jefes militares cubanos que comprendieron la importancia capital que tiene transferir sus memorias y pensamiento.

Desempeñar las más altas responsabilidades en la defensa, el Partido, el gobierno y el Estado, no impidió que fuera autor de numerosos discursos y textos de diversa índole dedicados a la reflexión dialéctica. Sus libros La victoria estratégica y La contraofensiva estratégica son emblemáticas muestras de la importancia que concedió a la remembranza.

Hombres de la talla del Guerrillero Heroico, el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque y él mismo, no solo fueron ejemplo en el combate, sino también en el esfuerzo por escribir sus recuerdos o historiar y teorizar sobre la guerra revolucionaria y la defensa de la patria socialista.

Fidel nos ha enseñado a pensar en términos históricos, a comprender la naturaleza de esta ciencia, sus regularidades, las fuentes para su conocimiento y su papel demostrativo; y, especialmente, su marcada función educativa.

Él nos ha ilustrado que la historia demuestra que el único camino de la supervivencia de los procesos revolucionarios es la resistencia y que el instrumento más extraordinario de que disponemos para transmitir valores, sentimientos patrióticos, sentimientos revolucionarios y sentimientos heroicos es estudiar la historia.

Trabajemos por cumplir con todas sus exhortaciones y por hacer realidad todos sus sueños.

 *Presidente de la Unhic.

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