ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

HOLGUÍN.—En un entorno en el que se evoca constantemente el agua, pero alejado de playas, piscinas y otros sitios que sugieren un refrescante chapuzón, transcurre el verano para los miembros de la brigada a cargo de la construcción de la nueva conductora trazada entre la presa Gibara y una planta potabilizadora ubicada en las cercanías de la capital provincial.

La tubería, compuesta mayormente por resistentes tubos plásticos de 1 000 milímetros de diámetro, tiene poco más de 11 kilómetros de longitud y corre a través de colinas. El costo supera los diez millones de pesos, y su objetivo, refiere el técnico en servicios ingenieros e inversionista Yunior Sánchez Hijuelos, es incrementar el caudal del agua requerida por la población de la ciudad de Holguín.

“Pretendemos tenerla lista en diciembre del presente año y entregará 860 litros por segundo a la planta que potabilizará el líquido. Es necesaria para sustituir la deteriorada tubería metálica que en las últimas tres décadas ha estado entregando 630 metros por segundo, de acuerdo con la capacidad de diseño”, argumenta.

A diferencia de las labores emprendidas 30 años atrás, es imposible emplear explosivos para abrir las zanjas en la dura corteza terrestre. Trabajan paralelamente a la vieja conductora y las ondas expansivas de las detonaciones la removerían y quebrarían en muchas partes. Eso, tienen claro todos los que laboran aquí, equivaldría a interrumpir los suministros de agua a la urbe que pretenden beneficiar.

Enrique Figueredo Guerra dispone de suficientes elementos sobre la severidad de las labores en ejecución para colocar bajo tierra los nuevos tubos. Opera una máquina de alta tecnología, creada para abrir zanjas, operación que no ha resultado sencilla en varios puntos de la zona.

“A veces, en tres horas, solo avanzo un metro lineal. En vez de piedra, el material parece de hormigón fundido”, dice mientras revisa el mecanismo devastador de rocas.

El fin de la jornada laboral está fijado en diez horas después del inicio, revela Serguei Co­rrales Zaldívar, ejecutor a pie de obra. Los hombres que lo acompañan se han fogueado en faenas complejas como esta. De seguir su hoja de ruta, la misma revela el paso de muchos por las provincias de Santiago de Cu­ba, Gran­ma,

Las Tunas y Camagüey. Al­gunos se ufanan de haber participado en periodos recientes en las obras del Mariel, en la región occidental.

Para Julio César Leyva Aguilera, jefe de la brigada, perteneciente a la Empresa de Man­tenimiento y Rehabilitación Hidráulica Oriente, todos sus compañeros son valiosos. Sobre Mario Pupo Infante, operador de una retroexcavadora tipo Kraneks, plantea que es muy eficiente y sugiere verlo trabajar.

En efecto, aquel muestra habilidad tras los mandos del equipo. Al inicio se le observa ampliando una porción de zanja. A continuación emplea el brazo hidráulico de la máquina a modo de grúa y ayuda a crear condiciones para la inmediata soldadura de un segmento de la tubería.

Operador de otra retroexcavadora de igual tipo, y émulo de Mario, es Viorki Hernández Matos. Vino de Matanzas, en abril, para ayudar a resolver problemas que entorpecieron el abasto de agua a Holguín, y desde entonces es parte del colectivo.

Igual de severas son las jornadas para Os­valdo Ricardo Peralta y José Miguel Fer­nán­dez Proía. Ambos responden por el funcionamiento de la máquina de termofusión, que asegura la unión hermética de los gruesos y pesados tubos. Son precisos en cada procedimiento.

Tan pronto llegó al área de trabajo, José Vladimir Ricardo González, el topógrafo, tomó los instrumentos y marchó a hacer mediciones  a un sitio lejano. Dicen que es la vanguardia de esta “tropa”. Con su empeño, y sobre todo con sus cálculos, hará que el agua, desafiando subidas y bajadas, corra a través de los tubos hasta la ciudad.

La obra avanza. Entraron “en combate” en abril, cerrado con apenas 600 metros. Pero en los meses siguientes incrementaron la intensidad del trabajo y lograron tramos de mayor longitud. Cuando concluya agosto, a pesar de las duras rocas, planean sumar otros dos kilómetros. A medidas que pasen los días, dicen todos a viva voz, debe ser mayor el ritmo de trabajo.

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