
CAMAGÜEY.—Con una fuerte tradición investigativa y reconocido aval de cinco décadas en el estudio de la atmósfera y los fenómenos que en ella se generan, el Centro Meteorológico de esta provincia vive hoy una etapa de franco desarrollo, sustentada en el hacer cotidiano de sus 160 trabajadores.
“La consolidación de una red meteorológica pasa por asimilar las nuevas tecnologías que surjan, aplicarlas, perfeccionarlas y adecuarlas a las características de cada lugar, pues un sistema de alerta temprana debe dar respuesta a las necesidades territoriales”, refiere Dositeo García Bargados, director de la institución.
Desde su apertura en el mes de julio de 1966 hasta la actualidad es largo el trecho recorrido por las distintas generaciones de técnicos y especialistas que han ofrecido sus servicios en el centro científico camagüeyano, ubicado en áreas aledañas al aeropuerto internacional Ignacio Agramonte Loynaz.
“En todos estos años, comenta Dositeo, hemos tratado de buscar un desarrollo parejo de la institución, no de un departamento más que otro, siempre teniendo presente que la meteorología, al igual que la atmósfera, es muy dinámica, cada año se desarrollan nuevas tecnologías y nuevas metodologías para el pronóstico”.
LLUEVA, TRUENE O RELAMPAGUEE
La base del funcionamiento del Centro Meteorológico de Camagüey está en su amplia red de estaciones, ubicadas en la ciudad cabecera provincial y en los municipios de Santa Cruz del Sur, Guáimaro, Nuevitas, Esmeralda y Florida, desde donde fluye de manera permanente la información en tiempo real.
“Cada tres horas, llueva, truene o relampaguee, sea día feriado o festivo, esas estaciones tienen que enviar los datos al Instituto de Meteorología, en La Habana, y a nuestro centro, para procesar las predicciones tanto del estado del tiempo como lo que después se convierte en la climatología”, explica el directivo.
En ello desempeña un papel relevante el departamento de pronósticos, cuyo colectivo sobresale por la calidad, prontitud y fiabilidad en el procesamiento y transmisión de los datos a través de todo el sistema de vigilancia meteorológica del país, un prestigio bien ganado a base de rigor y amor por la profesión.
Ese volumen de información es aprovechado también por los integrantes del departamento de meteorología aplicada, dirigida a sectores estratégicos
como la agricultura, la salud y el turismo, a los cuales se les brindan, entre otros, servicios de alerta sobre posibles procesos de precipitaciones.
De hecho, gracias a la infraestructura creada y a su ubicación geográfica (un territorio poco afectado directamente por los fenómenos meteorológicos en relación con otras regiones del país), la institución camagüeyana funciona desde hace años como centro alterno del Instituto de Meteorología de Cuba.
ORGULLO DE RADARISTAS
Quizá por coincidir durante años en predios agramontinos un equipo de trabajo con experiencia suficiente en el funcionamiento, conservación y reparación de las instalaciones de radares meteorológicos fue que se decidió ubicar también allí el centro nacional encargado de tan importante actividad.
Desde su fundación funge como director Orlando Rodríguez González, avezado especialista que ha encabezado no pocas proezas en el ámbito científico-técnico, entre ellas la automatización, en pleno periodo especial, de los radares convencionales analógicos.

De tal manera, del equipo original apenas quedaron el transmisor, el receptor y la antena, mientras se redujo alrededor del 70 % de los componentes mecánicos, cuyo déficit ponía en peligro el funcionamiento de las instalaciones, además de lograrse una reducción sustancial del consumo energético.
Ya en 1997 se presentaba el primer radar completamente automatizado, proceso que se prolongó hasta el 2006 en que quedaron modernizadas las ocho estaciones ubicadas en toda la geografía cubana, encargadas de detectar, ubicar y dar seguimiento a los ciclones tropicales u otros fenómenos meteorológicos.
Fruto igualmente del empeño creador de los especialistas camagüeyanos, se diseñó y montó en Cuba el primer radar con tecnología doppler, dotado de dos longitudes de onda, lo cual significa que, además de la intensidad de las precipitaciones, puede determinar la velocidad de las partículas y los flujos del viento.
Según ha declarado el doctor Orlando Rodríguez González, conocer tal información es muy importante y redunda en un mejor pronóstico, pues permite reconocer la presencia de tornados, frentes de racha y aeroavalanchas que, de otro modo, pasarían inadvertidos o dudosos para un radar convencional.
TRAS LOS ENIGMAS DE LA ATMÓSFERA
Amén de otras muchas tareas, el Centro Meteorológico de Camagüey ha dedicado buena parte de su tiempo y del talento de sus investigadores a la modelación de la atmósfera, cuya mayor actividad ha estado concentrada en mitigar el impacto de la sequía a través del incremento artificial de la lluvia o lluvia provocada.
Otra investigación de relevancia, merecedora en el 2009 del Premio Nacional de la Academia de Ciencias, tiene que ver con el estudio acerca de los aerosoles estratosféricos y las nubes cirros en Cuba y su impacto sobre la radiación solar, gracias a las indagaciones del Grupo de Óptica Atmosférica.
Surgido a finales de la década de los ochenta del siglo pasado con la instalación de un radar láser, conocido como Estación Lidar, el pequeño equipo de trabajo se adentró desde entonces y hasta la fecha en el estudio de los procesos de transferencia de la radiación solar en la atmósfera de nuestro país.
Explican los especialistas que las condiciones están creadas para brindar servicios de alto valor agregado y abrir un amplio universo a la colaboración, como es el caso del estudio del efecto de la radiación solar, lo que se conoce como estrés térmico, sobre el ganado bovino, porcino o en las aves.
El Grupo de Óptica Atmosférica rescató toda la información manuscrita registrada por las estaciones actinométricas (miden la intensidad de la radiación solar), la procesó, la llevó a formato digital y la ofrece en tiempo real, como parte de un servicio de diagnóstico que está disponible en el ciberespacio.
Transcurridas cinco décadas, el Centro Meteorológico de Camagüey exhibe hoy otra fisonomía a tono con los nuevos tiempos: los manuscritos han dado paso a los equipos de cómputo, las casetas con instrumentos de medición a las estaciones automáticas, los radares convencionales a la tecnología doppler…
Se mantienen intactos, sin embargo, la perseverancia, el rigor y el espíritu emprendedor de un colectivo que, desde sus años fundacionales, ha estado a la altura de la confianza que en ellos siempre ha depositado el pueblo, por su inapreciable servicio no solo a Cuba, sino a toda el área geográfica del Caribe.



















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Filiberto dijo:
1
14 de julio de 2016
12:17:27
Eduardo Velasco dijo:
2
14 de julio de 2016
12:52:55
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