ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La escuela Camilo Hernández figura entre los centros fundamentales de Siguaney. Foto: Del autor

TAGUASCO, Sancti Spíritus.— Dicen que cuan­do aquella rastra de la Sherritt In­ter­national se sentó literalmente a horcajadas sobre el crucero del Ferrocarril Central y el chofer dijo: “Esto no va ni para alante ni para atrás”, en Siguaney pusieron los dedos en cruz por tal de que a esa hora no fuera a pitar una de las locomotoras chinas que a diario amenazan con tragarse los rieles en la línea de Zaza Norte.

Hasta las páginas de este propio periódico y de otros llegaron años atrás las quejas del vecindario sobre el estado deplorable del lugar, una intersección que comunica los dos sectores del pueblo y que le permite a los choferes tomar una suerte de atajo salvador que acorta en varios kilómetros el camino hasta las inmediaciones de la Autopista Nacional.

La reparación del crucero, casi concluida por estos días y valorada en más de 52 000 pesos, es una de las obras financiadas en el asentamiento por Servicios Comunales, entidad que también viene reconfigurando el paisaje en la funeraria del pueblo, el parque y las restantes áreas verdes, además de las labores de saneamiento integral.

Según Alexis Reina Migueles, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, los resultados nacen de un sistema que imbrica las insatisfacciones y las demandas expuestas por los electores en sus reuniones con el monitoreo permanente de las estructuras de gobierno a las comunidades, a partir de lo cual se establecen las prioridades a tono con la magnitud de las urgencias y el límite de los dineros.

Rolando Dorta, un cementero que desde hace años se de­sem­peña como presidente del Consejo Popular, aporta un dato que resulta revelador: en Siguaney han sido solucionados, entre el proceso de rendición de cuenta anterior y el que ahora corre, alrededor de 27 planteamientos, algunos de larga data.

“No es que todo esté resuelto —reconoce Dorta—, todavía por razones de recursos no hemos podido mejorar los viales internos, los electores han expresado la necesidad de contar con un taxi para las urgencias médicas y los problemas con el abasto y la calidad del agua en la zona son conocidos”.

UN PUEBLO BIEN PLANTADO

Que Máximo Gómez mencionara nueve veces el nombre del lugar en su papelería de guerra y que Fidel Castro en persona haya llegado en dos ocasiones hasta sus predios —1971 y 1989— son motivos de orgullo entre la gente de Siguaney, una colectividad de campesinos mansos que de buenas a primeras se convirtió en referencia del desarrollo para el centro del país, cuando a finales de los 60 comenzó a gestarse el proyecto de construir aquí una fábrica de cemento adquirida en la antigua Checoslovaquia.

Tienda El Retazo, una de las obras rehabilitadas en la comunidad. Foto: Del autor

La expansión industrial trajo consigo cientos de apartamentos, repartidos en bloques impensados hasta entonces para una sitiería casi virgen; nuevas y más potentes redes eléctricas; carreteras y líneas férreas para el trasiego de los combustibles, las materias primas y la producción terminada; parques para todas las edades y, sobre todo, profesionales llegados desde los confines más alejados que comenzaron a asentarse, a fundar familia y a hacer vida en estos predios.

De tal suerte en el caserío se mezclan hoy las viviendas originarias con los edificios propios de la era del CAME, construidos para los asesores extranjeros que vinieron al montaje de la planta, en una asociación que ilustra casi cinematográficamente la metamorfosis ocurrida en el lugar.

Más de 3 800 personas pueblan hoy la comunidad que, a pe­sar de sostenerse en lo fundamental de las industrias asentadas en su entorno —además de la fábrica de cemento existe otra que procesa el asbesto para la producción de tejas, tanques, etc.—, mantienen vínculos con fuentes de empleo tan diversas como la unidad básica de producción cooperativa Siguaney, dedicada al cultivo de la caña, la escogida que procesa parte del tabaco del municipio o servicios indispensables para la población.

