Baracoa es joya y no importa quien mire. Un trozo de paraíso frente al océano Atlántico. Cuna de hijos orgullosos y pródigos. Ella misma vórtice de historias reales que parecen de fantasía y otras contadas de verdad, como madre fértil que es de mitos y leyendas.
Fue la primera villa fundada por el Adelantado Diego Velázquez en el proceso de colonización de Cuba, bautizada a la usanza de la época según el santoral católico como Nuestra Señora de la Asunción, casi dos décadas después que Cristóbal Colón pisara esas tierras y dijera de ellas dijera que era el sitio más bello que ojos humanos hubieran visto.
Allí, todo fue primigenio. La primera iglesia, hecha de tabla de palma y guano, cobijando la Cruz de la Parra que el Almirante genovés plantara en aquel viaje de 1492, construida con madera de uvilla crecida en la costa.
La primera plaza, el primer gobierno, el primer cementerio…, pero también la primera misión evangelizadora, la esclavitud y los trabajos forzados de los indios taínos cuyos descendientes, contrario a la idea del exterminio total de los habitantes primigenios de Cuba, todavía desandan las montañas de Guantánamo.
Aseguran los historiadores que nuestros indios protagonizaron la primera guerra nacional contra la conquista española, una contienda de diez años liderada por el cacique Guamá.
Tierra, además, de bellezas naturales inigualables –La Bahía, el Yunque, la flora exuberante y una fauna de notable endemismo, los ríos de caudal de aguas clarísimas- a las que, como Colón, se rinde cuanto visitante ha pisado sus dominios en los últimos cinco siglos.
Ha sido mucho más, empero, Baracoa. Casi aislada por vía terrestre, pero abierta al mar al punto que según el Historiador de la Ciudad, Alejandro Hartmann Matos, para el año 1930, al espigón de la Primada llegaban más buques que al puerto de la capital habanera.
A pesar de su geografía fundamentalmente montañosa, en las primeras décadas del siglo XIX en este apartado paraje floreció la producción azucarera. En Baracoa, más allá de la Farola, del periodista Ariel Soler Costafreda, describe cómo en el año 1803, la comarca era “uno de los seis puntos de la isla por cuyos puertos se exportaba azúcar (…) como raspadura envasada en cajas”.
Con suelos y clima privilegiados, empezó temprano a destacar en el cultivo del café, el cacao y el coco, que se desarrollaron a veces de manera desigual, interrumpidos durante los primeros 40 años del siglo XX por una explosión del cultivo del guineo que se exportaba a los Estados Unidos y Noruega, fundamentalmente, y regaló a Baracoa su primer y último ferrocarril.
Parió la tierra también historias y gentes. La Rusa que llegó de rica y de alta cuna, y terminó sus días en Baracoa, donando vida, alhajas y propiedades de la causa de los barbudos. Cayamba, el músico que no sabía de música y marcó para siempre el oído romántico de la ciudad. El Pelú y su maldición, hoy “andando” junto a los transeúntes el boulevard, como uno más. Urbano Rodríguez, el Rey vivo del Cacao. Las siete mentiras de Baracoa: La Farola que no alumbra, el Yunque que no es de hierro…
En medio de todo, la marcó la Revolución de 1959 que introdujo sus políticas sociales en la entonces olvidada Villa, que en 1965 vio el fin de su aislamiento gracias a la terminación del viaducto La Farola, una carretera de hormigón de seis metros de ancho y seis kilómetros ubicada en el municipio de Imías, desde el puente Las Guásimas en Veguita del Sur hasta el sitio conocido como El Mirador, y es reconocida como una de las Siete Maravillas de la Ingeniería Civil Cubana.
Entonces, comienza la segunda historia de Baracoa, una ciudad que vio levantarse escuelas y consultorios médicos, y formó en sus primeros años a la que sería la primera campeona olímpica de Latinoamérica, la jabalinista María Caridad Colón, en los Juegos de Moscú 1980 con un lanzamiento de 68,40 metros.
Hoy, Baracoa tiene una población de 81 mil 698 habitantes y casi 27 mil viviendas, es la mayor productora de coco y cacao del país, contiene una de las zonas naturales más preciadas del área concentrada sobre todo en el Parque Alejandro de Humboldt, Patrimonio Natural de la Humanidad, y es la mayor promesa turística de la provincia, actualmente con más de 300 capacidades en casas de alquiler privadas y unas 250 habitaciones en sitios estatales destinadas al turismo.
Cada día, son más quienes llegan a esa tierra en busca de su maravilla que, coincide Alejandro Hartmann, no es solo belleza natural, historia, cantos y bailes, singularísima cocina…, lo que distingue a Baracoa “es también la gente, la hospitalidad, su manera de ser, su franca forma de recibir a los que nos visitan (….) su pueblo bello, hermoso”.
TIPICIDADES A LA ORDEN
En Baracoa, la singularidad es regla. Desde la cocina, con recetas que no se repiten en ninguna otra parte, varias estas a base de leche de coco y mariscos, que incluyen además platos muy típicos como el bacán, una especie de tamal hecho de plátano fruta verde o guineo relleno con carne de cerdo o cengrejo, condimentada con especias y leche de coco y envuelta en hojas de plátano y yagua.

