Por alguna razón esta persona me pide no ser identificada.
Por eso —alerto— en la fotografía que acompaña este texto no aparece su rostro, ni su casa. En esta foto, en todo caso, aquello que aparece está visto desde el ángulo al que mira (ella) mientras me cuenta su historia.
En todo caso, esta foto podrían ser sus ojos.
Y todas las palabras de este texto son sus palabras.
Las dijo tal cual.
2
—Mi experiencia con Matthew es que mi casa se la llevó completa.
—¿Usted vive solita ahí?
—Con mi mamá postrada. Tiene una vértebra de la columna que se le separó y no se ha podido operar. Tiene 87 años. Y ya hace como diez o 12 años que está así. No camina. Yo le pongo una silla de ruedas y se pone nerviosa, no le gusta. Prefiere estar sentadita ahí… Ella era ama de casa. Mi papá se murió y le pasaron la chequera a ella. Y su medicina, su leche y todo se los compro yo con la chequera mía.
—Me hablaba de su experiencia con Matthew…
—Nosotros nos fuimos temprano el lunes (3 de octubre). Como a las seis (p.m.) bajamos para casa de mi prima, que es cerca de la iglesia. A mi mamá los vecinos me ayudaron a bajarla en una camilla. Y bajamos el ventilador también, y el refrigerador. Lo otro sí se nos echó a perder: los colchones de muelles, las sábanas…
—¿Y qué hacían mientras pasaba Matthew?
—¡Uf! Estábamos sentaditos en el suelo, o donde quiera, por ahí, conversando. Éramos como 20 en un cuartico. Imagínate que el ciclón duró diez horas. Entramos a las ocho de la noche del lunes y salimos a las cinco de la mañana del miércoles.
Como todos estábamos informados, llevamos la comida de la casa. Todo el mundo comió su comidita, tomó su agüita, ahí, de lo más bien.
—¿Había niños?
—Uno de dos años y otro de ocho.
—¿Qué pasó en su casa?
—¿En mi casa? Se llevó el techo completo. Viró la casa. La cocina y todo. Y se le cayó el muro.
«La casa se lleva 60 tejas, pero ahora quiero ver si la hago más chiquita. Como somos mi mamá y yo solas… puede llevarse como 20 tejas, más, menos. Y la madera y los clavos pa’ hacerla… En total, me costaría unos 20 000 pesos, más, menos. Eso cuesta…
«Lo que pasa que yo tengo un subsidio de 90 000 pesos. Después del ciclón fueron unos técnicos: trabajadores sociales y eso, y de la vivienda. Ellos fueron allá, valoraron todo eso, y a los tres días o cuatro nos dieron el subsidio».
—O sea que las cosas están funcionando bien…
—Sí, sí. Lo que hace falta es que se hagan los techos más rápido. Y que repartan rápido los bloques, el cemento, las cabillas. Porque los materiales están llegando cada cuatro o cinco días, más, menos. Ya yo hoy, por ejemplo, cogí mis primeras tejas. Están dando nueve pa’ que todo el mundo se tape un poquitico. Pero yo creo que pronto me den las 11 tejas que me faltan.
—¿Y quién la va a ayudar a construir?
—Habrá que buscar un cuentapropista, y con el mismo cheque que nos dieron ir pagándole el trabajo. Con estas nueve tejas voy a buscar un carpintero que me haga una facilidad temporal y meterme ahí. Porque estamos en casa de mi prima y no hay ningún problema. Ahí podemos estar un año o dos. Pero yo lo que quiero es irme pa’ mi casa.
«Además, ahí estábamos todo el mundo en una cocina; porque el ciclón las tejas se las llevó, y quedó nada más que la cocina. Ahora ya les dieron algunas tejas, las pusimos en el cuarto del lado de acá y nos mudamos. Pero las tejitas están supuestas porque las maderas están malas, y hay que cambiarlas; así que cuando llueve estamos en la cocina. ¡Y aquí llueve!
«Somos mi prima, el hijo, la esposa, mi otra prima, el niño, mi mamá y yo. Pusimos un catrecito. La cama mía se mojó y le pusimos un nailon. A veces amanecemos mojados, así, pero más o menos. Y tenemos una colchonetica que yo la puse al sol y se secó.
«Lo importante es que mi mamá está bien. Eso es lo que hace falta… Y lo otro importante es que yo confío en la Revolución. Si no confiara no estuviera aquí, tan… Yo sé que la Revolución no ha podido más porque es que somos muchos: en Maisí, en Baracoa… Pero si hoy yo soy una profesional, si yo soy lo que soy, es gracias a la Revolución. Y mi hermano también, que es ingeniero. Porque mis padres siempre fueron pobres, y si no es por Fidel nosotros no… ¿Cómo no voy a confiar? ¡Si yo nací con la Revolución!».
3
Para ciertas historias no hace falta saber el nombre de aquel que las cuenta.
Ni ver su rostro.
Aunque, para esta historia, no haya nombre más lindo que Esperanza.



















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Yunel dijo:
1
16 de noviembre de 2016
07:21:32
Maritza Guerra del Toro dijo:
2
16 de noviembre de 2016
07:36:35
Aynel dijo:
3
16 de noviembre de 2016
09:43:47
Mercedes.Simpson Plunkett dijo:
4
16 de noviembre de 2016
09:52:02
DMV dijo:
5
16 de noviembre de 2016
10:24:08
del jamal dijo:
6
16 de noviembre de 2016
10:53:52
Maritza E Bosques Leyva dijo:
7
16 de noviembre de 2016
11:08:09
ventura dijo:
8
16 de noviembre de 2016
12:46:56
raydel dijo:
9
16 de noviembre de 2016
16:36:14
ANTONIO VELARDE JUAREZ dijo:
10
16 de noviembre de 2016
20:55:42
Toronto dijo:
11
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23:31:11
Sofi dijo:
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17 de noviembre de 2016
07:02:06
Alejandro dijo:
13
18 de noviembre de 2016
09:09:59
Emperatriz dijo:
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13:17:44
ALINA dijo:
15
21 de noviembre de 2016
08:19:18
Tatico96 Respondió:
21 de noviembre de 2016
14:06:55
yleyva dijo:
16
21 de noviembre de 2016
13:43:20
Jorge Luis dijo:
17
23 de noviembre de 2016
10:01:03
jp dijo:
18
23 de noviembre de 2016
14:58:31
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