
BARINAS, Venezuela.—Más allá del apellido, que ya dice suficiente de su estirpe, Adán Chávez delata de muchos modos su hermandad sanguínea con Hugo, el Comandante Supremo de Venezuela.
La gravedad de la voz, las líneas del rostro, la mirada fija desde los ojos pequeños y esa pasión profunda en el hablar, como soñando, revelan las mismas raíces; pero otra afinidad recalza esa identidad común, la condición de hijos que los dos hermanos Chávez asumieron por segunda vez ya siendo adultos:
“¡Feliz cumpleaños, Fidel, querido padre!”, empieza.
“Es que eso es para todos los revolucionarios de Latinoamérica y el mundo: nuestro padre, en el sentido más amplio de la palabra”, argumenta el mayor de los Chávez Frías, gobernador en el estado llanero de Barinas.
“Conocí personalmente a Fidel el mismo día en que Hugo asumió la presidencia. Fueron invitados algunos mandatarios, y por supuesto, el Comandante entre los primeros.
“Al terminar la juramentación tuve la gran fortuna de estrechar la mano de ese gigante, que durante tantos años había sido la referencia para quienes militábamos en la izquierda desde adolescentes, cuando siempre estuvo Cuba, el Che Guevara, Fidel a la cabeza. Fue una emoción extraordinaria.
“Luego tuve el honor de ser el embajador en la Isla, y allí el privilegio de conocer muy de cerca al ser humano en el líder, al hombre sumamente humilde, dueño de un gran sentimiento de amor para todo y todos.
“Por razones de trabajo eran frecuentes los encuentros, la mayoría sorpresivos porque quería hacerme algún comentario, enviar un documento a Chávez; momentos que se fueron transformando en conversaciones familiares que ambos procurábamos, sobre cualquier tema, con cuentos, chistes, pero siempre alguna reflexión de la situación mundial, de consejos para mí como embajador y para Chávez como presidente y amigo.
“Llegamos a tener una cercanía tan familiar, que dos de mis nietas mayores, nacidas en Cuba, le llaman el abuelito Fidel, justamente porque yo lo considero otro padre mío. Sí, Hugo de los Reyes Chávez el biológico, y Fidel por parte de la Revolución.
“Una vez llegó de total sorpresa, un 31 de diciembre, bueno, primero de enero, porque pasaba la medianoche. Nos avisaron cuando ya estaba en la puerta, y luego de un gran abrazo se quedó hasta cerca de las tres. Esa madrugada hasta cantó con nosotros, boleros, piezas clásicas cubanas. Teníamos un conjuntico allí, y ese fue el compartir más hermoso que como familia tuvimos con él.
“Le agradeceré eternamente su deferencia conmigo. He tratado de hacer las cosas como él nos aconsejaba, porque son las lecciones de un maestro hacia nosotros, que seremos siempre sus humildes alumnos”.
Fogueada su rebeldía en el mito del guerrillero que hizo una Revolución en medio del Caribe, Adán Chávez tuvo la ocasión de comprobar que las mejores leyendas la hacen los hombres más nobles y sencillos. La imagen suya del líder se debe tanto a lo épico como al amor grande que prodiga.
“Fidel será siempre para mí un ser humano singular, por su inteligencia, por ese amor universal hacia la libertad de los pueblos, más allá de lo que pueda querer para los cubanos. Su ejemplo mayor: la solidaridad.
“Con Venezuela lo demostró quizá como hacia ninguna otra nación. Chávez siempre lo resaltó: si no fuese por el convenio entre ambos países, no hubiésemos logrado lo que hasta ahora ha podido la Revolución Bolivariana. Y esa es una muestra clara de lo que es Fidel Castro, ese ser que dedicó su vida a regar amor por todo el mundo.
“Un guerrillero en el tiempo, eso es Fidel, y lo será siempre. Que Dios y la naturaleza le den muchos años más”.
Testigo presencial de la amistad íntima que unió a los Comandantes de Cuba y Venezuela, confirma que la relación trascendió el abrazo entre dos hombres.
“Por la autoridad mundial que ya tenía cuando conoció a Chávez, por esa experiencia política que fortaleció la teoría revolucionaria, por el gran visionario que es, Fidel percibió desde el inicio que en Hugo estaba naciendo un líder para Venezuela, Latinoamérica y el mundo.
“Desde ese primer instante en que lo recibió, en 1994, fue una amistad que comenzó a trascender la simple simpatía entre dos líderes revolucionarios que se comprenden y complementan.
“Sí, fue una relación de padre e hijo que comparten las ideas de lucha, y que se quieren a morir, por sobre todas las cosas; pero como decimos los llaneros, surgió allí una ligazón que más allá de ese sentir revolucionario de ambos —porque Chávez no ha muerto—, sintetizó en ellos un abrazo entre dos ideales, entre dos pueblos completos”.
¿Cree Adán que, como Bolívar, Fidel tiene mucho que hacer en América y el mundo todavía?
“Por supuesto, quise significarlo cuando dije que Fidel era no solo un guerrillero del tiempo, sino en el tiempo; porque su pensamiento y acción han trascendido ya su vida activa y siguen siendo un rumbo para América y el mundo; porque Fidel es de esos líderes que permanecerán por la eternidad, que serán un ejemplo para siempre.
“Mientras haya que hacer revoluciones para garantizar el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos, de todas las generaciones por venir; allí estará como horizonte el pensamiento, la acción, el liderazgo universal de ese gigante llamado Fidel”.













COMENTAR
Responder comentario