ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El entonces adolescente Juan Morales en los momentos en que participaba en la Campaña de Alfabetización en Cuba. Foto: Juventud Rebelde

Multimedallista en Puerto Rico ’66. Participante en juegos nacionales y mundiales juveniles al aire libre durante la década de los años 60 del pasado siglo. Ganador de preseas en juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos entre 1966 y 1977 en los 110 metros con vallas y el relevo 4 x 100 metros planos. Multirecordista nacional.

Juan Morales se graduó como Licenciado en Cultura Física. Cumplió misión internacionalista en Angola entre los años 1975 – 1976 para enfrentar a los racistas sudafricanos. En el año 2006 fue exaltado al Salón de la Fama de la Condecoración Centroamericana y del Caribe por sus logros deportivos. Foto: Ismael Batista

Aunque parezca que con Juan Morales Hechavarría solo se puede hablar de su impresionante trayectoria deportiva durante los primeros años de la Revolución, hoy conversamos con esta gloria del deporte cubano sobre su participación en la Campaña de Alfabetización hace 55 años y la influencia de esta en su posterior desarrollo como atleta.

¿Por qué se decidió a alfabetizar?

—Cuando fuimos para la alfabetización yo no tenía ninguna conciencia política. Para mí lo fundamental fue los 21 días del curso que pasé en Varadero para después enseñar a leer y a escribir. Ese fue uno de los motores que impulsó que me incorporara a la Campaña de Alfabetización.

“Yo quería ser como mi profesor Julio de 6º grado. Ser un maestro imponente, me gustaba ser como él. ¿A esa edad — 12 ó 13 años— a quién no le gustaba jugar a ser el profesor?

“Posteriormente me adentro donde iba a alfabetizar llamada Soledad de Mayarí Arriba. Ahí nos hicimos otra imagen de la importancia de lo que íbamos a hacer, de los campesinos, de la miseria en que vivían, cómo vivían.

“Por muy mal que viviésemos en la ciudad, había una diferencia abismal entre la forma de vida de un campesino y de cualquier pobre en la ciudad. A eso súmale el carisma del campesino, su disciplina, su amabilidad”.

¿Qué edad tenía cuando fue a alfabetizar a Soledad de Mayarí Arriba?

—Tenía 13 años.

¿Qué dijeron sus padres?, cuando usted con esa edad dijo: “Me voy a alfabetizar”

—Daban una boleta y los padres debían firmar la autorización. Llegué a donde estaba mi mamá y le dije que me iba con la profesora a Varadero a pasar un curso para después enseñar a leer y a escribir a los campesinos. En aquel momento decir ‘Tu profesora dice’, era algo de ley. Mi mamá me dijo que no me podía decir nada hasta que no llegara mi papá. Lo esperé y cuando lo vi, corrí, le dije que mi mamá estaba de acuerdo, pero que él tenía que firmar, porque ya nos estaban esperando. Me fui para Varadero y después fui a parar a Soledad de Mayarí Arriba.

¿A cuántas personas alfabetizó?

—A Siete.

¿Todos eran adultos?

—Sí.

¿Ellos no vieron en su juventud un problema por ser prácticamente un niño?

—No. También trabajaba con haitianos. Otra compañera y yo íbamos al barracón de los haitianos. En la noche pasaba para la casa del campesino y ahí daba las clases.

¿Qué sintió cuando vio que ellos aprendieron a leer y a escribir?

—En esos momentos a uno le gustaba siempre enseñar en la escuela, ser sobresaliente en Matemáticas y poderles explicar a los otros alumnos y que te entendieran y salieran bien en el examen.

“Yo sentía regocijo. Me gustaba que ellos me dijeran: ‘Ya sé escribir mi nombre’. Eso estimula.

“Lo que sí puedo decir es que la Campaña de Alfabetización para mí fue como el inicio de mi trayectoria de vida. Hoy se habla de valores, y no creo que en ningún lugar recibí tantos valores como con los campesinos”.

¿Háblenos de la cita en la Plaza de la Revolución el 22 de diciembre de 1961 cuando se declaró a Cuba territorio libre de analfabetismo?

Durante la Campaña de Alfabetización realizada en Cuba en 1961 los jóvenes que salieron de la ciudad a enseñar en zonas rurales conocieron las difíciles condiciones en que vivían los campesinos. Foto: Tomada de Archivo

—Cuando terminamos la alfabetización todos vinimos a La Habana. Ya hablaba de estudiar Química Azucarera, porque mi papá trabajaba en el central San Germán. Por el hecho de venir a una beca tu papá se sacrificaba, te compraba una libreta, porque trabajaba para comprarla. Para mí fue venir a estudiar y tener una carrera.

