ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La añeja institución hospitalaria quedó como nueva gracias a la acción mancomunada de más de 50 entidades camagüeyanas. fotos del autor

CAMAGÜEY.—Mientras compartía con co­ns­­tructores destacados en la reparación ca­pital del Hospital Pediátrico Eduardo Agra­monte Pi­ña, de esta ciudad, por la mente de la doctora Re­be­ca Escobar Casas pasaron, cual intermitentes “flashazos”, momentos inolvidables de su rica trayectoria profesional.
Uno de los más emotivos fue, quizá, la vez en que recibió en la institución al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando en 1981 acudió a supervisar la construcción de la sala de terapia intensiva, en medio de una epidemia de dengue hemorrágico que ese año cobró la vida de 158 personas, de ellas 101 niños.

Tras recorrer la obra, interesarse por todo ti­po de detalles y dialogar con obreros, médicos y enfermeras sobre la necesidad del novedoso servicio, el máximo líder de la Revolución Cu­bana exclamó satisfecho: ¡Va a quedar muy bien!, a sabiendas de que la situación imperante exigía trabajar con premura.

Es por ello que la entonces secretaria del  Co­mité del Partido del Pediátrico evocó la presencia del Comandante en Jefe en el momento en que los constructores camagüeyanos, junto a representantes de otras 55 en­­tidades del territorio, en­tregaron totalmente re­mozado el importante cen­tro asistencial.

Amén de la extrema complejidad de la in­ver­sión (construir sin detener los servicios médicos), el hecho de devolverle toda la prestancia al variopinto conjunto de pabellones hospitalarios, algunos de los cuales sobrepasa la centuria, fue también fruto de la perseverancia y la más estrecha cooperación interempresarial.

DE NOMBRE Y ESPÍRITU MAMBÍ

Para llegar a lo que es hoy, una flamante institución con más de 300 camas y 32 especialidades médicas, el Hospital Pediátrico Eduardo Agra­monte Piña tuvo que sortear una trayec­toria mar­cada, de una u otra manera, por la im­pron­ta de los desgobiernos republicanos y la evolución histórica de la salud pública en el país.

En los terrenos que ocupa actualmente fue desplegado, al término de la dominación española en 1899, lo que pronto los principeños co­menzaron a llamar el hospital cubano, dedicado a atender a los insurrectos heridos y enfermos por parte de profesionales del que fuera el Cuer­po de Sanidad mambí.

Sin embargo, la instalación ubicada en la en­tonces denominada Sabana de los Mara­ño­nes no demoró en comenzar a sufrir las pe­nu­rias eco­nómicas ante la falta de fondos para su ma­nu­­ten­ción, por lo que poco tiempo después fue clausurada definitivamente y abandonada a su suerte.

No fue hasta 1907 en que se obtuvo la autorización para comenzar a construir en el lugar, a partir de julio de 1908, las edificaciones de la quinta de salud La Purísima Concepción, perteneciente a la Colonia Española de Cama­güey, la que inicialmente contó con tres pabellones.

Dedicada solo a la atención de sus asociados, la institución tuvo en los años sucesivos un lento crecimiento tanto en infraestructura co­mo en co­bertura médica: en 1931 disponía de ocho pabellones y en 1950 se sumaban cuatro salones de cirugía y departamentos de cancerología, ortopedia y farmacia.

Tras el triunfo de la Revolución en enero de 1959, en medio de ingentes esfuerzos por transformar el panorama sanitario del país, la Colonia Española fue nacionalizada y pasó a ser atendida directamente por el Estado cubano en calidad de clínica mutualista, a la que se le añadieron de inmediato tres nuevos pabe­llones.

Ante la necesidad de adecuarse a las necesidades crecientes de la población infantil, el 23 de julio de 1968 pasó a ser oficialmente Hos­pital Pediátrico Provincial y el 10 de octubre de 1974 se le confirió el nombre del doctor en cirugía, músico y heroico oficial del Ejército Liber­tador Eduardo Agramonte Piña.

La doctora Mayra O´Donell y la enfermera Mary Fadull valoran altamente las condiciones creadas en la sala de cirugía neonatal.



