ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En la tarde del 18 de abril de 1961 las cosas andaban muy mal para la Brigada de Asalto 2506. Dos de sus buques habían sido hundidos y el resto se había internado en el Caribe a toda máquina; sus paracaidistas habían sido derrotados y capturados en Pálpite; el Se­gundo Batallón había abandonado sus posiciones defensivas en Playa Larga bajo la presión de soldados rebeldes y milicianos; la artillería revolucionaria batía constantemente los puntos de resistencia mercenarios en He­le­chal, Cayo Ramona y San Blas, los tanques avanzaban indetenibles y todo indicaba que el si­guiente día sería el último de la invasión.

Es axiomático que las operaciones anfibias, sin dominio del aire, marchan irremisiblemente al fracaso, y los escasos aviones de “Patria o Muerte” de la Fuera Aérea Revo­lu­cion­aria habían derribado seis B-26 ene­migos y campeaban por sus respetos so­bre el cielo de la bahía y la ciénaga.

El cuartel general de la CIA, en Wa­shing­ton, comprendía que solo una enérgica reacción podía salvar el proyecto y su propio prestigio, de manera que le propuso a Kennedy que autorizara el empleo de la aviación del portaaviones Essex para dar cobertura a los B-26 de la Brigada, al menos durante el primer golpe de ese día 19.

Desde luego, la propuesta escondía una celada de la CIA: si los chorros A4 norteamericanos se interponían entre nuestros T-33 o Sea­furys y los bombarderos mercenarios, se­ría muy probable que el encuentro degenerara en un combate aéreo entre yanquis y cu­ba­nos, don­de nuestros vetustos aparatos llevarían las de perder ante los flamantes Sky­hawks.

El sombrío panorama que la CIA le pintó al presidente logró que este accediera a que ocho jets A4D-2 Skyhawks del portaaviones Essex (CVS 9) que rondaba por el Caribe, volando sin in­signias, cubrieran los B-26 procedentes de Nicaragua, desde las 06:30 hasta las 07:30 del día 19.

Las órdenes pertinentes fueron dadas y la aurora presenció el grácil pero inútil vuelo de la escuadrilla VA-34 Blue Blasters sobre el profundo azul del Caribe.

Los B-26 se habían anticipado a la cita debido a que nadie, dentro de la formidable ma­qui­naria militar agresora, se percató de que entre el huso horario de Washington-La Habana y el de Nicaragua hay una hora de diferencia… y el encuentro no se produjo.

El error fue caro. Dos bombarderos B-26, tripulados por pilotos norteamericanos “civiles bajo contrato de la CIA”, fueron derribados y, en tierra, las tropas revolucionarias cerraban el cerco sobre los últimos reductos de la invasión.

*Investigador del Instituto de Historia de Cuba

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Miguel Angel dijo:

1

16 de abril de 2016

05:49:33


Gracias al comp Coronel Ángel Jiménez por su histórica descripción de los combates aéreos y las razones fortuitas q nos favorecieron, no conocía estas particularidades del combate aéreo, hasta Dios estuvo de nuestra parte, porque sabe perfectamente la noble causa q defendíamos y defendemos contra las injusticias y criminalidades del imperio yanqui, Kennedy dudó, pero al final cedió ante las presiones de sus asesores, pero cometieron un grave error, porque esa hora de oro, fue suficiente para poner la situación aérea a nuestro favor, nuestros viejos y anticuados aparatos hundieron las embarcaciones y derribaron a varios aviones mercenarios y yanquis, el cielo quedó limpio de enemigos y pudimos actuar de forma muy eficiente con nuestros aviones, a base de la excelente dirección, por parte del Comandante en Jefe, de las acciones combativas, aprovechando al máximo todos los medios de fuego, el coraje y audacia de nuestros pilotos de combate, la defensa antiaérea también jugó un papel fundamental, los bisoños combatientes de la DAA derribaron varios aviones invasores, sin duda hubiera sido mucho mas difícil la victoria, en caso q aparecieran los modernos aviones de combate yanquis, superiores técnicamente a los nuestros así como numéricamente. En todo caso la suerte ya estaba echada, la vergüenza, la moral el patriotismo y el coraje estaba de nuestra parte, la Victoria era nuestra, sólo la intervención directa de las fuerzas armadas yanquis hubieran prolongado las acciones, hubiera aparecido la primera guerra de Vietnam en nuestro país, gracias a Dios y a nuestro coraje y firmeza no sucedió.