“Yo en la escuela Lafayet school me dediqué a estudiar, pero me gustaba el deporte. Después pasé al bloque cuatro de Tarará. Me puse en los coros, pero no daba la talla y seguí con el deporte.

“En 1965 fui a unos juegos interprovinciales. Luego a unas competencias entre becas y obtuve el primer lugar. Me dieron la posibilidad de ir a una competencia provincial, gané también. Fui a la nacional y gané y de ahí me seleccionan para pasar un curso de 45 días en Minks (Bielorrusia).

¿Por qué deporte?

—Atletismo. Al regreso se celebran los primeros juegos nacionales. Participo y derroto al entonces campeón nacional, Lázaro Betancourt, y me convierto en el nuevo campeón nacional.

¿En qué modalidad de atletismo?

—En 110 con vallas. Eso fue en 1965. Ese año tuvimos un encuentro en la escuela con José Llanusa Gobel, entonces ministro de Educación. A mí me gustaba el deporte, pero no incorporarme a eso nada más, porque tenía mis responsabilidades. Debía ganar en los estudios y los conocimientos para después llegar a la casa con un título. Mi mamá y mi papá no entendían eso de correr, porque creían que era un juego.

“Llanusa empezó a explicar sobre el deporte en Cuba, qué sucedía en el país en ese momento y nos dijo que nosotros a través del deporte podíamos dar a conocer al mundo el adelanto de la Revolución Cubana, haciendo vibrar en cada una de sus competiciones el himno nacional e izando la bandera de la estrella solitaria. Eso se me quedó grabado, lo que un atleta podía hacer por la Revolución.

“Entonces llegaron los juegos de 1966 en Puerto Rico. Tendría yo 16 años. Se hace la selección de los deportistas que van a participar y yo quedo dentro de ese grupo. De ahí es la famosa declaración del Cerro Pelado. Salimos para el aeropuerto. Ahí estaba Fidel, él se reúne con nosotros.

“Esa era mi primera competencia internacional. Compito en los 110 metros con vallas y alcanzo la medalla de bronce. En el relevo 4 x 100 alcanzo la plata”.

¿En qué otros eventos deportivos participó?

—De Puerto Rico me sigo preparando para los Juegos Panamericanos de Winnipeg ’67 en Canadá. Allá compito en los 110 metros con valla. Era una competencia bastante dura, pero logro romper el record nacional, establecer un record mundial juvenil y lograr la medalla de bronce. Fue mi segunda competencia internacional. Compito también en el relevo 4x 100 y logramos la medalla de plata.

“Ya con eso vinieron los éxitos. Participo en competencias foráneas, ganaba mucho y estaba en buena posición competitiva. En 1968 nos preparamos para las Olimpiadas de México. Yo iba en 110 con vallas y en relevo 4 x 100. En los 110 también establecí record nacional y quedé en la 9º posición. En el 4 x 100 establecimos tres records nacionales y obtuvimos la medalla de plata. Quedamos a solo unas centésimas de segundos del relevo de Estados Unidos.

Puede relatar sus impresiones de sobre las actividades en que usted participó y estuvo Fidel, sobre todo en los primeros años de la Revolución.

—Con Fidel eran muy frecuentes los encuentros. Con él era muy agradable todo. Nunca se ponía a un nivel que nadie lo pudiera alcanzar. Era muy amena la charla. Siempre sus conversaciones fluían en el momento, en lo que estábamos haciendo en el deporte. “Para mí Fidel era lo máximo, con una memoria extraordinaria que se acordaba de todo.

Consideraciones finales…

—Aquello que nos dijo Llanusa sobre cómo podía ayudar un deportista a la Revolución – hacer vibrar las notas del himno nacional e izar la bandera de la estrella solitaria- yo creo que lo cumplí cabalmente. Siempre que fui a una competencia internacional regresé con una medalla. Y si regresaba con medalla hacía vibrar las notas de nuestro himno nacional e izar la bandera de la estrella solitaria. Creo que dentro del deporte, la encomienda que se me dio la cumplí.

La Campaña de Alfabetización en Cuba permitió que 707 000 cubanos aprendieran a leer y escribir. Ello colocó a la Isla entre las naciones de más bajo índice de analfabetismo en el mundo. Este extraordinario logro revolucionario fue obra de una poderosa fuerza, constituida por 121 000 Alfabetizadores Populares; 100 000 brigadistas Conrado Benítez; 15 000 brigadistas Patria o Muerte; 35 000 maestros voluntarios, lo que hace un total de 271 000 educadores; lo que, unido a los cuadros dirigentes, los cuadros políticos y los trabajadores administrativos llegan a la impresionante cifra de más de 300 000 participantes en la Campaña. (Fuente Ecured)
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