
CAMAGÜEY.—Tras 43 años de ejercicio de la profesión, no precisamente con el diploma colgado en la pared del hogar sino siempre “a pie de obra”, el ingeniero eléctrico José Luis Amador Vilariño podía, a estas alturas, disfrutar de manera sosegada su jubilación junto a la esposa y a los familiares más allegados.
Pero a Vilariño le duele. Le duele que por ineficiencia, enfoques rutinarios, superficialidad, improvisación, falta de profesionalidad y aferrarse a viejas prácticas, se derrochen recursos en el sector empresarial y el país pierda millones de dólares que podrían destinarse a otros programas prioritarios.
Sus desvelos no son nuevos: autor de un Manual de recomendaciones prácticas eléctricas (Editorial Científico-Técnica, 2000), Amador posee más de una veintena de innovaciones y racionalizaciones premiadas y ha participado en la ejecución de 180 proyectos eléctricos de diversa magnitud.
Los aportes del Premio Vida y Obra 2012, de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), hablan por sí solos de una trayectoria profesional apegada siempre a la búsqueda de soluciones a los múltiples problemas técnicos que se presentan en las entidades, con énfasis en el uso racional de los portadores energéticos.
Como no acostumbra a darles muchas vueltas a los asuntos que le preocupan, prefiere “disparar” de inmediato la esencia de su inquietud: “Una de las causas fundamentales de la ineficiencia en las empresas de producción o de servicios es la carencia de un sistema bien organizado de mantenimiento mecánico-eléctrico”.
—¿Por qué asegura eso?
—A las entidades les falta un programa de mantenimiento sistemático de sus instalaciones, lo que ha propiciado un incremento significativo en el número y la magnitud de las averías y, en consecuencia, una creciente afectación de los procesos productivos y de la calidad de los servicios.
“Aunque en algunos lugares se elaboran planes para el presunto mantenimiento preventivo, es una realidad que el accionar de los mecánicos y electricistas se concentra hoy en el trabajo de reparación de averías cada vez más frecuentes, por lo que es preciso invertir la pirámide actual”.
—¿A qué se refiere en específico?
—A que los trabajadores de mantenimiento, amén de las limitaciones de recursos para la sostenibilidad de las instalaciones, lleguen a constituirse en la base piramidal, al ocupar la abrumadora mayoría de las acciones, lo que, de hecho, redundaría también en beneficio económico para la entidad y, por extensión, para el país.
—¿Está tan generalizado ese problema en el ámbito empresarial?
—Los inconvenientes provocados por la ausencia o por un defectuoso mantenimiento mecánico-eléctrico pueden estar presentes en sectores estratégicos, como la industria azucarera, la agricultura, las plantas procesadoras de minerales, las fábricas de alimentos, las industrias de procesos químicos, los acueductos y el transporte automotor y ferroviario, por solo citar algunos ejemplos.
—¿Cómo afecta, a la larga, ese inadecuado proceder?
—Está demostrado que las inversiones en el mantenimiento tecnológico son perfectamente amortizables. Sin embargo, si no se aplica o se suspende de forma frecuente, el equipamiento llega a un estado de deterioro tal, que obliga a adquirirlo de nuevo con el consiguiente gasto doble de divisas a la nación.
“Ello puede acarrear también otros problemas mucho más complejos, si las paradas e interrupciones se producen en equipos encargados de garantizar la generación de electricidad, la pureza de los alimentos, el bombeo y la potabilización del agua, o la eliminación de bacterias propagadoras de enfermedades”.
—¿Qué medidas, en el orden organizativo, se deben adoptar para transformar ese estado de cosas?
—No se puede esperar, a estas alturas, que el deseo de hacerlo brote de manera espontánea. Por tanto, deben realizarse análisis, cambios organizativos e, incluso, estructurales que propicien el desarrollo de una coherente dinámica de trabajo.
“Para lograrlo, resulta imprescindible el apoyo total a los ingenieros, técnicos y obreros, como conocedores que son del tema en la base, a través de la creación de condiciones adecuadas de trabajo, la capacitación constante, la motivación y la exigencia por la calidad de todo lo que se hace.
“De hecho, la actividad no fructificará si los jefes no están convencidos de su importancia, por lo que, además de conformar los planes anuales, deben exigir que se cumplan, lograr el aseguramiento necesario y eliminar cualquier obstáculo que entorpezca la realización de los mantenimientos preventivos y las reparaciones correctivas planificadas”.
—En el caso específico del mantenimiento eléctrico, ¿hacia dónde dirigir las principales acciones?
—Si se cumpliera al pie de la letra todo lo establecido, como se dice en buen cubano, otro gallo cantaría. Me refiero a la revisión sistemática del estado técnico de los motores y alternadores, sus relevadores de protección de sobrecarga en paneles y pizarras eléctricas, sensores y baterías, entre otros.
“Una correcta ingeniería de mantenimiento debe velar y exigir, además, porque los equipos cuenten con protecciones bien calculadas contra descargas atmosféricas, sobre y bajas tensiones, cortocircuitos, desbalances y fallos de fase, además de disponer de aterramientos para proteger al personal y a los equipos”.



















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Ronald LLamo dijo:
1
29 de junio de 2016
09:20:19
Adriam dijo:
2
29 de junio de 2016
09:45:51
pablo hernandez dijo:
3
29 de junio de 2016
09:56:09
Ramón Lores Pérez dijo:
4
29 de junio de 2016
10:16:28
humberto Respondió:
29 de junio de 2016
11:02:32
JOSE dijo:
5
29 de junio de 2016
12:31:27
Miguel Angel dijo:
6
29 de junio de 2016
13:45:57
El negro dijo:
7
29 de junio de 2016
14:12:40
jorgeporque se dice entonces ue un motor dijo:
8
29 de junio de 2016
20:51:38
Nelson dijo:
9
30 de junio de 2016
13:56:09
JOSE LUIS RAMOS MARTINEZ dijo:
10
1 de julio de 2016
05:01:12
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