CONTINUADORES DE UNA RICA HISTORIA

“La historia y tradiciones de este centro, cultivadas de generación en generación, sirven de acicate al colectivo actual para asegurarle al pue­blo servicios médicos de calidad, siempre en per­manente consulta de su opinión”, aseguró el doctor Reinaldo Pons Vázquez, director del hospital camagüeyano.
Refirió el galeno que la mayor virtud de los trabajadores ha sido su capacidad para enfrentar enfermedades y epidemias emergentes, en me­dio de no pocas dificultades materiales, y asumir de manera creadora los desafíos que imponen el desarrollo tecnológico y el avance de las ciencias médicas.

“Ahora vivimos, aseveró Pons Vázquez, un momento especial de esa constante preocupación de la Revolución por la salud del pueblo y el mejoramiento de las instituciones del sector, al concluir en los últimos tres años la remodelación completa del hospital tras una costosa in­versión que superó los cinco millones de pesos”.

Fue esa la estocada final de una progresiva labor transformadora iniciada desde la década anterior, al calor de los programas de la Batalla de Ideas, en que se reestructuraron áreas vitales del hospital y se mejoró el confort en 12 ob­jetos de obra sumamente deteriorados por el paso del tiempo.

Entre el 2013 y el 2014 se retomaron con ma­yor intensidad las acciones constructivas hasta dejar listos, entre otros locales, varias salas de hospitalización, la unidad de cuidados intensivos pediátricos, el servicio de nefrología, el alojamiento de la guardia médica y el edificio so­cio-administrativo.

Ya en una segunda etapa recién concluida, se asumió la restauración de dos grandes bloques: el primero incluyó los servicios de neonato­lo­gía y gastroenterología, el departamento de biblioteca y la construcción de una sala de espera de los familiares de pacientes graves con capacidad para 30 personas.

Tras más de diez años clausurado por peligro de derrumbe, fue recuperado igualmente un edi­ficio que data de los tiempos fundacionales de la institución, de alto valor patrimonial, lo que favoreció la ubicación definitiva en el lugar del servicio de salud mental y el departamento de far­macia.

De manera paralela el hospital enfrentó, por el programa de mantenimiento constructivo, la reparación de las salas de cirugía general, or­to­pedia y ambulatoria, así como el hoy de­par­ta­mento de consulta externa, otrora policlínica de especialidades pediátricas con más de tres décadas de explotación.

CONFORT Y RESULTADOS VAN DE LA MANO

El pediátrico camagüeyano mide la calidad de su gestión a través de uno de los indicadores “estrellas”: en el 2015 logró el más bajo índice de mortalidad hospitalaria de su historia, en par­ticular en los niños menores de un año, al alcanzar una tasa de 2,6 fallecidos por cada mil ingresos del mencionado grupo etáreo.

En ese resultado mucho tuvo que ver el 100% de supervivencia alcanzado en la cirugía neonatal, uno de los servicios que ofrece la institución con carácter regional (atiende a pa­cientes de las provincias de Ciego de Ávila y Las Tunas), jun­to a neurocirugía, cardiología y onco-hematología.

“Además de la elevada calificación del personal, mucho ayudan también las excelentes condiciones creadas en los seis cubículos de la sala para ofrecer el servicio especializado que requieren los neonatos”, aseguró la enfermera Mary Fadull Peña, con cerca de 40 años de trabajo en el hospital.

Similar satisfacción siente la doctora Zailli Herrera Prieto, pues la sala de gastroenterología donde labora, con 22 camas distribuidas en confortables habitaciones, reúne ahora todos los requisitos para el adecuado manejo de los niños con enfermedades diarreicas agudas.

Agradecida por tanto amor recibido, la santacruceña Rebeca Lecusay Matamoros no demoró en ofrecer también su criterio: “Ni a mi pequeño Ever, ni a ninguno de los niños que pasan por aquí se les cobra un centavo, a pesar de saber que estos servicios cuestan una fortuna en cualquier lugar del mundo”.

Según cálculos promedio del Ministerio de Salud Pública, un día de ingreso en la terapia intensiva del hospital cuesta 758 pesos; una tomografía axial computarizada, 680; una resonancia magnética, 807; y la atención al paciente grave en el servicio de neonatología, 770 pesos.

Otra que bien puede aquilatar el valor de las transformaciones es la enfermera Odelaisy Mo­rejón Miranda: “El hospital vive hoy uno de sus mejores momentos, contamos con más y me­jores recursos, por lo que nos corresponde ser estrictos veladores por su cuidado. Es una tarea permanente en la que no nos podemos cansar”.

