
BARACOA, Guantánamo.—Sobre el Toa no hay puente. Lo arrastró durante la madrugada del 5 de octubre una potente crecida provocada por el huracán Matthew. Pero la incesante corriente del más caudaloso río cubano no impide a Ivelsi Linares Labañino asistir diariamente a la escuela primaria Simón Bolívar.
Desde que el pasado lunes 17 se reanudaron las clases en el territorio, cada mañana, en compañía de algún familiar y compañeros de aula, la niña, estudiante de sexto grado, aborda la lancha LA-02 de la Marina de Guerra Revolucionaria y pasa al otro lado. También al mediodía hace el recorrido en sentido opuesto. Sincera, admite que la operación de traslado la impresiona, sobre todo cuando mira al agua rápida y turbia.
A veces, como ocurre ahora, se entretiene fugazmente mirando al suboficial mayor Junior Gámez Sánchez, al mando de la embarcación de siete metros de largo. En otras ocasiones la mirada la pone en los marinos Carlos Luis Borges Campos y Richard Lahens Pérez, pendientes de las operaciones de atraque y desatraque y de cada detalle de las breves travesías. A Ivelsi le llama la atención el comportamiento amable de los tres tripulantes. «Ayudan a bajar y subir a los pasajeros», dice.
Junior, timón en mano, accede a conversar cuando la lancha deja atrás la ribera. «Somos de la mayor unidad naval de la región oriental y llegamos aquí el 9 de octubre. A partir de ese momento trabajamos todos los días de 6:30 de la mañana a 6:00 de la tarde, en apoyo al traslado de personas. Hay días en los que hemos transportado hasta 900».
Es su primera experiencia de trabajo en un río en 20 años de servicio. No tiene parecido alguno a los habituales traslados de material logístico o misiones de preparación combativa con buzos a bordo en diversos sitios del mar. Considera que es una tarea igual de honrosa y de mucha sensibilidad, porque se trata de asistir a compatriotas afectados por un brutal huracán.
«No me imaginé que la vida fuera tan movida en este lugar. Las personas van de una orilla a otra a estudiar, trabajar, realizar compras, verse con un médico o realizar cualquier otra cosa. Siento el agradecimiento por lo que hacemos».
Y está en lo cierto. Un rato después, también a bordo, Evaristo Garrido Martínez, quien viene de las cercanías de la ciudad de Baracoa, admite que en la mañana, apremiado por buscar varias cosas que requiere en el hogar, ha tenido que emplear tres veces el servicio gratuito de transporte ofrecido por la lancha. «Son muchachos muy amables», comenta acerca de la tripulación.

Otro de los pasajeros es Enmanuel Guzmán Arcia. Cuenta que reside y trabaja en Cienfuegos y vino a ver a los familiares, para conocer de primera mano lo sucedido tras el paso del fenómeno meteorológico y ayudar en la medida de las posibilidades. «No me sorprende que las Fuerzas Armadas Revolucionarias cumplan esta tarea. Siempre que pasa un ciclón por cualquier pa6rte del país, salen a la calles con sus tropas, camiones y todos los equipos necesarios para rescatar personas y ayudar a eliminar los daños».
Realizado el atraque, no muy lejos del punto donde se lleva a cabo, resulta perceptible el arranque del motor de un vehículo anfibio. Es una extraña simbiosis de embarcación con esteras. El capitán Wilber Anazco Batista lo define como un equipo seguro y eficaz para vencer obstáculos acuáticos.
Perteneciente a un Batallón de Ingeniería del Ejército Oriental, ese medio arribó con la dotación a las márgenes del Toa el día 11 de octubre con la misión de trasladar transportes militares y civiles en función de las tareas de recuperación. De igual modo, entre otros recursos conducidos en dirección a Baracoa, están alimentos y parte de los equipos y materiales en general enviados desde distintos puntos del país para el restablecimiento de las líneas eléctricas.
«Varias veces al día colaboramos con la transportación de pasajeros, sobre todo cuando se aglomeran muchos. Hoy mismo, a las 6:30 de la mañana entramos al río. Si no cargamos equipos, podemos llevar a bordo hasta 70 personas. Por eso hemos tenido días en los que llegamos a trasladar más de 500 pobladores del área».
En 15 años de servicio, Wilber ha cumplido otras dos misiones de apoyo a la población tras la arremetida de huracanes.
Después del Sandy, al frente de un grupo de combatientes armados con motosierras, permaneció varios días en la ciudad de Santiago de Cuba, donde contribuyó a la eliminación de la gran cantidad de árboles derribados sobre calles, viviendas e instalaciones en general. Antes estuvo en Niquero, en territorio de la provincia de Granma. Entonces era un joven teniente y supo que tendría por delante muchos combates similares.
Responsable de conducir el vehículo anfibio, Luis Felipe Chapman Campo, trabajador civil de las FAR, está al tanto del comportamiento del Toa. Explica que durante la mayor parte del tiempo las esteras del equipo se han apoyado sobre el fondo de arena del río, porque la profundidad del agua lo ha permitido. De todas formas, dice, hay que ser precavido y tener en cuenta el sitio donde la corriente ejerce mayor presión.
Hace poco tuvieron que hacer el paso en condiciones de navegación. Llovió hacia el lado del mar y este, picado, como dicen quienes viven en la costa, entorpeció el flujo normal de la corriente del río, que enseguida elevó su nivel. Pero el conductor, quien tiene la categoría de instructor y se encarga de la preparación sistemática de los demás operadores de equipos similares, mostró todas sus habilidades y no dejó de cumplir las misiones de la jornada.
«Además de conocer bien las cualidades del vehículo, Luis Felipe lo revisa constantemente para detectar cualquier problema técnico y corregirlo en el menor tiempo posible», acota el capitán Wilber luego de ejecutar la maniobra para poner sobre la orilla más cercana a Baracoa el jeep del delegado del Ministerio de la Construcción en Holguín, al frente de una agrupación de medios y hombres que interviene, junto a fuerzas de otros territorios, en el restablecimiento de la Ciudad Primada de Cuba.
El directivo civil parte a toda prisa en su todoterreno, tras despedirse cordialmente de los militares, con quienes ha conversado sobre los avances de las acciones en marcha en las áreas afectadas por el fenómeno natural.
Acto seguido, el carro anfibio, con un alijo de pesados y gruesos tubos, retorna a la orilla que apunta a Moa. El capitán Wilber asevera que harán estas y otras tareas mientras sea necesario. Conocedores del comportamiento y el estilo de trabajo de los militares en situaciones como la que aquí se viven, Yurleidis Paz Alpajón y Yovanis Hernández Cobas, quienes residen y trabajan en la zona y utilizaron en la mañana el vehículo militar para cruzar el río, aseguran que el oficial no miente.
El Toa, turbio, corre a su permanente encuentro con el mar. Aunque sus márgenes muestran los efectos de la reciente y aterradora crecida, la gente que habita en sus alrededores continúa espantando las sombras de angustia sufridas durante el paso del meteoro y las jornadas inmediatas posteriores. Los anima el verde olivo de los uniformes de los combatientes de las FAR. Todos comparten vicisitudes y esperanzas.













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Peruzzi dijo:
1
24 de octubre de 2016
02:26:18
Pepecito Respondió:
24 de octubre de 2016
09:54:32
Ricardo dijo:
2
24 de octubre de 2016
11:22:32
Bárbaro dijo:
3
24 de octubre de 2016
11:56:16
Miguel Angel dijo:
4
24 de octubre de 2016
13:24:18
Tomas Enrique Garcia Fernandez dijo:
5
25 de octubre de 2016
09:02:55
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