De coco, el otro cultivo fundamental de Baracoa, también se elabora el cucurucho cuyo sabor tipifica a esa región del país, y se elabora con la ralladura del coco, endulzada con miel preferentemente, especias dulces y a la cual se le adicionan frutas de estación como naranja, frutabomba, piña o guayaba, para luego envasar la mezcla en un yagua.
Mientras, del cacao, otra “c” de la agricultura baracoana junto al café, en la cocina familiar se elabora el tradicional chorote, a base de bola de cacao, azúcar, leche de coco, bananina u otro espesante y especies dulces, en tanto a nivel industrial sale la barra de chocolate y varios tipos de bombones surtidos.
Del mar, llega otro banquete típico, surtido con magia. Van los pescadores en la luna cuarto menguante a la desembocadura de los ríos Toa, Duaba y Miel a atrapar el tetí, que luego se cocina con leche de coco, frito, con arroz…
Típica también su música pues en Baracoa se cultiva el nengón y el kiribá que, asegura Teresa Rochet Lores, fundadora y directora del grupo músico danzario kiribá nengón, “no clasifican como variantes del son cubano…sino como células primarias del género, un mérito dentro del complejo sonoro del Caribe”.
La música se acompaña con comida, donde no falta el lechó asado y otros platos típicos servidos en vasijas hechas de güira, y la fiesta dura un día entero, aunque asegura Rochet Lores, en tiempos antiguos duraba hasta tres días.
¡FELICIDAD, FELICIDAD!
Baracoa esperó su onomástico con el sosiego de quien mucho ha vivido. Poco cambia en su arquitectura que, sin la grandilocuencia de otras plazas de la nación, tiene entre sus construcciones más sobresalientes a la Basílica Menor Nuestra Señora de la Asunción, tres fuertes construidos en la época colonial para la defensa de la ciudad, atacada una y otra vez por corsarios y piratas, y el antiguo Ayuntamiento, parte del cual es hoy sede del gobierno municipal.
Pero no solo de historia vive. Luis Sánchez Rodríguez, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular desde hace dos mandatos, asegura que más de 20 obras sociales fueron inauguradas o reabiertas desde mediados de julio hasta el 15 de agosto del corriente.

Entre las obras, destacan la Taberna Caribe Atlantic, en la zona de playa de la urbe, la plaza Cacique Hatuey en el sitio que se conoce como La Punta y la Terminal de Ómnibus, inactiva desde hace más de un lustro, y donde prestan servicios medios estatales y privados, de acuerdo a las nuevas regulaciones al respecto.
Otros trabajos de gran impacto, se realizan en el Hospital Octavio de la Concepción y la Pedraja, donde a los remozados servicios de nefrología, neonatología; parto y cesárea, cuerpo de guardia, sistema integrado de urgencias médicas (SIUM), y el área docente y la cocina comedor, se sumaron los nuevos de oncología, quimioterapia, legrado y lavandería.
Como parte de un plan de desarrollo municipal hasta el 2020, se prevé la inyección de 18 millones de pesos para una cadena de producción y comercialización de alimentos, dirigida sobre todo al cacao y al coco, para producir materias primas pero también productos elaborados, a partir del desarrollo de la industria.
La fábrica de derivados del cacao, agregó el máximo representante del gobierno en Baracoa, debe recibir unos 8 millones de pesos para su reconversión tecnológica porque tenemos bastante fruto en los campos, mientras en la cadena productiva del coco se incluye una industria conservera.
Se dispone, además, de una industria alimentaria, que elabora productos para la venta normada y liberada para la población de Baracoa -que además de la fija tiene una población flotante estimada en unas 30 mil personas-, y tiene repostería, derivados del coco, y este año debe sumar una nueva instalación de derivados de la harina que es fruto de la colaboración internacional.
Después de la agricultura, “su renglón más importante de desarrollo, por origen y naturaleza, está el turismo atraídos, sobre todo, por la naturaleza de Baracoa, vinculada con su cultura, sus tradiciones, su historia”, precisa.
Como línea de desarrollo, se invierte en un nuevo hotel ubicado en la zona del malecón con 44 habitaciones, y se trabaja en que la actividad sea un efectivo catalizador de la agricultura y la industria locales, que deben abastecerlo en todo lo posible.
Dentro de las inversiones ya realizadas relacionadas con el turismo, hay dos que constituyen proyectos de iniciativa municipal, el hotel Plaza y la Casa del cacao, de cuyas ganancias una parte se destina al presupuesto municipal y, en general, a sustentar otros proyectos de crecimiento local.
Se estudian otras potencialidades relacionadas con la marina, sobre todo, con el buceo y otras actividades náuticas menores..., pues aunque existen puertos y bahías de grandes posibilidades, “tenemos serias dificultades de infraestructura”, reconoce el funcionario.
La mayor apuesta está hecha. “Lo más importante es que esperamos el apoyo del pueblo en todas las circunstancias, a la altura del sentido de pertenencia del baracoeso, que tiene un gran arraigo por su tierra, y valores de solidaridad, hospitalidad, la creencia de que se puede hacer más, y la lucha constante por tener cosas mejores para él, y para su tierra”, finalizó Sánchez Rodríguez.













COMENTAR
Julio César Mora Reyes dijo:
1
26 de agosto de 2016
21:37:18
Responder comentario