¿SIGUANEY O FUENTEOVEJUNA?

Cuando décadas atrás se ejecutó el nuevo trazado del Ferrocarril Central, las viviendas que se encontraban dispuestas en la llamada faja de la vía tuvieron que migrar hacia unas biplantas construidas en el extremo occidental del pueblo, un barrio que desde entonces los vecinos renombraron ingeniosamente como Los no alineados.

“Al no poder estar en la línea, se bautizaron esas casas así”, explica el presidente del Consejo Popular, quien más de una vez ha tenido que torear allí la inconformidad de sus habitantes, primero por aquella “permuta” caída del cielo y luego por la falta de agua en ese punto, un mal crónico que afortunadamente ha comenzado a remediarse con la instalación de dos tanques, aunque todavía con algunos contratiempos técnicos.

Pero de todos los planteamientos resueltos en Siguaney quizá ninguno se agradezca tanto como la recuperación, tras 17 años de espera, de la ruta que enlaza el poblado con la capital provincial y que, en honor al más célebre de sus choferes, aquí le llaman “la guagua de Guapea”.

“Como la guagua no hay nada, el coche motor resuelve, pero es igual que la Benzatínica”, se apresura a responder una lugareña que se encuentra a la espera del ómnibus en la parada.

—¿Y qué tienen en común la Benzatínica y el coche?, pregunta el reportero.

—Muy fácil, que te los ponen una vez al mes.

Frente a cada interrogante que procure explicar los resultados integrales en el Consejo Popular, la gente de Siguaney responde como en Fuenteovejuna: sin la participación de todo el mundo, del pueblo, de las entidades del municipio, del gobierno... esto hubiera sido imposible.

Rolando Dorta, que no se permite olvidos involuntarios, cuenta entre los protagonistas imprescindibles de esta historia a Ser­vicios Comunales, la fábrica de cemento, Viamac, la Cons­trucción, Educación, Salud y Comercio, y recalca muy bien este último porque, según él, dejó “mejor que nueva” la tienda El Retazo y le cambió la cara a La Nacional y a El Encanto.

También otras zonas del pueblo vienen mejorando su fisonomía: el parque con trabajos de resane, instalación eléctrica, poda de árboles y remozamiento de la plataforma; varios edificios con impermeabilización de cubiertas, sustitución de carpintería y pintura; y la escuela Camilo Hernández, que luego de su rehabilitación hace algún tiempo se mantiene como un pincel, y en buena medida resume esa vocación comunitaria,  aprendida muy bien en Siguaney, de saber nadar contra la corriente y la estrechez de los recursos.

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Ricardo Castellanos dijo:

1

26 de mayo de 2016

12:59:22


Es bueno saber que están haciendo obras sociales en un poblado que aunque casi desconocido, no deja de ser importante. Desde pequeño visito el lugar, mi familia es de allí y verdaderamente no es el mismo Siguaney el que visitaba de niño al que fuí hace 2 años. Siempre que los cambios sean para bien felicitaciones.

yamilet dijo:

2

26 de mayo de 2016

13:53:21


Vivo en Siguaney y me siento orgullosa de ello, los siguaneyenses somos alegres, trabajadores, humanos. Hoy después de haber leído este artículo me siento mucho más orgullosa porque yo también he contribuido a que mi pueblo mejore porque fui presidente de su consejo popular en el 12 mandato y le dediqué mi vida. Gracias a este peridista por mostrar hoy lo que somos.

gilberto gutierrez dijo:

3

26 de agosto de 2016

22:37:28


esta intersección a la que usted se refiere al inicio de su escrito queda frente a mi casa , tengo 40 años y desde hace mas de 20 años los vecinos de la cuadra hemos sido los más afectados,si la reparación se esta realizando me llena de alegría ya que amo a siguaney , lugar donde naci,me crie y tengo a mis seres mas queridos