Tal parecer fue reiterado finalmente por el propio director: “Tenemos no solo que ser consecuentes y enfrentar en lo adelante la custodia de esta reevaluada institución, sino asumir tam­bién el compromiso de revertir tanto esfuerzo con una mayor entrega en aras de la satisfacción de quienes reciben nuestros servicios”.

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Joel dijo:

1

18 de marzo de 2016

08:02:36


Estas son las cosas que me hace sentir un inmenso orgullo por mi pais y sus medicos. Ahora a cuidarlo!!!

María Antonia de la Cruz dijo:

2

18 de marzo de 2016

10:57:06


Me siento orgullosa de mi hospital, donde me formé como pediatra hace 41 años y donde trabajo, felicito a los constructores y a todos los que participaron en esta remodelación, que se hizo sin suspender los servicios de la población. En estos momentos me encuentro en la República Bolivariana de Venezuela cumpliendo por tercera ocasión misión internacionalista en representación de todos mis compañeros del Hospital Pediátrico Provincia "Dr. Eduardo Agramonte Piña de Camagüey.

Camagueyana ausente dijo:

3

18 de marzo de 2016

11:26:34


Es una obra que merece el pueblo camagueyano hace muchos años; gracias a Tapia por lo que ha hecho en tan poco tiempo, ese es el tipo de cuadro que se necesita para que se vean los problemas resueltos, sigan apoyándolo para que Camaguey sea de nuevo lo que un día fue y que dejaron perder las direcciones anteriores. Hace 18 años mi niña, cuando aquello, estuvo ingresada en ese hospital y ya se estaba reparando, así que Felicidades a todos los que hicieron posible esa obra y especialmente, reitero, a la dirección del PCC en la provincia

Andrés Cedeño Rivero dijo:

4

18 de marzo de 2016

14:28:43


Orgulloso de aportar mi granito de arena en esa Institución Sanitaria,movilizado por mi centro de trabajo, corresponde ahora al pueblo y sobre todo a la dirección del Hospital el cuido y mantenimiento de la instalación.

Miguel Angel dijo:

5

18 de marzo de 2016

15:05:38


Felicitaciones a los camagueyanos por el total remozamiento del Hospital Pediátrico Eduardo Agra­monte Pi­ña, una forma muy digna de honrar al insigne patriota, Coronel mambí, médico cirujano, q le da nombre a este importante hospital camagueyano. Fue el autor de los toques de corneta "Diana mambisa" y "A degüello", participó en numerosos combates, además de actuar como cirujano de las tropas mambisas. Primo del Mayor General Ignacio Agramonte. Felicitaciones especiales a los constructores q hicieron posible con su tenacidad, sudor y esfuerzo realizar esta importante obra, también para todo el aguerrido personal de la institución q no cesó sus labores durante el tiempo de reparación. Les deseo muchos éxitos profesionales y en los indicadores de excelencia en la prestación de los servicios al futuro de la Patria. Felicitaciones a todos! Como cubano me siento muy orgulloso por esta importante obra. Esto es Revolución, así se defienden los DDHH de nuestros niños.

Enrique A. Diaz dijo:

6

18 de marzo de 2016

18:46:18


Desde Tampa, en Florida. USA mi mas caluroso y con- fraternal saludo a los constructores y todo el personal que hicieron posible tan lindo trabajo. Recuerdo que por ese Hospital pasaron mis hijos y siempre recibieron muy buena atencion.Eso hace que desde aca les de un respetuoso saludo a todos mis compatriotas camagueyanos. Adelante Camaguey. Adelante Cuba. I LOVE YOU!!!! TE AMO!!!!!!!

Roberto Delgado Mejías dijo:

7

23 de marzo de 2016

10:34:38


El hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña es un lugar muy especial en mi vida. En el practicamente vivió mi niña Camila. Desde que nació hasta su fallecimiento 9 meses después. Guardo muchos recuerdos y gratitud hacia sus neonatologos y neurocirujanos, en especial a Isael Armas Olazabal y a la Doctora Mayra O´Donell. Ellas es una doctora incondicional. Cuando ya mi hija no pertenecía al servicio de neonatología, ella siempre que estaba de guardia iba a la sala de neurocirugía a dormirla, a cortarle las uñas a conversar con nosotros, los padres y cuando hubo que hacerle una placa, ella fue la que la llevó cargada. Muchos trabajadores nos ayudaron , como Carlitos, de rayos X. Muchas felicidades a todos por la reconstrucción de su hospital, de verdad que lo merecen pues en esa época, 2009, estaba en condicones muy malas.