
CAMAGÜEY.—En sus más de tres décadas como chofer de camión, Gumersindo Salazar Bermúdez perdió la cuenta de las veces que ha transitado por la carretera que atraviesa la vasta sabana de Lesca, para luego penetrar en la Sierra de Cubitas y adentrarse con su carga en el norteño municipio de igual nombre.
A fuerza de ver casi a diario al archiconocido paraje, jamás imaginó tener delante un paisaje único en su tipo en Cuba y más allá de sus fronteras por la variedad de palmas que matizan la extensa llanura, altamente valoradas por los especialistas dado el endemismo y la exclusividad de algunas de las especies.
“Sé que sus hojas se usan mucho para cobijar casas y ranchones, pero de ahí a conocer que tienen tanta importancia… no, no lo sabía”, admitió el veterano conductor, sin poder esconder el asombro ante tamaño “descubrimiento” pues, para él, la zona no pasaba de ser un viejo polígono de grandes maniobras militares.
TIERRA DE YURAGUANAS, JATAS Y GUANO
Por sus elevados contrastes ecológicos, Camagüey es, junto a Guantánamo, la provincia que mayor diversidad de especies de palmas tiene en Cuba con un total de 32 taxones(cada una de las subdivisiones de clasificación biológica), de los cuales 23 son endemismos del país y seis exclusivos del territorio agramontino.
Asegura Milián Rodríguez Lima, coordinador nacional de la Sección Científica de Palmas, adscrita a la Sociedad Cubana de Botánica, que dentro de la flora de palmeras de Camagüey los valores más significativos se ubican, precisamente, en las sabanas de Lesca y de Minas.
“Esos son los únicos lugares del país donde se pueden encontrar aún, a modo de ejemplo, ejemplares aislados de Coccothrinax pseudorrigida (yuraguano vestido) y de Copernicia cowellii (jata enana), por lo que se requiere la adopción de medidas que garanticen la preservación de esos ecosistemas”.
Para ilustrar mejor la urgencia de pasar a la acción, el especialista refiere que 11 de las 32 especies presentes en la zona están amenazadas (34 %), según la Lista Roja de la Flora Vascular Cubana: cuatro en peligro crítico, seis en peligro y una ubicada en la categoría de vulnerable.
Entre las causas que generan tal situación, presente no solo en la más extensa de las provincias cubanas, menciona el fraccionamiento severo de los ecosistemas, la pérdida del hábitat y su calidad, el cambio de uso de la tierra hacia actividades agrícolas, los incendios forestales y la tala indiscriminada y furtiva.
“Si bien el fraccionamiento por la construcción de carreteras y otras obras es ya algo inevitable, explica, sí se pueden ejecutar acciones de conservación para hacer un manejo sostenible de esas sabanas, entre ellas la eliminación de especies exóticas invasoras que ocupan el espacio y el desarrollo de la actividad de viveros”.
Tales medidas, sugiere el investigador, deben estar acompañadas de un bien concebido programa de educación ambiental con las comunidades cercanas, dirigido a sensibilizar a sus pobladores para que sepan aprovechar las bondades de las palmeras cubanas sin dañar su existencia misma.
NO PERDER LA ISLA DE LAS PALMAS
Con 27 años dedicados al apasionante mundo de las palmas, Rodríguez Lima expone tres razones básicas para promover en Cuba la siembra de la que es considerada la quinta familia en cuanto a diversidad dentro de las plantas monocotiledóneas y la tercera en importancia en las regiones cálidas.
“Son, en primer lugar, los árboles y arbustos que mejor tipifican los paisajes cubanos; si se pierden, perdemos identidad. Forman parte indispensable, además, de nuestros ecosistemas, donde muchos animales se alimentan o nidifican, y les han prestado un gran servicio al hombre de ayer y de hoy”.
El experimentado botánico Roberto Adán Pérez, acompañante de Rodríguez Lima en la excursión mañanera por la sabana de Lesca, prefiere poner énfasis en la contribución de dichas plantas a la conservación del medio ambiente y su efecto protector de las aguas y los suelos.
“Prácticamente, alega, todas las partes de las palmas son útiles al hombre: las hojas para techar viviendas, las yaguas para artesanías y envases, los troncos para la construcción de pilones en puentes rústicos, el palmiche para alimentar cerdos y las raíces como cocimiento diurético, por solo citar algunos ejemplos”.
Informan ambos especialistas que si bien Cuba, de acuerdo con su extensión, ocupa el décimo lugar entre las islas a nivel mundial, es la segunda con mayor diversidad de palmeras, al existir 97 taxones válidamente publicados de 15 géneros diferentes, el 85 % de los cuales son endémicos.
Tanta riqueza natural puede deberse a la posición geográfica del archipiélago, a su forma alargada y estrecha, a su alta complejidad geológica o, quizá, a la eficaz combinación de todos esos atributos a la vez, algo realmente impresionante tanto para los entendidos como para la gente común.
“Es casi imposible imaginarse el paisaje cubano, comenta Rodríguez Lima, sin la presencia de al menos una especie de estas conspicuas y bellas plantas. A lo largo y ancho de nuestro país son abundantes las poblaciones de palmeras de varias especies de gran valor paisajístico, ecológico, cultural, social y económico”.
Se trata de algo mucho más abarcador que la siempre esbelta palma real: basta mirar alrededor, caminar por los campos, para disfrutar la presencia multiforme de cocoteros, yuraguanas, jatas, yareyes, guano cano, corojos… Cada una de ellas lleva también un indiscutible sello de cubanía.



















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Jorge l Vicente dijo:
1
3 de marzo de 2016
09:13:49
MILIAN Respondió:
3 de marzo de 2016
13:40:34
JMG Respondió:
3 de marzo de 2016
14:57:00
Yuvan Contino Esquijerosa dijo:
2
3 de marzo de 2016
12:53:27
JMG dijo:
3
3 de marzo de 2016
15:01:18
Javier dijo:
4
1 de febrero de 2019
10:02:08
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